En Argentina ha ganado Milei, un ultraderechista anarcoliberal cuyo principal programa es privatizar todo lo público, eliminar el Banco Central, dolarizar su economía, reducir el 90% de los impuestos, eliminar subsidios a los más pobres y privatizar la sanidad y la educación.
Pero el principal motor de su victoria no ha sido su descabellado programa ni tampoco sus delirantes declaraciones (ha llegado a decir que él permitiría la venta de órganos o de niños), sino el desencanto de los votantes argentinos frente a una alternativa poco atractiva representada por Sergio Massa, ministro de economía con el que el país ha estado pasando un momento muy duro.
Argentina llega tarde a lo que ya inauguraron Trump y Bolsonaro hace unos años movidos por el desencanto y el anhelo de algo distinto. Pero, igual que ocurrió en EEUU y Brasil, sus ideas reaccionarias, elitistas y privatizadoras generarán caos, mucho dolor y no tardarán demasiado en fracasar y acabar fuera del gobierno como ocurrió con Trump y Bolsonaro.
Esta victoria de la ultraderecha en un país hermano como Argentina nos debe hacer valorar todavía más la victoria progresista en España y la imposibilidad de que los aliados de Milei en España (Vox) entrasen en nuestro gobierno. Por cierto, Massa ha reconocido al momento la victoria de su contrincante. Ahí es donde se ve la altura de un político, ojalá algunos que hablan de gobierno ilegítimo en España tuviesen la misma decencia y rapidez a la hora de reconocer un resultado electoral.
Milei va a convertir Argentina en un gran supermercado para que los millonarios la troceen y se la repartan a su gusto. Ha llegado el momento de resistir a la tormenta.
Comprar en los supermercados de Estonia con una maquinita en la que te ticas tú mismo y luego te vas sin más al finalizar tu compra, es realmente impresionante. Impensable en países donde la gente ticaría la mitad de la compra y se largaría con toda la jeta (España).
José Manuel y María tienen 82 y 78 años. Mañana serán desahuciados en el barrio obrero de Carabanchel (Madrid) en el que han vivido juntos toda su vida. Esto sí que es violencia.