Me di cuenta que:
Mis metas, esas que escribo en un papel año tras año en navidad para cumplirlas al año siguiente.
Al final las cumplo al cabo de escribirlas y reescribilar por 5 años maso.
En fin. Creo que tener metas claras y un plan de acción largo plazo 5años, me ayudará
Ordenando gavetas, conseguí mi lista de los deseos de cosas que iba a hacer este 2026. Lo bueno, ya comencé a hacer un par de cosas...
Lo malo? El agobio que me dió, son muchas cosas y sentir que no tengo tiempo aaaaahhhh. Malaya sea.
Mi nuevo pasatiempo es ver videos en Youtube de gente arreglando sus armarios, esos vídeos duran 30 min, maso, entonces mientras pasa el vídeo, ordeno yo cualquier cosa... Me sirve?? La mayoría de la veces..
Estoy intentando mantener mi casa en orden, limpia, tipo revista.
Que arrecho es, por ejemplo, la cocina está bella, entro, respiro, y aparecen 3 tazas sucias, auxilio!!!!!
Mi padre fue infiel durante 18 años. Yo tengo 29. Mi madre tiene 55.
Me enteré por accidente.
Un mensaje que llegó a su celular mientras él se bañaba.
No era la primera vez.
Era una conversación larga. Años de historia. Fotos. Promesas.
Sentí rabia.
Asco.
Vergüenza.
Pensé en decírselo a mi madre de inmediato.
—No lo hagas —me dijo mi hermana menor cuando le conté—. La vas a destruir.
Durante días no pude mirar a mi padre a la cara.
Él notó algo.
—¿Te pasa algo? —preguntó.
Lo miré fijo.
—¿Desde cuándo? —le dije.
Se quedó blanco.
No negó nada.
—Es complicado —respondió.
No lo era.
Era traición.
Esa noche no dormí.
Tenía dos opciones:
Callar y mantener la familia “intacta”.
O decir la verdad y romper todo.
A la mañana siguiente me senté con mi madre.
—Necesito contarte algo —le dije.
No lloró cuando terminé.
No gritó.
Solo asintió.
—Lo sabía —me respondió.
Me quedé en silencio.
—Lo supe hace años —dijo—. Pero tenía miedo de quedarme sola.
Un mes después pidió el divorcio.
Mi padre dice que yo destruí la familia.
Algunos familiares me llaman imprudente.
Pero entendí algo que me cambió para siempre:
La verdad no rompe familias.
Las mentiras sostenidas durante años sí.
Y proteger una mentira nunca es proteger a alguien.
Estaba teniendo un aborto mientras volvíamos de cenar; le dije de ir a urgencias y me dice “para que? Total ya te está saliendo”. Me fui sola, llorando llena de sangre
Escucho a mis hijos conspirar:
- no, le decimos después a mamá
- pará, primero la sacamos y tiramos
No presté más atención, se habrán mandado alguna, seguí leyendo.
Al rato entra uno a mi cuarto, se sienta en mi cama, me agarra la mano, cara seria.
Hoy vi a una mujer gritarle a un cajero automático.
La gente se reía.
Yo también pensé que estaba “loca”.
Luego dijo en voz alta, sin mirar a nadie:
—Perdón… es que llevo 3 intentos y no me deja sacar lo que necesito para el entierro de mi hijo.
El banco estaba en silencio.
Nadie sabía dónde mirar.
Un chico que estaba detrás de ella sacó su tarjeta, retiró dinero y se lo dio sin decir nada.
Ella no lo aceptó al principio.
Lloró. Temblaba.
—Te lo devuelvo —dijo—, lo prometo.
El chico respondió:
—No hace falta. Hoy tampoco iba a comprarle flores a nadie.
La mujer se fue abrazando ese dinero como si fuera oxígeno.
Desde hoy día entendí algo:
no siempre vemos el dolor…
pero casi siempre juzgamos demasiado rápido.
Mi papá murió hace 10 años… pero ayer me llegó un correo suyo.
Decía: “Ya vi que te vas a casar. Abre el archivo adjunto.”
No creo en fantasmas. Nunca he creído. Soy ingeniero. Me formé confiando en números, sistemas, causas y efectos, en cosas que se pueden explicar. Por eso nada —absolutamente nada— me preparó para ver el nombre de mi papá en mi bandeja de entrada… con fecha de hoy. Me quedé inmóvil mirando la pantalla. Sentí un nudo en la garganta y un frío raro en el pecho. No era miedo. Era ausencia.
Mi papá, David, murió cuando yo tenía 15 años. Cáncer de páncreas. De esos que no dan tregua ni tiempo para despedidas largas. Un día estaba… y al siguiente ya no. En sus últimos meses se encerraba mucho en su estudio con la computadora. Mi mamá decía: “Déjalo, está ordenando sus cosas”. Yo pensaba que estaba pagando cuentas, cerrando pendientes. No sabía que estaba luchando contra el reloj. Por mí.
El día que murió sentí que el mundo se apagó. Me quedé solo con mi mamá, siendo un adolescente lleno de rabia, sin saber afeitarme, sin saber hablarle a una mujer, sin saber cómo se vive sin un papá. Pensé que ahí terminaba todo. Pero no.
El primer correo llegó el día que cumplí 18. A las 12:01 a.m.
Asunto: “Ya eres legal.”
Casi tiro el celular. Lo abrí temblando, llorando. Era un audio suyo:
“Feliz cumpleaños, hijo. Hoy oficialmente ya eres un adulto… y vamos a tomarnos un buen vino juntos. Cuando naciste le dije a tu madre que compraría la mejor botella y la dejaría añejar 18 años. Hoy te toca. Te quiero, pero con cuidado, ¿eh? Que siempre te estoy vigilando.”
Su voz estaba ahí. Burlona. Amorosa. Inconfundible. Me mandó al garaje. Ahí estaba la botella que guardó el día que nací. Me senté en el piso y lloré como no lloré ni en su funeral. Ese día entendí su plan: correos programados para seguir siendo mi papá aunque ya no estuviera. Para no perderse mis momentos importantes.
Pero lo de ayer fue distinto.
Ayer le pedí matrimonio a Clara. No lo publiqué. No lo anuncié. Solo se lo conté a mi mamá y a dos amigos. Y aun así, hoy llegó otro correo.
Asunto: “Operación Boda.”
Sentí pánico. Pensé que alguien había hackeado su cuenta. Que estaban jugando conmigo. Abrí el mensaje con lágrimas cayendo sobre la pantalla. Había un archivo adjunto. Le di play.
Apareció él. Demacrado. Cansado. Enfermo. Pero sonriendo. Con esa sonrisa que siempre me calmaba. Sostenía su corbata azul, la de los días importantes.
“Hola, futuro novio”, dijo. “Hoy no puedo estar ahí para arreglarte… así que vamos a practicar.”
Durante diez minutos fue mi papá otra vez. Paciente. Amoroso.
“Pasa por la izquierda… no aprietes tanto… respira…”
Yo no estaba viendo un video. Lo estaba viviendo. Lloraba sin poder parar, doblado sobre la cama, tapándome la boca para no gritar.
Al final se acercó a la cámara. Sus ojos brillaban.
“Hijo… no importa con quién te cases, mientras se ría de tus chistes malos. Si se ríe, es ella. Sé bueno. El matrimonio no es 50/50… es 100/100 del que pueda darlo ese día. Yo estaré ahí. En primera fila. Aunque no me veas.”
Cuando el video terminó, me quedé en silencio. Lloré por el padre que perdí. Lloré por el hombre que me enseñó a ser. Lloré porque entendí que nunca me dejó solo.
Mi tío Jorge, desde Yucatán, tenía instrucciones de él para enviar borradores desde su correo en cada etapa importante de mi vida. Creo que hay uno para cuando tenga mi primer hijo. Mi primera casa. Mi primer auto.
Mi papá no estaba ordenando papeles.
Estaba dejándome un mapa para la vida.
La tecnología puede ser fría.
Pero el amor es capaz de atravesar el tiempo, la muerte y el silencio solo para decirte:
“Arréglate la corbata, hijo. Hoy es un gran día.”
@de_infantil En la factura de un fontanero ponía 1 hora de mano de obra y mi madre le dijo: pero si solo has estado 10 minutos; el hombre le dijo que era el mínimo y ella le dijo: pues como me cobras 1 hora, te vas a sentar ahí hasta que pase el tiempo, para que no se la cobres a 3 o 4 más.
Hoy lunes 5, víspera de Reyes, me han dado el disgusto de mi vida. He esperado a última hora de la noche para sacar todos los juguetes que tenía guardados en el trastero y llevarlos en mi coche al domicilio.
Pues bien, algún desaprensivo me ha vaciado el maletero.
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