Un diagnóstico certero de depresión y ansiedad en oncología
Destaco el estudio sobre herramientas de evaluación de depresión y ansiedad en pacientes mexicanos con cáncer, elaborado por Dr. Oscar Galindo Vázquez, Dra. Erika Ruíz García, Dr. Ramiro Espinoza Zamora, Dra. Rosa Álvarez Gómez, Dra. Mónica Ramírez Orozco, Dr. Marcos Espinoza Bello, Dra. Berenice Uriostegui Garduño, Dra. Ana González Ling y cols.
En el @INCanMX impulsamos la labor de nuestros investigadores, orientada a fortalecer la atención integral y el bienestar emocional de nuestros pacientes.
#INCanInvestiga #PublicacionesINCan #SaludMentalINCan
The revolution in pancreatic cancer is not just about the new, impressive FDA approved drug or the vaccine treatment. It's also about AI detection up to 3 years before it is currently diagnosed. https://t.co/760lOqE66C
BREAKING: Meta agrees to make major changes to Instagram and Facebook apps in landmark settlement of social media addiction case.
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#ElLaberintoEnterrado
Un astuto relato de Borges, La memoria de Shakespeare, nos da la oportunidad para analizar la posibilidad de transferir la memoria de un sujeto a otro. Aunque es un escenario digno de la ciencia ficción, el mundo contemporáneo está lleno de mujeres y (1/7)
The recommended concentration of adrenaline for intramuscular injection in anaphylaxis is:
a) 1:1,000 (1 mg/ml)
b) 1:10,000 (0.1 mg/ml)
c) 1:100 (10 mg/ml)
d) 1:100,000 (0.01 mg/ml)
post-hoc analysis: Treatment with amisulpride reduced the serum level of IL-1β over 12 months, while treatment with aripiprazole or olanzapine did not reduce the levels.
Combined IL-1β and TNF-α was also reduced with amisulpride (0.52 SD) https://t.co/YaPMBq2lo4
retro cohort study: In bipolar patients, antidepressant use was associated with higher odds of the worsening of non-suicidal self-injury (OR=1.90, p=0.03), as well as suicidal ideation (OR=1.70, p=0.016) and suicidal behavior (OR=1.80, p=0.01) https://t.co/YVly6unAOX
Un ECA publicado en @bmj_latest evaluó estimulación magnética transcraneal en niños con autismo. Lo interesante no es solo el resultado, sino cómo intentaron hacer viable la estimulación en niños que pueden tener dificultades para permanecer quietos.
Participaron 200 niños de 4 a 10 años, asignados a estimulación theta burst continua acelerada, a-cTBS, o estimulación simulada. El tratamiento se dirigió a la corteza motora primaria izquierda y se concentró en 10 sesiones diarias durante 5 días.
Cada sesión duraba solo 120 segundos. Esto es relevante porque la rTMS convencional suele requerir mantener una posición estable durante más tiempo y, en muchos protocolos, utilizar neuronavegación. Aquí la corteza motora podía localizarse mediante potenciales evocados motores, simplificando el procedimiento y facilitando su aplicación en niños pequeños y también en quienes tenían discapacidad intelectual.
Al mes, el grupo tratado mostró una reducción 6.17 puntos mayor en la escala SRS-2 frente al grupo control, indicando una mayor mejoría en comunicación social. También hubo mejoras en algunas habilidades narrativas del lenguaje, pero no en conducta adaptativa global, vocabulario receptivo ni conductas repetitivas.
Los efectos adversos fueron más frecuentes con la estimulación activa, sobre todo inquietud y molestias en el cuero cabelludo, y fueron leves salvo un evento moderado que se resolvió espontáneamente.
Es un estudio prometedor, pero con seguimiento de solo un mes y con predominio de participantes varones. Además, los autores reconocen que las expectativas de los cuidadores pudieron influir parcialmente en algunas mediciones.
https://t.co/0Tjwl6rZLb
Según un estudio de 2026 publicado en Computers in Human Behavior que demuestra cómo las notificaciones de redes sociales interrumpen el procesamiento cognitivo, causando una ralentización transitoria de unos siete segundos en tareas de atención. Los hallazgos indican que la frecuencia de interacciones con el smartphone predice la magnitud de la disrupción más que el tiempo total de uso, lo que respalda estrategias como desactivar notificaciones para mantener el foco.
Por eso si vas a dedicar una actividad que requiera de tu atención y concentración eficiente no lo hagas en el celular o apaga las notificaciones.
Una revisión clínica publicada en @JAMANetwork resume la evidencia disponible para naltrexona, acamprosato, disulfiram y topiramato para el Trastorno por Consumo de Alcohol.
La naltrexona oral, antagonista opioide, reduce el riesgo de volver al consumo excesivo. En un metaanálisis de 19 ensayos clínicos aleatorizados con 2,875 participantes, 50 mg/día se asociaron con menor retorno al consumo intenso frente a placebo, con RR 0.81 y un número necesario a tratar de 11.
También existe una formulación inyectable mensual. La naltrexona no debe utilizarse en personas que reciben opioides. Estudios poscomercialización han encontrado que puede utilizarse con seguridad en cirrosis Child Pugh A o B.
El acamprosato actúa sobre sistemas de neurotransmisión GABA y glutamato. En un metaanálisis de 20 ensayos con 6,380 participantes, el número necesario a tratar para evitar que una persona retomara cualquier consumo fue también de 11. Otro metaanálisis encontró reducción del consumo intenso frente a placebo, RR 0.78.
Su principal efecto adverso es la diarrea. Puede utilizarse en cirrosis Child Pugh A o B, pero está contraindicado cuando la tasa de filtración glomerular es menor de 30 mL/min/1.73 m².
El disulfiram funciona de otra manera: bloquea el metabolismo del alcohol y provoca acumulación de acetaldehído si la persona bebe, generando náusea, vómito, cefalea, rubor y palpitaciones.
Su eficacia parece ser mayor cuando la toma es supervisada. Un metaanálisis de 17 ensayos abiertos encontró un efecto importante sobre la abstinencia, particularmente en los estudios con adherencia supervisada. Sin embargo, los resultados son menos consistentes cuando se excluyen los estudios abiertos.
El topiramato no está aprobado por la FDA para este diagnóstico, pero también cuenta con evidencia. Un metaanálisis de 8 ensayos doble ciego con 1,080 participantes encontró una reducción absoluta de 7.2% en los días de consumo y de 2 bebidas por día frente a placebo.
Su uso puede limitarse por parestesias, alteraciones del gusto y efectos cognitivos, además de requerir una titulación lenta durante 6 a 8 semanas.
La elección del tratamiento depende del objetivo del paciente, abstinencia o reducción del consumo, la función renal y hepática, el uso concomitante de opioides, la adherencia y el perfil de efectos adversos.
Hay otro dato clínicamente relevante: en una cohorte retrospectiva de 6,794 pacientes hospitalizados por problemas relacionados con alcohol, iniciar farmacoterapia al alta se asoció con una reducción del 42% en el desenlace combinado de mortalidad, visitas a urgencias y rehospitalización durante los siguientes 30 días.
La evidencia resumida aquí no proviene de un único ensayo nuevo. El artículo integra metaanálisis, ensayos previos y estudios observacionales, y la solidez de la evidencia no es igual para todos los fármacos ni para todos los desenlaces.
https://t.co/XQ3sFZMryf
La #Cofepris informa que, con base en los resultados del monitoreo y análisis realizados a moluscos por el Laboratorio Estatal de Salud Pública de Baja California se implementa la veda sanitaria para evitar riesgos a la salud .
Para mayor información consulta aquí: https://t.co/uk0gO7EcuF
The dangers of RFK Jr's peptide push
Example:
"If you have a few precancerous cells lurking indolently in your prostate or breast, injecting a peptide that stimulates human growth hormone might supercharge them into a tumor."
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https://t.co/dKf5dcGAvf
No toda conducta repetitiva, rígida o ritualizada en un niño es TOC. Pero tampoco es automáticamente autismo.
Este es un punto importante cuando evaluamos niños, porque muchas conductas que en un adulto llamarían inmediatamente la atención, alinear objetos, repetir acciones, insistir en rutinas, buscar simetría, molestarse con los cambios o querer que las cosas estén “justo como deben estar” forman parte también del desarrollo normal.
Y precisamente ahí aparece el problema diagnóstico.
Desde aproximadamente el segundo año de vida, muchos niños con desarrollo típico comienzan a mostrar una elevada cantidad de hábitos, rutinas y conductas repetitivas.
En un estudio poblacional de alrededor de 1,500 niños, más de la mitad de los niños de 2 años prestaban especial atención a pequeñas imperfecciones en juguetes o ropa. Además, 63% de los niños de 2 años ordenaban objetos hasta que quedaran “just right”, comparado con 4% de los menores de un año y todavía 41% de los niños de 5 años.
También pueden insistir en utilizar el mismo vaso, escuchar el mismo cuento, seguir determinada secuencia antes de dormir, ordenar juguetes de determinada manera o protestar cuando alguien modifica una rutina.
Estas conductas pueden parecernos “compulsivas” o incluso “autistas”, pero su forma externa no establece el diagnóstico, lo que puede dar positivo en algunas escalas de tamizaje o alarmar a los padres que vean algún reel sobre divulgación.
¿Existe una etapa de elevada ritualización durante el desarrollo normal?
La literatura sitúa una ventana particularmente importante aproximadamente entre los 2 y 6 años, seguida de una disminución progresiva alrededor de los 7 años.
Durante esos años son frecuentes:
rituales para dormir, comer o bañarse
necesidad de cierta predictibilidad
insistencia en algunas rutinas
conductas de "sameness"
ordenamiento y clasificación
atención marcada a pequeños detalles
conductas de tipo just right o justo perfecto
repetición
pensamiento mágico y algunas conductas parecidas a supersticiones.
Esto tiene sentido desde una perspectiva del desarrollo.
El niño pequeño todavía está construyendo recursos para anticipar acontecimientos, tolerar incertidumbre, modificar planes y regular emocionalmente los cambios. La repetición y las rutinas pueden proporcionar orden, predictibilidad y sensación de control frente a un mundo todavía difícil de organizar.
Por eso un niño de 3 años que exige exactamente la misma secuencia antes de dormir no está mostrando necesariamente psicopatología o un neurodesarrollo diferente al estadisticamente mas frecuente.
Entonces, ¿qué hacemos con el autismo?
La sospecha clínica de autismo puede surgir desde los primeros años de vida, precisamente durante una etapa en la que las conductas repetitivas también son muy frecuentes en niños con desarrollo típico.
Entonces:
alinear juguetes ≠ autismo
querer rutinas ≠ autismo
molestarse con cambios ≠ autismo
tener un interés intenso ≠ autismo
hacer movimientos repetitivos ≠ autismo
Los comportamientos restringidos y repetitivos son centrales en el TEA, pero ningún tipo específico de conducta repetitiva es exclusivo del autismo. También aparecen en niños con desarrollo típico y en otros trastornos del neurodesarrollo y psiquiátricos.
Lo que aumenta su relevancia clínica en TEA es el patrón completo: mayor frecuencia, intensidad, diversidad y persistencia de las conductas repetitivas, junto con una trayectoria atípica en comunicación e interacción social.
Por ejemplo, dos niños de 2 años pueden alinear sus carros.
Uno los alinea, después mira a su padre, le enseña uno (atención conjunta), busca compartir lo que está haciendo, acepta que el padre transforme el juego y comienza otro juego.
Otro puede pasar largos periodos centrado en la alineación, presentar marcada dificultad cuando alguien modifica la secuencia y, además, mostrar poca atención conjunta, escaso señalamiento para compartir intereses, menor reciprocidad social o dificultades para integrar mirada, gestos y comunicación.
La conducta superficial es la misma:
“alinea carros”.
Pero su significado dentro del desarrollo es completamente diferente.
¿Y el TOC?
El TOC plantea otra trayectoria.
Su inicio pediátrico suele aparecer más adelante, con una media alrededor de los 9–10 años, aunque puede comenzar antes.
En el TOC, la repetición empieza a organizarse alrededor de fenómenos como:
pensamientos "intrusivos"
temor a que ocurra algo (anticipación)
contaminación
comprobación/verificación
responsabilidad
sensación de incompletitud
necesidad de neutralizar ansiedad
necesidad de repetir hasta que algo “se sienta correcto”.
Pero tampoco debemos exigir que un niño pequeño pueda explicar perfectamente la obsesión.
Los niños con TOC pueden realizar rituales sin disponer todavía de una formulación cognitiva sofisticada y describir simplemente:
“se siente mal”,
“no está bien”,
“tengo que hacerlo otra vez”,
“no sé por qué, pero necesito hacerlo”.
La conducta “just right”/justo perfecto muestra muy bien el problema
Un niño con desarrollo típico puede decir:
“Ponlo ahí porque así va.”
Un niño con TEA puede insistir:
“Siempre va ahí y no quiero que lo cambien.”
Un niño con TOC puede experimentar:
“Tengo que moverlo hasta que se sienta bien.”
Externamente los tres pueden estar acomodando repetidamente el mismo objeto.
La diferencia no está solamente en qué hacen, sino en por qué, tolerancia al cambio, con qué intensidad y dentro de qué trayectoria del desarrollo ocurre.
Algo parecido sucede con el coleccionismo confundido con acumulación.
Durante la edad escolar pueden aparecer normalmente intereses por coleccionar, clasificar, memorizar y ordenar.
Un niño puede conocer decenas de dinosaurios, clasificar piedras, organizar tarjetas o memorizar datos sobre planetas sin que eso constituya automáticamente un “interés restringido” de TEA.
Hay que preguntarse:
¿Tiene otros intereses?
¿Comparte espontáneamente ese interés?
¿Puede hablar de otros temas?
¿Adapta la conversación a su interlocutor?
¿Utiliza ese conocimiento dentro del juego?
¿Existe reciprocidad social?
¿Puede tolerar que otra persona modifique la actividad?
La edad de 7 años tampoco debe utilizarse como una frontera diagnóstica
Decir que los rituales normativos disminuyen alrededor de los 7 años no significa que a partir de esa edad todo ritual sea patológico.
Los 6–7 años representan mejor un punto de inflexión evolutivo: conforme aumenta la autorregulación y la flexibilidad cognitiva, muchas conductas tempranas deberían comenzar progresivamente a perder intensidad.
Por eso la trayectoria es tan importante.
Referencias
Bolton D, et al. Normative childhood repetitive routines and OC symptomatology in 6-year-old twins. Journal of Child Psychology and Psychiatry. 2009;50(9):1139–1146.
De Caluwé E, et al. The relation between normative rituals/routines and OC symptoms at a young age: A systematic review. Developmental Review. 2020;56:100913.
Evans DW, et al. The rituals, fears and phobias of young children: Insights from development, psychopathology and neurobiology. Child Psychiatry and Human Development. 1999;29(4):261–276.
Evans DW, et al. Ritual, habit, and perfectionism: The prevalence and development of compulsive-like behavior in normal young children. Child Development. 1997;68(1):58–68.
Tonna M, et al. Childhood OCD epigenetics, and heterochrony: An evolutionary and developmental approach. Development and Psychopathology. 2025;37:2476–2490.
Dulcan’s Textbook of Child and Adolescent Psychiatry. Capítulo sobre trastorno obsesivo-compulsivo.
Cicchetti D, ed. Developmental Psychopathology.
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La Asociación Psiquiatrica Mexicana me invita a este evento sobre Filosofía de la Psiquiatría con el maestro José Luis Díaz. Me plantean esta pregunta: ¿se puede sostener una comprensión clínicamente rigurosa de la subjetividad sin reducir la psicopatología a la neurobiología?
De los tatuajes:
#dermatología
Esto es ancestral.
Deben hablar de las micobacterias que son más frecuentes o de las reacciones liquenoides a los colores rojo, naranja o amarillo. Y en esos mismos colores el láser sí fragmento el pigmento y predispone s cáncer. De lo demás son sus casualidades.