Ser venezolano es una mezcla extraña de orgullo y dolor.
Ver las imágenes del temblor genera angustia y nos recuerda lo vulnerables que seguimos siendo. Mi solidaridad está con cada familia afectada, con quienes hoy sienten incertidumbre y con todos los venezolanos que esperan que sus seres queridos estén a salvo.
Pero también es imposible no sentir tristeza al recordar todo lo que hemos perdido como país. No solo hablamos de una deuda histórica o de una crisis económica que ha marcado generaciones. También hablamos de años de deterioro institucional, de infraestructura abandonada, de servicios debilitados y de una sensación constante de incertidumbre sobre el mañana.
Porque el costo más grande nunca ha estado únicamente en las cifras, sino en la calidad de vida de nuestra gente, en su tranquilidad y en las oportunidades que se han ido desvaneciendo con el tiempo.
Aun así, si algo ha demostrado Venezuela, es la capacidad de su pueblo para resistir, levantarse y seguir adelante incluso en los momentos más difíciles.
Hoy mis pensamientos están con quienes fueron afectados por el temblor. Y mi esperanza sigue puesta en que algún día podamos reconstruir no solo lo material, sino también la confianza, la estabilidad y el futuro de nuestra nación.
Que Dios bendiga a Venezuela, hoy, mañana y siempre y que, como el ave fénix, podamos renacer de nuestras cenizas. 🥀🇻🇪
Ser venezolano es tan difícil que, a veces, el dolor no solo está en lo que vivimos, sino también en intentar explicárselo a quienes nunca lo han vivido
Es allí cuando la tristeza se hace más profunda, porque para nosotros parece ser una tragedia tras otra, una herida sobre otra. Y aunque muchos intentan comprender, hay dolores que solo entiende quien los ha sentido de cerca
Hoy, como tantas otras veces, Venezuela vuelve a doler más de lo normal