¿no? ¿Cuál crees que me quedaría bien? Siempre quise uno aquí,” y su dedo se mueve a su propio labio inferior para presionar levemente antes de seguir. “Ya que taaaaanto te gusta mirar mi boca, ¿cuál es tu veredicto?”
Está ignorando su pregunta, claro.
Bleh. ¡Que no hable de merendárselo o Shiori se lo tomará como un halago! Es inmune a las amenazas —e incluso se podría decir que para él son una señal de que debe continuar—, así que ante la mueca ajena sonríe con diversión.
“O podría hacerme más piercings y que se note menos,
da igual, muy concentrado está en sus queridísimos piercings.
Los ha dejado de tocar solo para empujar uno nuevamente con índice. Todavía sigue cerca del adverso.
“¡Los hice con una luz que ni funcionaba bien, imagínate! A ver, ¿tan mal están? ¿Dices que debería rehacérmelos?”
Uhhh… Shiori tiene que dar unos cuantos pasos hacia delante para ver mejor, e incluso así, tarda un par de segundos en comprender qué es lo que está viendo.
“Vaya. Hasta la ropa que haces da vibras de…”
Sacude la mano en el aire: solo él entenderá a lo que se refiere, pero le
hacia los mismos para hacer leve presión contra los piercings. Con ojos entrecerrados le mira.
“¿Cuántos milimetros de diferencia hay, ya que sabes tanto?”
“¿Y cuál se supone que es? No me digas que de verdad tienes una banda emo.”
Ya que Feiyu no tiene intenciones de decir a qué se dedica, Shiori llena esa laguna de información con lo primero que se le pasa por la cabeza. De forma rápida prensa sus labios, elevando su mano libre
¿pero no estamos muy lejos del bosque como para despertarlos?”
Que sí, que grita mucho pero duda que llegue hasta allí. Si lo hiciera… se sentiría un poco orgulloso, probablemente…
“Ah. ¿Esos no son perritos normales?”
Se ha creído al instante la historia de Ilya, pero vivir cerca del bosque le obliga a buscar explicaciones basadas en lo que ha visto. Lo cual es: poco y nada, lo cual no le detendrá de seguirle el juego.
“Missy siempre les ladra. Oye,
galleta en mano apunta hacia Feiyu. Accidentalmente, parece que se la está ofreciendo.
“No te metas con mis piercings, oye. Me costó mucho hacérmelos y que queden simétricos.”
Boooooo. Boring. ¿No pueden soportar un poco de ruido? Gritar es el arma más eficaz y recién se entera, vaya.
“¿Ves? Si disfrutaras la vida no aprovecharías cualquier excusa para ir a trabajar.”
Y lo dice él, que tiene una relación de amor-odio con su supuesto trabajo. Con
galleta a su boca entre un comentario-barra-grito y otro. Solo después de eso es que hace una mini reverencia ante Jiangyu, sonriendo con cero timidez:
“¡Gracias! ¡Nací para molestar!”
Duda que unos cascos de insonorización sirvan…
“¡PERO DE VERDAD NECESITO UN RESUMEN!”
“Porque me dieron ganas de hacerlo. ¿No sabes lo que es disfrutar la vida?”
Está mirando a Feiyu con cejas fruncidas y la cabeza apenas, apenitas ladeada, juzgándole pero no mucho.
“I mean. Con lo emo que te ves…”
Obviamente no sabe—. Se encoge de hombros, llevando otra
gritando idioteces —como siempre— solo porque le dieron ganas de hacerlo —de vuelta, su motivación de siempre—.
Para lo caprichoso que ha sonado, parece que no tiene problema en llevar una galleta a su boca luego de tal grito.
Cuánta gente. Le hacen doler el cerebro y eso que escuchar conversaciones ajenas es algo que le encanta, ¿pero cómo se supone que lo haga si hay mil a la vez?
“¡Puede alguien tenerme piedad y hacerme un resumen!”
Le ha errado al tono de pregunta, así que parece que está
“Si no es gratis buscamos forma de colarnos.”
En fin, hacia Claire retorna con un chasquido de lengua y un leve alzar de cejas. Poco sorprendido, casi ofendido… nada serio.
“Me estás echando,” y no es tono de pregunta. “Quieres que busque información por ti y ni me pagas.”
Pausa. El papel en su mano se queda quieto, leyendo el texto por un santiamén antes de reenfocarse en los demás.
¿De qué están hablando los otros dos? No tiene ni idea, pero parece tan aburrido que se entrometerá con un único comentario —en respuesta a algo dicho por Mihail—.
…Cómo que exagerado. No es su culpa que los demás estén contentos cuchicheando por ahí. Su ceño se frunce, sacudiendo el papel otro poco, como si así pudiera obtener pistas.
“¿No dijeron algo de una fiesta? Pensé que ustedes ya sabían.”
Entrometido y no lo disimula.
arrancarlo de un tirón, también, con tal de luego sacudirlo levemente en el agarre de zurda.
Uno de los repartidores de carteles le está mirando con odio, pero Shiori habla con ligereza —y exagerado volumen— de todas formas:
“¡¿Se supone que tenemos que saber quién es esta?!”
A Shiori le da igual la presencia de otras personas, estén dispersas o agrupadas, sean conocidas o no. El cartel ha llamado su atención. Es lo único que le interesa, así que directito va hacia la pared más cercana para leer el texto…
Y para sujetar el borde del papel y