LA MUJER DESCONOCIDA
"Caminaba al anochecer por una calle mal
iluminada, cuando escuché gritos ahogados
que provenían de unos matorrales. Alarmado,
me detuve a escuchar y entré en pánico al
advertir que lo que oía era el ruido
inconfundible de una pelea:
Bajo circunstancias normales
hubiera sido incapaz de acopiar la fuerza física
necesaria para luchar contra el delincuente. Sin
embargo su voluntad era tan grande que tomó fuerzas de una fuente desconocida e inutilizada. Tenemos capacidades de las que
no somos siquiera conscientes
Al decidirse a poner en peligro su
vida por una mujer desconocida, el padre
terminó salvando la de su propia hija. Y en su
determinación de ayudar a otra persona
descubrió la asombrosa fuerza y poder de la
voluntad.
Muchas personas temen que sus buenas
acciones no sean recompensadas. żCon cuánta
frecuencia escuchamos el cínico aforismo:
"Ninguna buena acción queda impune? No
obstante, tenemos aquí un vívido ejemplo de
que a menudo sucede precisamente lo
contrario.
Hubo un largo silencio y luego escuché sus
palabras, sorprendidas, asombradas:
Papá, ¿eres tú?
Y luego, detrás del árbol, apareció katherine,
mi hija menor"
Greg O'Leary
Apenas distinguia su figura, pero
ciertamente podía sentir su espanto
tembloroso.
No deseaba atemorizarla aún más, así que le
hablé desde cierta distancia. - Está bien-, dije
tranquilizándola.- El hombre huyó. Ya está a
salvo.
Caímos aferrados al suelo, donde luchamos
durante algunos minutos hasta que el atacante
se puso en pie de un salto y escapó. Jadeando,
me levanté con dificultad y me acerqué a la
mujer, quien escondida detrás de un árbol,
sollozaba.
No soy un hombre valiente, y tampoco atlético
No sé dónde hallé el coraje moral y la fuerza
física pero una vez que me decidí a ayudar a la
mujer, me transformé de una forma extraña
Corrí hacia los matorrales y empujé al
asaltante, quitándoselo de encima a la mujer.
Sabía que
debía actuar con rapidez. iCómo podía
alejarme de esto? No, decidí finalmente, no
poďía dar la espalda a la suerte de esta pobre
mujer desconocida, incluso si significaba
arriesgar mi propia vida
y si me convirtiera en una
estadística más? Mas bien no debería correr
hacia el teléfono más cercano y llamar a la
policía? Aún cuando pareció una eternidad, las deliberaciones en mi mente habían tomado sólo unos segundos; los gritos de la mujer embargo, eran cada vez más débiles
jadeo pesado
forcejeo frenético, rasgadura de telas. A unos
pocos pasos de donde me encontraba
atacaban a una mujer.
Debería intervenir? Temía por mi propia
seguridad y me maldije por haber decidido
súbitamente tomar una nueva ruta a casa
aquella noche.