En el 2023 al menos 280 trabajadores humanitarios perdieron la vida: el doble de 10 años atrás.
El respeto a su labor es más necesario que nunca. No solo se han intensificado los conflictos, también el irrespeto por la labor humanitaria. Es imperativo frenar ese irrespeto.
2/2. Aprovecho para pedir públicamente que se retire la presidencia honorífica que se le otorgó a JOH en 2016 y que, si no me equivoco, las autoridades anteriores no tuvieron la valentía de quitar. El CAH no puede tener un presidente honorífico declarado culpable de narcotráfico.
🚗Electric cars are better than gasoline cars, even considering their production. Over its lifetime, the average electric car produces less than half the carbon pollution of a gasoline-powered vehicle. We invite you to review our series of myths and facts: https://t.co/QTKOEPiDPr
🌎NEW: CGRS and our partners have filed an amicus brief to @IACourtHR on governments' legal obligations to protect refugees and migrants displaced by climate change.
Read👉https://t.co/wS6gRmzwaU #InternationalMigrantsDay#IMD2023#MigrantsDay
1/4. At #COP28, the pledges to the #LossAndDamage Fund total only $700m or just 0.2% of the $400 billion needed each year to address #LossAndDamage. To show just how small these pledges are, here they are in comparison to the earnings of the highest paid footballers in 2023.
El #25noviembre de 1960 se encontraban los cuerpos sin vida de tres hermanas en el interior de un coche que supuestamente había caído por un barranco en Salcedo, República Dominicana. Las hermanas Patria, María Teresa y Minerva Mirabal fueron asesinadas por orden del 🧵👇
Deliberate killings of civilians, hostage-taking, and collective punishment are heinous crimes, and they amount to war crimes under international humanitarian law.
No injustice can justify another.
#Israel#Palestine#Gaza
The GOP are spreading a hysterical lie that Biden "opened the floodgates" in the border wall to let migrants through.
Yes, the floodgates are open. But they were under Trump too. If closed, the wall would be flattened by flooding, as has happened before
IGNACIO ELLACURÍA
Nadie tiene derecho a lo superfluo hasta que todos dispongan de lo esencial
Ignacio Ellacuría es el nombre de varios centros educativos de nuestro país, pero la mayoría de sus estudiantes ignoran todo sobre él. “Quien salva una vida salva al mundo”, afirma el Talmud. Es decir, nos salva a todos, reconciliándonos con nuestra propia condición de hombres, mostrando que en nuestra naturaleza existe la indiferencia hacia el dolor ajeno, pero también la solidaridad y la compasión. Al igual que otros líderes políticos o religiosos asesinados por defender la paz, Ellacuría es una referencia irrenunciable para los que no han perdido la esperanza en la posibilidad de un mundo más justo. Su muerte no es un argumento para el desaliento, sino un testimonio del espíritu utópico, que no se resigna ante el actual desorden mundial. El sufrimiento de Sudán, Gaza o Ucrania exige una respuesta que desborde los acontecimientos, superando el fatalismo que niega un futuro a los pueblos estrangulados por la historia. Ellacuría, Nelson Mandela o Luther King han trascendido sus respectivas luchas políticas, acreditando que las transformaciones sociales no son quimeras irrealizables, sino realidades que justifican el optimismo más insensato.
En los años ochenta, la guerra sucia en América Central alcanzó unos niveles inauditos de crueldad, superando los crímenes de las dictaduras del Cono Sur. En Guatemala, el temor a que la extrema pobreza de población maya (casi la mitad los habitantes del país centroamericano) abasteciera las filas de la guerrilla marxista desató una terrorífica política de masacres. La Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado de Guatemala investigó los hechos. Se estimó que se habían realizado más de seiscientas matanzas entre 1978 y 1983, incluyendo el asalto a la Embajada Española en 1980, con treinta y siete muertos. El obispo Juan Gerardi fue asesinado en 1998, dos días después de entregar un informe meticuloso y exhaustivo sobre la represión. El caso de El Salvador no es muy diferente. Las sucesivas juntas militares que ocuparon el poder en esos años emplearon la misma política de guerra sucia. El batallón Atlacatl, entrenado por consejeros militares norteamericanos, exterminó en diciembre de 1981 a los pobladores de El Mozote, sin discriminar entre hombres y mujeres, niños o ancianos. En 1989, un pelotón de Atlacatl asesinaría a Elba Ramos y su hija Celina, de quince años, junto a seis jesuitas de la Universidad Centroamericana de San Salvador. Seis jesuitas identificados con la “teología de la liberación”, que entiende el cristianismo como opción preferencial por los pobres. Reprobados por Roma y acusados de marxistas, los jesuitas habían trabajado activamente a favor de la paz y la justicia social. Entre las víctimas se hallaba Ignacio Ellacuría, pero sería incoherente mencionarle en primer lugar, ignorando el infortunio de Elba y Celina, asesinadas por la fatalidad de trabajar en el campus universitario. También jesuita, Jon Sobrino se libró de la muerte por hallarse en Tailandia, sustituyendo al teólogo brasileño Leonardo Boff. Sobrino siempre ha reservado un lugar principal para Elba y Celina. Al evocar ese trágico día, enfatiza que sus compañeros sabían el riesgo al que se exponían, pero Elba y Celina encarnaban una vez más la indefensión de los pobres. Sus nombres representan a las víctimas anónimas que transitan inadvertidas por los márgenes de la historia. Son el rostro de una humanidad sin rostro, humillada y ultrajada, despreciada y olvidada por los países desarrollados, cada vez más despreocupados por su suerte.
Ignacio Ellacuría ingresó en los jesuitas en 1947. Licenciado en Filosofía y Teología, estudió en Innsbruck (Austria) con Karl Rahner y realizó su tesis doctoral bajo la dirección de Xavier Zubiri, convirtiéndose en su heredero intelectual. Su afinidad con el padre Arrupe, general de los jesuitas, le ayudó a comprender muy pronto la tragedia de El Salvador. Profesor y más tarde rector de la UCA, publica en la revista de Estudios Centro Americanos “A sus órdenes, mi capital”, acusando a la oligarquía terrateniente de boicotear las iniciativas para realizar una reforma agraria. El artículo despertó la indignación de la derecha salvadoreña, que comenzó una campaña de amenazas y atentados contra la UCA, acusada de ofrecer sus instalaciones a la subversión marxista. Pese a sus grandes cualidades intelectuales, Ellacuría ya había mostrado mayor preocupación por lo social que por lo académico. Esa vocación adquiriría un giro dramático con el asesinato del sacerdote Rutilio Grande, el 12 de marzo de 1977. Amigo personal de Óscar Romero, Rutilio había participado en la organización de las Comunidades Eclesiales de Base y, ante la represión financiada por los terratenientes contra la población indígena, había manifestado en un célebre sermón que “muy pronto la Biblia y el Evangelio no podrán cruzar las fronteras [de El Salvador]. Sólo nos llegarán las cubiertas, porque todas las páginas son subversivas. Si Jesús intentara cruzar la frontera, le acusarían de agitador, forastero, judío y lo volverían a crucificar”. A las pocas semanas, Rutilio Grande sería asesinado. Óscar Romero, arzobispo de San Salvador y amigo personal de Rutilo, sufrió una enorme conmoción interior, cuestionándose su posición como pastor del pueblo salvadoreño. Inició una campaña contra la pobreza y la violencia de los escuadrones de la muerte, reconociendo el derecho del pueblo a organizarse para protestar pacíficamente.
Durante la famosa homilía del domingo 23 de mayo de 1980, Romero se dirigió al ejército salvadoreño pidiendo el fin de las matanzas: “Hermanos, son de nuestro mismo pueblo. Matan a sus mismos hermanos campesinos. Y ante una orden de matar que dé un hombre, debe prevalecer la ley de Dios que dice: No matar. Ningún soldado está obligado a obedecer una orden contra la Ley de Dios. Una ley inmoral, nadie tiene que cumplirla [...] La Iglesia, defensora de los derechos de Dios, de la Ley de Dios, de la dignidad humana, de la persona, no puede quedarse callada ante tanta abominación. [...] En nombre de Dios y en nombre de este sufrido pueblo, cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: ¡Cese la represión!”. Al día siguiente, un francotirador le asesinó mientras oficiaba misa, escogiendo por su valor simbólico el momento de la eucaristía.
De acuerdo con el testimonio de Jon Sobrino, Ellacuría consideró que con monseñor Romero Cristo había pasado por El Salvador. Desde su muerte, comenzó una frenética actividad de mediador para conseguir la reconciliación nacional, lo cual le atrajo con idéntica fuerza adhesiones y repulsas. Acusado de simpatizar con el marxismo, Ellacuría aclaró que el marxismo había contribuido a destruir escandalosas injusticias sociales, pero con métodos que habían desembocado en regímenes dictatoriales. “La trágica deficiencia del comunismo -escribió- es su incapacidad de establecer un ideal permanente y digno de vida humana”. Sin embargo, Ellacuría mantuvo la convicción del teólogo protestante Jürgen Moltmann sobre la necesaria convergencia de socialismo y cristianismo en un marco democrático. No parece casual que un ejemplar del Dios crucificado, obra fundamental de Moltmann, apareciera salpicado de sangre en el escenario del asesinato de los jesuitas de la UCA.
Jon Sobrino recuerda que Ellacuría, parco y austero, describió en más de una ocasión a Jesús de Nazaret como “un gran hombre”. Sobrino destaca que el propósito de Ellacuría era humanizar la historia, buscando la justicia en el presente y no en el más allá. Al mismo tiempo, subrayaba la necesidad de mantener vivo el espíritu utópico, de recordar el nombre de las víctimas sin nombre, abocadas al olvido por haber crecido y muerto en la pobreza. Apenas hay museos ni monumentos para honrar su memoria. Son la letra pequeña de la Historia, que casi les escatima la condición humana.
La utopía de Ellacuría se llamaba “cultura de la pobreza”. La cultura de la pobreza rechaza la acumulación de capital, de bienes superfluos, de objetos innecesarios, sin reparar en que a la mayor parte de la humanidad le falta precisamente lo esencial: agua potable, comida, infraestructuras, sanidad, educación. Ellacuría repetía: "Nadie tiene derecho a lo superfluo hasta que todos dispongan de lo esencial". La cultura de la pobreza se rebela contra las necesidades artificiales surgidas de una economía de consumo, donde el ser humano sólo es una variable con un valor relativo. Escribe Ellacuría: “Se desprecian otros modelos culturales menos desarrollados en algunos aspectos, pero sin duda más plenamente humanos”. Y Jon Sobrino añade: “Fuera de los pobres no hay salvación”. Los pobres no son un lastre, sino la reserva de esperanza de la humanidad.
Sin la perspectiva utópica y de progreso, carece de sentido la acción política. Los asesinos no pueden tener la última palabra, afirma Elie Wiesel, superviviente de Auschwitz. La presencia de las víctimas es más luminosa, más verdadera, más esclarecedora que la de sus verdugos. La infamia no tiene futuro, sólo pasado o un presente en descomposición. Los pueblos crucificados muestran el verdadero rostro de un mundo acostumbrando a 24.000 muertos diarios por desnutrición. Ese es el rostro que hizo visible la muerte de Ellacuría, jesuita, intelectual brillante, aficionado al fútbol y el juego de frontón, hombre reservado, reacio a los sentimentalismos, más preocupado por el sufrimiento que por el pecado, entregado a la causa de que las víctimas se hagan visibles y adquieran una voz que nos dignifique a todos, partidario de humanizar la historia con la esperanza, “la esperanza contra toda esperanza”. Al igual que Sobrino y Leonardo Boff, Ellacuría consideraba una “obscenidad metafísica” que la mitad de la riqueza del planeta se hallara concentrada en dos centenares de personas. Sin ninguna clase de fascinación morbosa por el martirio, Ellacuría sabía que la muerte le acechaba en una época en que la derecha latinoamericana lanzó el lema: “haga patria, mate a un cura”. Es imposible saber qué pasó por su cabeza mientras permanecía en el suelo esperando las balas, pero no es improbable que recordara las palabras de Óscar Romero: “Me alegro, hermanos, de que nuestra Iglesia sea perseguida, precisamente por su opción preferencial por los pobres y por tratar de encarnarse en el interés de los pobres... Sería triste que en una patria donde se está asesinando tan horrorosamente no contáramos entre las víctimas también a los sacerdotes. Son el testimonio de una Iglesia encarnada en los problemas del pueblo”.
Rafael Narbona
Los colegas de Guatemala han sido señalados por la Fiscal General por sus expresiones e informaciones divulgadas en esta red social. Los periodistas responden así, por ahora, pero lo más importante es que seguirán informando.
Durante seis meses, un grupo transnacional de periodistas e investigadores estudió la industria de la manipulación digital en América Latina. Descubre sus tácticas este 31 de julio con #MercenariosDigitales!
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I’m quite used to the cruelty students can face when they apply for a US visa but this one broke me. We offered admission to a stellar, talented & hardworking student. After months of work and hundreds of dollars, an embassy officer saw him for 5 mins & said no. why? …
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