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Pocas eran las ocasiones en que la diva terminaba verdaderamente molesta, pero el absoluto desconocimiento del guardia sobre su posición, e incluso sobre las propias reglas, había conseguido irritarla. Por eso, importándole poco el protocolo,
pasó a su lado con un golpe de hombro.
—Así de fácil? ¿Se supone que debo conformarme con eso? —una risa breve escapó de sus labios, sofocando el impulso de poner los ojos en blanco—. Como sea. Procura no interrumpirme después de un ensayo a menos que haya hecho algo.
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¿Respuesta típica...? ¿Qué mierda?
Cerró los ojos un instante, dejando que sus pestañas blancas proyectaran sombra sobre sus pálidas mejillas. ¿Debía suponer que la había estado observando todo este tiempo? De ser otra la situación,
Bastó ese recuerdo para apagar el destello que había cruzado sus ojos. Cuando volvió a observarlo, la distancia había regresado a su mirada.
—No te pregunté tu nombre —exhaló un suspiro al tiempo que por fin se levantaba del suelo.
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La voz ajena interrumpió la calma del salón. Sin prisa alguna, la albina elevó la mirada y alzó sutilmente las cejas ante la presencia intrusa; no se molestó en intentar descifrar de quién se trataba, consciente de que resultaría una misión imposible.
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Habiendo terminado el ensayo, Jennie caminó con pasos ligeros hacia una de las esquinas del salón, dejándose caer sobre el suelo de madera para descansar de la agotadora rutina que se había impuesto.
Estiró las piernas y apoyó la espalda contra el espejo frío,
—Aprende a cuidar tus palabras si pretendes que sea buena contigo.
Advirtió, antes de volver a ofrecerle el apoyo, esta vez de verdad.
—Anda, sujétate de mí. A menos que prefieras arrastrarte por todo el pasillo.
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Una mueca de satisfacción apareció en su rostro al verlo arrastrarse por la pared. Cumplido su objetivo, Jennie dio un paso corto hacia él, reduciendo la distancia una vez más.
—Al menos ya eres honesto, eso es un avance.
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—Y por supuesto que es lindo verme. Soy lo único hermoso que vas a encontrar en este agujero~
Finalmente, le extendió una de sus pálidas manos. Pero justo en el último instante, la princesa la retiró en un movimiento rápido.
—Para alguien que no necesita ayuda, te aferras a esa pared como si fuera tu vida. Qué tierno.~
En un movimiento casual, la punta de su zapato empujó suavemente la parte trasera de la rodilla ajena con el único objetivo de verlo caer.
Upsie.
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Una risa breve de sutil diversión escapó de sus labios al escuchar su nombre.
—Vaya, al menos tus pocas neuronas sirvieron para algo.
Comentó, su mirada bajando un instante hacia su dedo antes de volver a sus ojos con una sonrisa ligera.
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Jennie permaneció inmóvil, estudiando cada una de las facciones de la mascota mientras esta se debatía contra sus propios pensamientos. Verlo luchar de esa manera, aferrado a la pared para no caer, la obligó a contener un suspiro; al menos ya no resultaba tan irritante.
—Te daré tu momento —concedió, su voz perdiendo la aspereza anterior para recuperar su tono habitual—. Pero no te tardes demasiado, Ren. No me gusta esperar.
Sus dedos se deslizaron con tranquilidad, acomodando un mechón blanco detrás de su oreja.