Nadie más que ella merece el privilegio de tener a Johnny comiendo de su mano. Es hipócrita mencionarlo si considera previas instancias donde insistió -incluso rogó- que buscara una pareja de su edad, pero ya no puede tapar el sol con un dedo.
Anne solo será feliz si él está
Ella y nadie más que ella sabrá lo poco que Johnny ha cambiado en cuanto a costumbres, además de ser ella la única capaz de identificar y explotar sus puntos débiles sin dificultad. Después de todo, los conoce a la perfección desde que era un infante.
Sus ojos se abren de par en
siendo ella quien acaba sobre el regazo de Johnny, su erección contra propia entrepierna aún cubierta por ropa interior.
—Mi hombrecito... cuánto has crecido.— canturrea tras quebrar el beso, volviendo a sonreír. Sutil movimiento de caderas ejerce a la par, frotándose contra él
Es la misma técnica que usaba cuando era solo un bebé. Parece que no ha perdido su magia aún, si bien el muchacho entre sus brazos está lejos de ser tan dulce, tan inocente como en esos años.
Pese a esto, no puede evitar rememorarlos cuando susodicho libera propios senos.
Mismos mimos que más allá de provocarle, logran relajarlo. Ojos cierra, regulando su respiración al son de los latidos del corazón de su madre. Al apretón reacciona con una mueca ligera, frunciendo el ceño, apartando el rostro para conectar sus ojos con los ajenos.
Asiente un
pero no lo liberan de su prisión de tela: en cambio, tras cerrarse a su alrededor, ejecuta suaves movimientos de arriba a abajo. —Si lo prometes mami tendrá bebés contigo, Johnny.
Una auténtica locura, siempre ha estado consciente de eso. No obstante, en esos momentos de
Los mimos ascienden hasta la melena rubia, sus yemas masajeando desde la nuca hasta el cuero cabelludo. Zurda descansa sobre uno de muslos impropios, por otro lado, dándole un apretón gentil cuando Johnny expresa sus deseos.
—Tienes razón, ha pasado un tiempo.— concede de forma
Suspira al sentir las caricias, pronto se inclina un poco, buscando descansar rostro contra el pecho ajeno. Ah~ cómo le hacía falta.
—— No, no quiero hacer nada afuera… Aunque me gustaría ir a cine un día de estos.
Rostro hunde en su busto, frotando el rostro con el mismo.
gentil y con aire reflexivo. Poco después, besa la sien del chiquillo. —Y has sido tan buen niño... ¿no corresponde que te dé lo que deseas?~
Susodicha asciende hasta alcanzar el cinturón ajeno, cual desata con habilidad. Toquecitos da sobre su miembro dormido, aún escondido
Lo recibe sin problemas. Una de sus manos descansa sobre la espalda del muchacho, otorgando suaves caricias, mientras restante retira sus lentes y los deja sobre mesita cercana al sofá.
—¿Qué te gustaría hacer? Si es algo en el exterior, te abrigas primero.
Porque las nubes
Echa de menos molestarla, también pasar tiempo juntos… Extraña esos momentos madre-hijo que solo ellos pueden tomar en la privacidad de su hogar. En ocasiones.
—— ¿Podemos hacer algo hoy? Quiero hacer algo.
Obedece sin rechistar, ya se le ha sentado sobre el regazo, rodeándole