en realidad me encanta limpiar la casa, pero con tres condiciones:
- empezar cuando quiero
- tomarme el tiempo que necesite
- tengo que estar sola en la casa
Hemos normalizado tanto el nivel de estrés diario que, cuando por fin tenemos una tarde tranquila, el cerebro nos convence de que seguramente se nos está olvidando hacer algo urgente. Ya ni siquiera sabemos cómo descansar en paz.
Cuando tenía 10 años leía el párrafo en silencio antes de que me tocara para asegurarme de que sabía pronunciar todas las palabras. No me pidas que esté tranquila.