Una dedicatoria muy muy especial… 🙏🏽
El narrador @JorgenyMartinez dedicó esta y todas sus carreras a su familia, que lamentablemente falleció a causa de los terremotos qué sacudieron nuestro país. 😔😔
HIPÓDROMO LA RINCONADA “I.N.H
Después de 3 domingos sin carreras, este 19 de julio se abren de nuevo las puertas de La Rinconada. A activarse con los pronósticos, pero recuerden las sabias palabras del Consultor Hípico: G.A.P.C.P.S.L.M. (Guarda Algo Para Comer Por Si Las Moscas).
No lo dijo #Baruch#Spinoza, en su #filosofia lo afirmó yo; y Spinoza estaría de acuerdo:
"Entender, comprender nos hace libres e invulnerables al miedo, no tener miedo a nada ni a la muerte. Esa es la verdadera libertad...!!!
_Y ...YO SOY LIBRE...!!!
—que siempre fue caótico—, sino en el relato. Bolívar supo convertirse en personaje. Se escribió a sí mismo mientras
guerreaba, dejando constancia de su dolor, su misión, su frustración, su clarividencia. Se colocó en la historia como redentor incomprendido, como víctima lúcida
rencor, en el altar de los próceres impolutos y los imperios demonizados. Nace en la glorificación de la rebelión como virtud suprema, y en la negación sistemática de cualquier herencia anterior que no sea la resistencia. El Buen Revolucionario es una criatura de la gramática,
cielo sino la venganza.
El Buen Revolucionario no nace en las montañas ni en los cuarteles. Nace en las aulas. En los templos escolares donde se repite, como salmo, la idea de que fuimos traicionados, saqueados, oprimidos. Nace en la historia adulterada, en la pedagogía del
Bolívar y continuado hasta hoy— el poder no se legitima por su eficacia, sino por su retórica. Retórica de redención, de reparación, de justicia infinita y, por tanto, siempre aplazada. El Buen Revolucionario es, en el fondo, un sacerdote armado, un predicador que no promete el
universidades y los lazos que nos unían a una civilización viva. Pero el mito requería ruptura, y la ruptura requería drama.
Bolívar necesitaba no sólo liberar, sino justificar el acto como necesidad moral. Y así, el supuesto padre de la patria se convirtió en el primer mártir
Marta, su verbo estuvo cargado de ese tono sacrificial, autovictimizante, providencial. La América hispana, decía, había sido «víctima de tres siglos de opresión», cuando en realidad había sido durante esos siglos que se construyeron las ciudades, las leyes, las rutas, las
propio. El resultado es este: la revolución como expiación colectiva de una culpa mal entendida.
Bolívar, en este contexto, fue más que un prócer: fue el primero en entender la eficacia política de la autocompasión. Desde la Carta de Jamaica hasta su última proclama en Santa
criolla que renegó de su origen hispánico se inventó una nueva identidad basada en el dolor, la rabia y la promesa del castigo. Castigar al «Imperio», castigar a los ricos, castigar a los «traidores», castigar al pasado. Pero nunca asumir la realidad, nunca aceptar el fracaso
convertido en licencia total.
Carlos Rangel lo expuso con crudeza hace medio siglo, y pocos quisieron oírlo: el Buen Revolucionario es el heredero del Buen Salvaje, y ambos son productos de una fantasía compensatoria. La misma Europa ilustrada nos mitificó. La misma élite
pura, más abstracta. Es aquí donde el Buen Revolucionario muestra su verdadera naturaleza: no como una víctima reaccionando al poder, sino como un poder nacido del victimismo. Su autoridad no se basa en el mérito, la competencia ni la ley, sino en el trauma. El trauma nacional
Como regalo navideño, les comparto por primera vez un capítulo de El ídolo que devoró a su pueblo.
Léanlo completo. Hay verdades que un venezolano necesita, justo hoy, leer sin atajos ni anestesia.
Capítulo XIII
EL BUEN REVOLUCIONARIO: DEL RESENTIMIENTO AL TOTALITARISMO
Hilo👇🏻