El reloj agoniza en el verano de Marsella, el Velódromo es un hervidero de almas suspendidas, y el marcador clava un empate a uno entre la garra argentina y la mente holandesa…
Corre el minuto ochenta y nueve de los cuartos de final de la Copa del Mundo de 1998, cuando el fútbol se desprende de la tierra para convertirse en poesía pura.
Allí espera Dennis Bergkamp, el artista que detuvo por unos instantes el paso del tiempo…
No fue solo un gol de último minuto; fue el instante exacto en el que el fútbol dejó de ser un deporte y se transformó en bellas artes.