Mike lo atrae de nuevo hacia sí, profundizando el beso y acomodándose bajo las mantas mientras la luz de la televisión ilumina sus rostros, sintiendo que, efectivamente, ya está en casa.
—No me tientes, Byers, porque soy capaz de empezar a buscar ese apartamento mañana mismo —Mike responde con una sonrisa llena de orgullo, dejando que sus manos se pierdan en el cabello de Will mientras se pierde en ese beso compartido. —
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—Me voy a acostumbrar muy rápido a esto, así que espero que lo digas en serio. Porque no pienso dejarte escapar de este colchón en todo el fin de semana.
—Me vuelves loco desde el primer día, Byers, y lo sabes perfectamente; no me tientes, que el gamberro aquí soy yo —Mike suelta una risa ronca, reforzando el agarre en su cintura para pegarlo aún más a él mientras acepta cada uno de esos besos robados.
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Firmaría ahora mismo para que este nido fuera permanente y no tener que despedirme de ti nunca más.
Mike le devuelve los besos con la misma intensidad, dejando la pizza olvidada por un momento para acariciar su mejilla con devoción.
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Si seguimos así, el nido lo estrenamos antes de terminar la pizza, ¿eh? —bromea, mordiéndole el hombro suave, más cariñoso que provocador.
Sin soltarlo, estira un brazo para apagar la luz y, con el ambiente ya en penumbras, prende la televisión—. Listo… ahora sí —murmura—
—Hey… —se le escapa una risa baja cuando lo siente acomodarse así, las manos yendo casi por reflejo a sujetarlo de la cintura para que no se le escape—. ¿Goloso yo? Mirá quién habla… —inclina apenas la cabeza, rozándole la mejilla con la nariz—.
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