Una pequeña reflexión sobre Novak Djokovic:
Tiene 39 años y por supuesto que su cuerpo no es el mismo que hace cinco, diez o quince años.
Es normal que sufra partidos que antes no sufría y que pierda más partidos de los que gane.
Hubo una época en la que parecía invencible. Ese tiempo ya quedó atrás.
Hoy demuestra que es humano y que, como a todo mortal, el paso del tiempo le pasa factura.
Él no le debe nada a nadie: ni a sus fans, ni a su familia, ni a los torneos. Nadie le puede reclamar nada.
Sigue ahí luchando, corriendo, vomitando y sufriendo en la cancha porque esa es su naturaleza.
Nadie confía más en Novak Djokovic que el propio Novak Djokovic.
Y hasta que llegue el día en que diga basta y cuelgue la raqueta, lo seguiremos disfrutando.
Es lo mínimo que se merece el mejor tenista de todos los tiempos.