Está circulando algo como esto: "la reforma laboral del gobierno baja 25% el salario de un trabajador con cáncer". La idea es que uno lea una cosa así y piense que hay que matar a todos los que la proponen. Como este tema nos ha tocado de cerca, hay que hacer algunos comentarios.
1. Hasta hoy, en Argentina todo empleador está obligado a pagar el 100% del salario de una persona con una enfermedad "inculpable" por doce meses si tiene más de cinco años de antigüedad y "carga de familia". No he encontrado NINGÚN país del mundo que le imponga semejante costo por tanto tiempo a un empleador; se paga menos, se paga por menos tiempo o inclusive las dos cosas a la vez. Por ejemplo, en España es 75% por un año y en Uruguay y Holanda es 70% por dos años, pero en TODOS estos casos paga el Estado o el empleador puede pedirle ese dinero al Estado. Tampoco en Brasil una empresa está obligado a pagar más allá de dos semanas. En Estados Unidos no hay ningún pago garantizado a nivel nacional; algunos estados ofrecen algunas semanas pero lo normal es que la gente compre seguros para este tipo de eventualidades.
Todo esto quiere decir que ni nuestros vecinos ni países que son mucho más ricos que Argentina obligan a ningún empleador, grande o chico, a asumir un costo tan grande ante un trabajador enfermo. Ni siquiera Noruega, donde sí se le paga a un empleado el 100% por un año, hace una cosa así, porque en ese caso el empleador deja de pagar a los 16 días y pasa a pagar el Estado. De más está decir que ninguno de estos países ha sufrido un descalabro fiscal como el que Argentina ha sufrido en las últimas décadas.
2. La enorme informalidad que existe en Argentina hace que la protección potential de más del 40% de los trabajadores ante una enfermedad sea CERO. No discutimos ni un mes más o menos ni 25% más o menos: hablamos de CERO. Como todos sabemos, muchas personas están en negro porque el Estado hace carísimo tenerlas en blanco; si las reglas no se pudieran incumplir, esos trabajadores estarían en la calle. Pero entonces los costos absurdos de la legislación vigente dejan a los más pobres fuera de los beneficios que más necesitan.
3. En ese contexto, la reforma laboral cambia la obligación del empleador desde ese 100% hasta el 75% del salario de un trabajador que tenga una familia a cargo, más de cinco años en su puesto y al que le agarre, por ejemplo, cáncer. Esto sigue siendo un costo enorme para el empleador en comparación con otros casos y va a seguir generando problemas. Pero si uno compara con el resto del mundo, la nueva legislación de todas maneras sigue equiparando a Argentina con los países más ricos, pese que a todas luces nuestras empresas sufren las reglas como pocas en este mundo.
Ningún cambio aislado va a mejorar la vida de nadie. Pero muchos cambios, por pequeños que sean, sí pueden cambiar un sistema que está diseñado para beneficiar a algunos (los que pueden tener empleo en blanco, aunque generarlo sea carísimo) en desmedro de otros (los que no pueden tener un empleo en blanco porque generarlo es carísimo). La antigüedad, las contribuciones sindicales, las licencias, todo el sistema está podrido. Hay que cambiar todo.
La reforma laboral está bien en este y otros aspectos, pero es necesariamente limitada porque el gobierno no tiene la mayoría que requiere para liberar el mercado de trabajo. Quienes estén pensando que esto es el fin del mundo, vayan haciéndose a la idea de que en dos años vamos a necesitar otra reforma laboral y quizás en cuatro años incluso también. Argentina no va a salir del pozo en el que está solo por esta ley. Falta mucho y somos conscientes de que falta mucho.
Creo que es muy sano para el país que se pelee la oposición. Mas que nunca en esta elección quedó en evidencia el riesgo kuka. Ya estaba claro en agosto del 2019, cuando Macri perdió por amplio margen las primarias. Pero si a alguno le quedaba alguna duda, ya no la hay.
Si queremos graduarnos de país serio, que pueda atraer inversiones que den trabajo a nuestra gente, la alternativa política no puede ser más el kirchnerismo/comunismo.
Ningún país serio ofrece esa volatilidad política. Y las inversiones en la economía real no sólo buscan rendimientos. Son inversiones de largo plazo que lo que más buscan es previsibilidad.
Entonces, mientras la opción de gobierno sea un candidato kirchnerista, seguiremos estancados como país, porque el capital y las inversiones fluirán a otros países.
La oposición tiene dos años para construir una alternativa racional.
Ojalá lo hagan y enterremos el pasado nefasto de los últimos 20 años de una vez por todas! 🇦🇷🇦🇷
Si querés subsidiar algo, entonces —salvo por las externalidades positivas— casi siempre es mejor darles los recursos directamente a las personas que querés subsidiar. No destruyas el sistema de precios y, por lo tanto, el conocimiento y los incentivos que estos transmiten sobre qué consumir, qué producir y en qué cantidad.
Darle recursos a la gente directamente, como plata en efectivo o un voucher equivalente, les permite asignar esos recursos de acuerdo con sus propias necesidades y preferencias.
Un precio, mientras tanto, les informa a los consumidores sobre la escasez de un bien y los recursos necesarios para producirlo. Cuando el precio de un bien se baja artificialmente, se alienta a los consumidores a sobreconsumirlo en relación con otros bienes, lo que lleva a un derroche.
Una transferencia directa de dinero, en cambio, soluciona el problema de ingresos de quien la recibe sin distorsionar todo el mercado.
Cambiar los precios relativos también les indica a los productores que deben subproducir o sobreproducir el bien o servicio, desviando recursos como mano de obra, capital y materias primas.
Argentina ya tiene décadas demostrando que, tal como sugiere la teoría económica básica, tratar de mantener precios artificialmente baratos lleva al sobreconsumo, la subinversión y la escasez; las retenciones, a una menor producción y menores ingresos; y los subsidios fiscales, a los déficits, la inflación y la pobreza.
Intentar deliberadamente desconectar de nuevo los precios de la energía del mundo, como propone Lousteau acá, es un fracaso por donde se lo mire. Va a llevar tanto al sobreconsumo de energía como a la subinversión en la producción y la infraestructura energética, lo que disminuirá las exportaciones y empeorará la balanza de pagos del país.
Es más, en energía, este enfoque ni siquiera es progresivo, sino que beneficia desproporcionadamente a los hogares más ricos que consumen más.
Los policymakers siempre deberían empezar preguntándose: "¿Por qué no simplemente darle la plata a la gente?". Desviarse de este principio requiere una justificación sólida y específica que vaya más allá de simplemente querer ayudar a un grupo en particular.
Domingo se vota un modelo de país. Vivir en un país con disciplina fiscal, respeto a la propiedad privada y convencimiento profundo de que los contratos y las obligaciones se respetan . No me interesa la ideología. Me interesa un país previsible donde el individuo esté motivado para progresar. Me duele ver un país donde el 60% de la juventud hasta los 15 años està dentro de límites de pobreza, donde un alto % vive en la marginalidad con condiciones muy precarias de infraestructura. Quiero un país eventualmente sin la necesidad de subsidios con posibilidades de empleo formal y educación de primer nivel para todos. Quiero que nuestros gobernantes sean respetado por los países desarrollados de Occidente. Quiero un país sin droga y sin delitos. Quiero un país federal con Provincias que subsistan con recursos propios generando inversión y empleo privado. Quiero una mejor Argentina.
Esto no es una anécdota menor: es una radiografía de un país moralmente invertido. Delfina Rossi, hija del privilegio, heredera de una casta que nunca produjo más que discursos, cobra veinte mil dólares por dirigir un banco público. Diez veces más que el Presidente, diez veces más que un ministro, diez veces más que el médico, el maestro o el colectivero. No es un desliz administrativo: es el retrato de una élite que habla de igualdad mientras cena con champagne.
El progresismo argentino se volvió una tragicomedia: los que dicen defender a los pobres viven como nobles y los que intentan ordenar el caos son acusados de tiranos. Buñuel lo filmaría en El discreto encanto de la burguesía: funcionarios hablando de justicia social mientras los mozos cobran en cuotas y levantan las copas de quienes brindan por los pobres.
Rossi no es un caso aislado; es el símbolo de un sistema que premia la obediencia partidaria y castiga el mérito. Mientras Milei soporta el fuego cruzado, ella cobra veinte mil dólares por representar la estética de la revolución rentada. Y el silencio es atronador: ni feministas, ni intelectuales, ni periodistas progresistas se escandalizan. La moral selectiva del kirchnerismo es perfecta: sensibilidad para los discursos, ceguera para los sueldos.
Cortázar habría dicho que los cronopios siguen esperando que los famas repartan la justicia prometida, pero los famas se quedaron con la billetera.