Yo: digo abiertamente que odio a Israel y Netanyahu, que es un estado de mierda, asesino y (mil cosas que odio de Israel). Pero que tampoco apoyo a Palestina por tener un gobierno de mierda
Un pro Palestina que aparentemente no entiende lo que lee:
Siendo un hombre adulto me parece ridículo usar camisas de futbol y hasta humillante
O sea, broder, estás llevando en tu espalda el nombre de otro hombre que ni siquiera te conoce y al que le importas una mierda
Chingue su madre matar niños. Chingue su madre la guerra. Y chingue su madre Macklemore.
Y no porque haya hablado de Palestina. Que hable. Que proteste. Que diga lo que piensa. Tiene todo el derecho.
Mi pedo es otro.
Macklemore no solamente aceptó la invitación para conectar con nuevos fans y cantar sus canciones. También vio la plataforma de otro artista como una oportunidad para amplificar su causa.
Y ahí es donde está mi pedo.
Porque aunque tengas todo el derecho a decirlo, no era tu gira y las consecuencias no iban a ser solamente tuyas.
Detrás de una gira no solamente están los músicos. Hay roadies, ingenieros, choferes, técnicos, producción, vendedores de merch y un chingo de gente cuyo sustento depende de que esos conciertos sucedan.
¿Quieres hablar de Palestina? Habla. Protesta. Haz canciones. Haz tu propia gira. Tienes un chingo de seguidores y plataformas donde la gente incluso espera escuchar tu opinión.
Pero si un baladista pop te invita amablemente a abrir sus conciertos, quizá su escenario no sea el mejor lugar para convertir su gira en el vehículo de tu activismo.
Libertad de expresión no significa ausencia de consecuencias. Y mucho menos que las consecuencias tengan que pagarlas los demás.
Además, ahorita estamos en chinga peleándonos por Sydney Sweeney.
Agarra tu número y siéntate.