No entiendo la vida sin impulsos, sin hacer lo que te hace vibrar, lo que te pide el corazón, la piel, los latidos, no entiendo la vida sin dejarse llevar, sin la magia, con sus pétalos y sus espinas…
Porque la vida sin un poco de locura…
no es vida.
La madurez con la que actuamos cuando nos damos cuenta de que a veces hay que callarse y esperar a que el tiempo nos de la razón en vez de pelear por demostrar algo.