Vivimos en una sociedad que asocia bondad con debilidad y falta de carácter, cuando es todo lo contrario. Que este maravilloso texto de @irenevalmore nos ayude a darle espacio a la bondad y a hacer de ella nuestro faro de vida. Hay que reivindicar sin complejos la bondad.
Jugar a ganar
Hace unas semanas me apunté a un curso de ping-pong. Este hecho podría ser de lo más intrascendente, si no fuera porque la mayoría de mis compañeros de juego son niños (niños que juegan mejor que yo, por cierto).
Y verlos jugar me ha abierto una nueva perspectiva: Ellos juegan a ganar.
Se han apuntado al curso para ser mejores, para competir en el futuro, para lograr algo, lo que sea, pero lograr algo.
Sin embargo, yo no. A mis casi cuarenta años, mi ambición en el mundo del tenis de mesa está bajo mimos, si me apuras, no tengo ni siquiera interés en jugar partidos.
A mí, lo que me gusta es pelotear. Solo pasar la pelota de un lado a otro de la mesa, sin intención de ganar el punto, solo pasar ese pequeño círculo blanco una y otra vez por encima de la red. Porque cuando eso sucede, mi cuerpo se deja llevar y la mente desaparece. Entro en un estado de concentración donde solo hay movimiento, allí desaparecen las tareas del día a día, la ansiedad, el miedo. No sé si jugar al tenis de mesa se puede considerar una forma de meditación, pero para mí lo es.
Pero lo más curioso, lo que me tiene absolutamente fascinado, es lo que sucede al final de cada clase. Cuando echamos un partido, esos mocosos llenos de saques sibilinos, de efectos indescifrables y de mates a velocidades que mi miopía no puede seguir... pierden conmigo.
No lo hacen por mis dotes deportivas, sino por una sencilla razón: juegan a ganar.
Intentan siempre ganar. En cada punto, en cada saque, en cada revés. Y eso, paradójicamente, les hace perder. Se ponen nerviosos, les entra la ansiedad, fallan lo que nunca fallarían en un peloteo. Son menos buenos por intentar ser los mejores.
Les veo y me siento representado: recuerdo a ese joven escritor jugando a ganar. Yendo a por todas, escribiendo para triunfar... y perdiendo.
Y me doy cuenta de quizás ese sea el secreto, jugar a ganar es un contrasentido. En el ping-pong y en la vida solo hay una manera de triunfar: aprender a jugar por jugar.
Soy Jorge Corrales, escritor, y hago estas #ColumnasAlVacio.
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"No hay daño pequeño. No hay agresión sexual que no deje su marca indeleble. Se puede trabajar mejor o peor, o no trabajarla en absoluto. No es fácil ni resulta barato. Nos joden la vida entera"
El análisis de Cristina Fallarás del fenómeno #SeAcabó https://t.co/jrk6KVtfSK
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