Si mis hijos contestan “me la pela” a un profesor y les ponen a limpiar los baños del colegio, cuando lleguen a casa van a limpiar también los de casa.
Y después, van a pedir perdón.
Es urgente, muy urgente, imperiosamente urgente, urgentísimo volver a hacer exámenes de ortografía y dictados en la escuela. Pero de necesidad vital. No es coña.
El presente es un regalo y, a veces, damos por hecho que suceda. Estamos hechos de momentos y lo bonito es coleccionarlos, mostrando gratitud a los que quedan por venir. En este mundo de inmediatez constante, de saltarnos las vivencias e ir al resultado, no está de más recordar que nuestra vida se construye por todo lo vivido y que no saltarse el camino es de valientes. Me gusta esta vida, con todo. Quiero vivir cada día como si fuera el último. Amanece y hago de cada momento el último que fuera a vivir. ¿Y si hoy es el último día de nuestras vidas?