Por dentro me muero por conectar de verdad, por dejar a alguien entrar. Pero mi propia introversión y esta costumbre absurda de desapegarme me ponen un freno automático. Es agotador querer acercarme y al mismo tiempo sentir que yo mismo me alejo antes de empezar.
lo increíble de Altan Trengsin es que no necesitó seguir vivo para seguir destruyéndolo todo. Fue un prodigio en combate tan roto por la venganza que convirtió su vida en fuego. Una llama que se apagó, pero cuyo humo siguió asfixiando a quienes sobrevivieron.