En medio de la desesperación he llamado a mi tatuador para programar una cita lo más pronto posible. He ahí mi forma de afrontar las desgracias que rodean mi existencia: sometiéndome al ardor de una nueva marca en el cuerpo.
He llegado a un extremo en el que nadie resulta por ser indispensable en mi vida; quien desee quedarse es bienvenido, y quien no pues ha sido un placer. No detendré ni rogaré. Estoy harto de los jodidos juegos.
Debo admitirlo, la única razón por la cual me desvivo en jugar FF es para escuchar la tonada que nació de la contribución con Assassin's Creed – The Creed of Fire va más allá de versos, es un sentimiento.
Estar soltero es cómodo hasta que en medio de una composición deseo tener a alguien a quien hablarle/compartirle la melodía, enseñarle cada facción del instrumento, la razón de mi inspiración, –y si me lo permite– dedicarle cada letra.
Nunca deseé tanto no despertar como en este día debido al sueño que tuve: Twitter había regresado los fleets, y no solo eso, albergaba la capacidad de establecer un determinado color al perfil y fijar una canción que le caracterizara cuando se entrara a él.
La humanidad se ha convertido ahora en espectáculo de sí misma. Su autoalienación ha alcanzado un grado que le permite vivir su propia destrucción como un goce estético.