Lo mínimo enciende la virtud y anima al festejo. Las horas más aciagas y perversas se enorgullecen de sus temblores. Lo zarandean todo y todo lo arremolinan. Cuando se juntan dos fuerzas contrarias todo estalla y todo lo abarca el estallido, todo lo destruye y amontona.
y cabalgar las olas encaramado a sus crestas y jugando con sus empujes. Son las estaciones como los días, como los años o los amores. Todas se van pasando y sucediendo hasta que se agota la esperanza y se congelan los deseos.Hasta que no hay más luz y ya todo se oscurece y vence.
En el otoño de la esperanza van cayendo unas tras otras las hojas del espíritu. Se va, también, deshojando la virtud y claudican las fuerzas con la lentitud que marcan los adagios, hasta llegar al invierno, donde se remata la pérdida y se enfría del todo lo esperado. Se guarda
las fortunas del alma se van gastando sin recelos. En los dorados sosiegos del otoño, cuando tras las ventanas se mira triste lo pasado, cómo se van llenando de charcos y de arremolinado viento, uno alarga la vista queriendo agarrar el verano, evitar los frios
se pueda o se quiera. Todo lo deseado con la imaginación se logra, en los animados juegos que se juegan en los sueños. Podemos llegar hasta donde queramos sólo con imaginarlo, pintarlo, escribirlo o hacerlo. Nada puede encerrarnos sin que podamos escapar con cada pensamiento.
La ilusión perfecta te sacia los días y las horas,los abraza con deleite y los deshoja sin violencia. Los fríos parajes de la desolación se alejan del páramo para convertirse en vergeles o en selvas según lo imagina uno a su gusto y criterio.Todo lo bello se puede construir según
el precipicio y letal como un disparo. Todo lo destruye la vida ausente, todo lo calla y corrompe. Cuando actúas el silencio, o sigues agarrado a la cola del viento, o eres un vacío, un vampiro que va dejando secos a los necesitados cuerpos que esperan que los llenes de consuelo.
Son los silencios voces, murmullos internos que nunca dejan que se pare el pensamiento, que no dejan de moverse, inquietos, por todo lo que es cuerpo. Cuando intenta o pretende detenerse el silencio, quedarse quieto, se da golpes contra las rocas o naufraga sin remedio.
Está de vida lleno el silencio. Todo en él se debate, todo se juzga y dirime, como cuando se habla o discute, como cuando se grita o razona, como cuando las palabras son sonido y se oyen sus voces. Un silencio silenciado, un silencio detenido y sin movimiento, es mortal como
Escribo dando traspiés,cayéndome en casi cada paso que pienso.Escribo a empujones,resbalando por cualquier superficie que paseo,por cualquier atajo o terreno.Y lo hago a deshoras o cuando ya no queda tiempo.Y lo repito como un mantra,como un rezo que cada día me obligo a hacerlo.
sensibilidad, amor, desprecio, sentido o locura, se alborota y altera sin comprender por qué no es más duradera o perenne, por qué se empeñan las mentes en la disputa y los cuerpos en los golpes. Comprender es siempre un raudo encuentro con algo que, de inmediato, se desvanece.
La mera contemplación de lo incomprensible,aprieta las sienes y descompone el pecho. La dimensión, lo extendido,la envergadura de lo contemplado, su mayor o menor complejidad, acentúa o atenúa las consecuencias. El diario discurrir de los pensamientos, de los sentimientos, de las
caricias o de su ausencia,de los abrazos o su carencia,de las felices ideas o los atorados razonamientos,van marcando la intermitencia vital y su jaquetreo continuo. La paz, diminuta como las moléculas,busca por dónde penetrar en tu vital proceder.Y entre educación, inteligencia,
Encierro las ganas que me sobran en un cofre. Lo coloco en la estantería y dejo que reposen sus nervios, para cuando las necesite y puedan ayudarme a reanudar el ánimo, a recuperar el deseo, agotado por el gasto de sus excesos. Las dejo sin advertirles de nada y sin despedirme.
encuentros. Cada uno alimenta a su modo y en sus variadas transformaciones. Y en cada una pide el oficio su conocimiento, pide sus exigencias para que la razón, los cuerpos y sus sentidos, puedan identificarse y nutrirse con sus más sanos alimentos y con sus mejores destinos.
El reconocimiento posterga el cansancio o lo hace desaparecer mientras se abastece la identificación y el acuerdo. La realidad del comportamiento, su debida apreciación, la conformidad que registran los cuerpos, da valor a lo presenciado y, aun sin saber por qué, se produce el
divagan las acciones por los espacios, se diluyen y pervierten, icomodan a los sentidos y espantan el entendimiento. Cada arte tiene su código, cada disciplina, cada uno de los oficios y variantes que el arte nos ha ido proponiendo. Cada uno moldea sus cauces propios, sus propios
la acumulada tensión y los esfuerzos no hechos. Me retengo para no caer al precipicio, me abstengo de luchas y me voy quedando seco. Me atrinchero, me escondo bajo las losas que castigan mis deseos, que ocultan mis principios, que caminan a destiempo mientras claudico y me rindo.
Me escudo en la inoperancia para camuflar mi enfado. Desempolvo viejas ruinas mientras me entretengo con engaños, con cambios profundos de la versión de algún que otro recuerdo. Me desprendo de hábitos y costumbres, de apegos y remedios, del hambre que me produce y dicta