Una de las cosas más importantes que aprendí este año es que la vida nunca es justa ni equilibrada. No hay premios por ser buena persona, ni medallas por entregar amor sincero. Tampoco hay puntos extras por quedarse cuando te podías ir.
Me quedo con la paz de saber que no todo lo hice bien, pero nada lo hice con maldad.
Tardé años en darme cuenta de que uno de los lenguajes del amor más infravalorados es hacer reír a alguien cuando se está tomando la vida demasiado en serio.
Dejar que te decepcionen te libera. No hay nada más sanador que permitir que te muestren una cara que necesitas conocer para saber dónde estás y al lado de quién. La decepción facilita el orden a consecuencia del reajuste de expectativas. Y que las personas abandonen solas el lugar en el que tú las pusiste duele pero salva a partes iguales
Puede sonar sombrío esto,pero es así: Las personas que realmente valen la pena son aquellas que llegan solas,las que no te piden nada a cambio,las que te buscan, las que disfrutan contigo,las que te valoran como un fin y no como un medio. Aplicable al amor, a la amistad y a todo.