Llegué a Chasco a las 16.40. desde ayer estoy saboreando el puchero de mamá. Obviamente que me calenté un platazo de puchero que estaba increíblemente rico, ahora me acabo de desprender el botón del pantalón, como corresponde ese disfrute después de una buena comida
Me vine a vacunar y me preguntan de cuántas semanas estoy. Señora por favor, el refuerzo de la antitetanica por eso te digo que me tengo que dar la vacuna de los 36
Suelo no opinar cuando no tengo toda la información. Pero esto me pasó por encima.
En Comodoro Rivadavia, después de la autopsia de Angelito (4 años), detuvieron a la madre y a su pareja. Según lo que trascendió, lo golpeaban como si fuera un punching ball. Murió por los golpes en la cabeza.
El final ya lo sabemos.
Y no es la primera vez.
Ahí está el caso de Lucio Dupuy.
Todo el país habló. Nos indignamos.
Prometimos no mirar para otro lado.
Entonces la pregunta ya no es qué pasó.
La pregunta es qué nos pasa.
¿Cómo puede ser que, con organismos que supuestamente están para proteger a los chicos, esto siga ocurriendo?
¿Cuántas señales se ignoraron otra vez?
Y lo más incómodo, ¿no aprendimos nada?
Cuando fallan todos los mecanismos que deberían cuidar a un chico (y esto claramente no es un caso aislado) deja de ser “un hecho más”.
Es un problema de todos.
Porque los chicos están, literal y evidentemente, a la buena de Dios… mientras el Estado, ese que justifica sueldos y secretarías al por mayor y en todas sus formas brilla por su ausencia.
¿Nadie vio lo que le pasaba a Angelito?
¿Nadie se animó a intervenir?
¿Nadie pudo (o quiso)? darle la oportunidad de vivir como lo que era: un nene de 4 añitos.
Decir bronca, impotencia, es poco.
Mi viejo me solía decir que con 200 ladrillos o una soga, se logran mejores conductas sociales que con 1000 leyes, me estoy convenciendo que tenía razón.