“Jeff Bezos”
Jeff Bezos pidió a una sala llena de gente que imaginara retroceder cien años en el tiempo.
La mayoría eran agricultores.
Imaginemos que les decimos a esos campesinos que en 2018 existiría un empleo llamado “masajista”.
Bezos: “No te habrían creído”.
Luego un amigo fue más lejos: “Olvídate del masajista… hay psiquiatras para perros”.
Bezos lo verificó y confirmó: “Es verdad, puedes contratar fácilmente a un psiquiatra para tu perro”.
La sala estalló en risas.
Pero el verdadero mensaje detrás de esa risa no tenía nada de gracioso.
Cada vez que irrumpe un gran cambio tecnológico, repetimos el mismo error: nos enfocamos obsesivamente en los empleos que se van a perder y casi nunca hablamos de los que se van a crear.
No los contamos porque todavía no tienen nombre.
El miedo siempre es concreto, tiene cara y apellido: “La IA va a reemplazar a los contadores. A los radiólogos. A los camioneros”.
Tiene fechas, gráficos y proyecciones.
La oportunidad, en cambio, no tiene nada de eso. No puedes nombrar lo que todavía no existe.
Un agricultor de 1920 podía entender perfectamente que una tractora le quitaría el trabajo.
Lo que jamás habría podido imaginar es que un día su bisnieto ganaría la vida como “estratega de redes sociales”.
No por falta de inteligencia, sino porque entre su mundo y ese nuevo empleo todavía faltaba toda una cadena de inventos: la radio, la televisión, internet, los smartphones, las plataformas digitales, las economías de creadores.
Cada eslabón tenía que aparecer antes de que “estratega de redes sociales” pudiera siquiera sonar como un trabajo real.
Eso es exactamente donde estamos hoy con la inteligencia artificial.
Todos miramos la tractora.
Nadie logra ver la cosa que está siete inventos más adelante y que todavía no tiene nombre.
El miedo es ruidoso porque cabe en el lenguaje que ya conocemos.
La oportunidad es silenciosa porque no cabe.
Cada revolución tecnológica de la historia terminó creando más empleos de los que destruyó.
Todas, sin excepción.
No porque alguien lo hubiera planeado, sino porque las necesidades humanas se expanden mucho más rápido de lo que las máquinas pueden satisfacerlas.
No necesitábamos masajistas cuando nos partíamos la espalda en el campo.
Los necesitábamos después, cuando las máquinas nos liberaron del esfuerzo físico y el estrés ocupó el lugar del trabajo manual.
La demanda no desapareció. Solo migró hacia un lugar donde nadie estaba mirando.
Eso es lo que está ocurriendo ahora mismo.
Los trabajos que creará la IA nos van a sonar tan absurdos como “psiquiatra para perros” le habría sonado a un granjero de 1920…
hasta que alguien cobre 200 dólares la hora con seis meses de lista de espera.
Hoy toda la conversación gira en torno a lo que estamos a punto de perder.
Casi nadie habla de lo que estamos a punto de ganar.
Porque las ganancias todavía no tienen vocabulario.
Dentro de cien años, alguien se parará en un escenario y describirá los trabajos que hoy no podemos ni imaginar.
Y la audiencia se reirá.
Exactamente igual que nosotros acabamos de reírnos.
En formosa hay un campo donde tiran todos los desechos humanos de hospitales
Tendrian que quemarlos pero no lo hacen
Asi que estan todos los pedazos de carne humana pudriéndose al sol
Ni el laboratorio mas rancio de umbrella
🚨🇦🇷🇬🇧 | ASÍ OPERA LA IZQUIERDA: Un usuario demostró que la ONG británica Greenpeace, en su "demanda colectiva" contra la reforma de la Ley de Glaciares, permite que cualquiera la firme con datos falsos, demostrándolo al registrarse como "Kuka Mogolico".
Imposible que no me guste.
Me parece tremendamente interesante. No sé si es por la puesta en escena, por la música, por el público o por esa energía difícil de explicar que transmite.
No soy especialmente religioso, pero en Argentina muchas veces de un lado ves artistas que convierten el escenario en una celebración de la decadencia, la confusión y la transgresión vacía, del lado de los delincuentes, la droga y todo lo que rompa al ser humano. Del otro, aparece un sacerdote hablándoles directamente a los más jóvenes sobre otra forma de vida, empujando hacia la paz, el orden y las buenas costumbres, sin aburrir, sin hablarles como si fueran idiotas y sin quedarse encerrado entre convencidos.
Incluso dejando de lado la política del Vaticano o cómo se financió el evento, hay algo ahí que resulta genuinamente atractivo.
Un conocido mío tiene 35 años, está casado y ha decidido no tener hijos.
Entre él y su pareja ingresan unos 300.000 dólares al año y tienen la casa casi liquidada.
Destinan una buena parte de sus ganancias a la jubilación, se permiten varios viajes al año y llevan una vida cómoda.
Tengo la sensación de que gente como él acabará arrepintiéndose de esa decisión con el paso del tiempo.
Cuando sea mayor, lo único que podrá mirar atrás serán los caprichos y cosas prescindibles en las que fue gastando el dinero.
En lugar de invertirlo en formar una familia, ha optado por el consumo sin más.
Personalmente me parece una forma de vida bastante vacía y sin sustancia.
Abrió un gimnasio a 3 cuadras de mi casa el cual suena Hermética, Almafuerte y similares todo el día al palo. Hoy mismo me cambió de gym y arranco a entrenar acá.
BASTA de caribeñizacion en los gimnasios.