El golpe de realidad fue tan fuerte, que solo túve la opción de no decir nada y seguir adelante, porque wtf con la decepción y el asco que da seguirse enterando de más y más cosas y confirmar que la intuición nunca se equivoca.
A mí no me gusta echar nada en cara, pero a veces dan ganas de decir muchas cosas, solo para que algunos recuerden quién estuvo cuando más lo necesitaban y dejen de hacerse las víctimas. La mala memoria también es una forma de ingratitud.
Mi intuición es tan loca que, literalmente, puedo no tener ni una sola evidencia de lo que está pasando, pero sé que algo pasa. Y lo más increíble es que, al final, casi siempre termino teniendo la razón.