Aquí está la mayor alteración del censo electoral de la historia de España. Más de 6.000 fosas comunes del franquismo.
Frente a los bulos de la ultraderecha, MEMORIA, VERDAD y JUSTICIA.
Esto es de hace 35 años, cuando ya torturaban y asesinaban a los niños, cuando ya usaban tanques contra piedras, cuando los que disparan al corazón de los críos ya se hacían llamar víctimas.
☑️Sevilla en 1929: crisis en la Hermandad de la Macarena y la amenaza de sacar a la Virgen de su barrio.
El 1 de febrero de 1929 estalló uno de los episodios más explosivos y estremecedores de la historia de la Hermandad de la Macarena. Muchos cofrades —y aun muchos macarenos— ignoran hoy aquellos sucesos que, posiblemente, constituyeron el primer gran pulso abierto entre una hermandad y la autoridad eclesiástica y del que se ha querido transmitir una versión parcial.
Tras el fallecimiento del hermano mayor, Felipe Pachón Rojas, estaba prevista la toma de posesión de la nueva junta extraordinaria encabezada por Leoncio Martínez de Bourio Sánchez, una imposición del Arzobispado y recibido como hermano apenas unos días antes, el 18 de enero. Aquella decisión cayó sobre el barrio como una descarga eléctrica.
Lo que debía ser una ceremonia institucional terminó convirtiéndose en un auténtico levantamiento popular.
La indignación macarena alcanzó un punto de no retorno. Y fueron las mujeres del barrio quienes encabezaron la respuesta. Armadas con cubos cargados de manteca derretida y añil, irrumpieron en la sala capitular en medio de una escena que parecía imposible de imaginar. Zarandearon a Leoncio Martínez y vaciaron el contenido de los cubos sobre su cabeza.
La toma de posesión saltó por los aires.
Completamente desbordado por la situación, Leoncio se asomó al balcón de la sala del camarín para anunciar públicamente su renuncia. La tensión alcanzó tal nivel que la fuerza pública tuvo que desalojar por la fuerza la sala capitular y las escaleras de acceso.
Mientras el barrio hervía, varios miembros de la junta de gobierno, acompañados por el vicario, acudieron a entrevistarse con el cardenal.
En San Gil la percepción era clara y rotunda: aquello no era una simple reorganización administrativa. Era una intervención directa en la autonomía de la hermandad. Y la respuesta fue inmediata.
La protesta se extendió con rapidez por calles y corrillos, alimentada por rumores, tensiones y amenazas que desbordaron el ámbito religioso para adentrarse en un terreno mucho más profundo: la identidad popular de un barrio que entendía la Macarena como algo propio, casi como una extensión de sí mismo.
La prensa sevillana y nacional recogió durante aquellos días un clima de extraordinaria tensión. Altercados, enfrentamientos, lanzamiento de piedras y cargas policiales aparecieron en las crónicas de una ciudad que observaba atónita cómo el conflicto crecía sin freno.
Y nuevamente las mujeres macarenas ocuparon un lugar central.
No se limitaron a protestar en las calles. Una comisión recorrió las redacciones de los periódicos sevillanos llevando un mensaje directo, firme y sin matices: rechazaban lo que consideraban una imposición ajena al sentir de la hermandad y reivindicaban el derecho del barrio a decidir el destino de su propia cofradía.
Pero aún faltaba el elemento que terminaría por incendiar definitivamente los ánimos.
En medio de aquel ambiente cargado de tensión comenzó a extenderse un rumor procedente de sectores próximos a la autoridad eclesiástica: la posibilidad de trasladar la imagen de la Macarena fuera de su barrio como medida de presión.
La sola idea cayó como una bomba.
El miedo se extendió de inmediato. La indignación se transformó en alarma colectiva. Tocaban lo intocable.
La reacción popular fue tan intensa que el propio vicario general del Arzobispado tuvo que intervenir para desmentir tajantemente aquella versión, calificándola de infundada y negando cualquier intención de traslado.
Pero el daño ya estaba hecho.
Aquellos días quedaron grabados para siempre como uno de los momentos de mayor tensión en la historia contemporánea de la Hermandad de la Macarena. Un conflicto donde chocaron autoridad y pueblo, obediencia y resistencia, poder y sentimiento. Porque en Sevilla hay cosas que trascienden lo religioso.
Y la Macarena, para su barrio, nunca fue solamente una imagen.
Era —y sigue siendo— una forma de pertenecer.📷Gabriel Roig i Font / Joan Roig i Font
Si eres pobre y robas tres veces una barra de pan vas a la cárcel. Si eres empresario y robas casi 4 millones de euros no lo tienes que devolver y no pisas la cárcel.
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