Ramón sabe de sobra que los cruceros dejan en A Coruña cerca de 40 millones de euros al año.
Ramón sabe que las personas que vienen en los cruceros se bajan del barco, gastan, se suben al barco y se van.
Ramón sabe que el turismo es motor de la economía de A Coruña, mientras que la inmigración ilegal es motor de la delincuencia de nuestro país.
Pero Ramón es un demagogo y más corto que las luces de un Hot Wheels.
No seas como Ramón.
#NosTomanPorTontos
Si tengo un familiar encerrado en su casa ardiendo prefiero que vayan a rescatarlo tres titanes que sean capaces de meterse a una criatura debajo de cada brazo antes de que vaya una una persona de 60 kilos con menos de la mitad de fuerza.
¿Soy fascista por afirmar esto?
TRUMP INVADE GALICIA
Imagínate el titular:
“Trump invade Galicia.”
Tú lo lees y lo primero que piensas es:
“Bueno… pues que traiga paraguas.”
Porque aquí las guerras no se pierden por balas…
se pierden por humedad.
Llega Donald Trump con toda la flota americana entrando por la ría de Vigo. Portaaviones, helicópteros, marines, drones… el despliegue entero.
Y los gallegos mirando desde el paseo marítimo:
—“¿Qué será eso?”
—“No sé… igual una fiesta.”
Trump baja del helicóptero con ese peinado suyo que parece un percebe con electricidad estática.
Y dice:
—“I come to conquer Galicia.”
¿Conquistar Galicia?
¡Pero si aquí conquistar algo ya es complicado hasta para Vodafone!
Trump piensa que esto es fácil.
“Territorio pequeño, poca población…”
Claro… lo que no sabe es que Galicia tiene el sistema defensivo más avanzado del planeta: el paisano.
Primer marine que se acerca a un aldeano:
—“Excuse me, where is the local authority?”
El gallego lo mira…
piensa…
mira al cielo…
piensa otra vez…
—“Bueno… depende.”
¡DEPENDE!
Los americanos tienen satélites, inteligencia militar, espionaje…
y aun así no consiguen una respuesta clara en toda la comunidad autónoma.
Trump manda desplegar tropas.
Pero aparece el primer obstáculo estratégico:
la niebla gallega.
Los marines avanzando con gafas térmicas…
y aparece un señor con un tractor del año 1973.
El marine pregunta:
—“Are you hostile?”
Y el paisano:
—“¿Hostil yo? No hombre… yo estoy aquí con las patatas.”
¡Esa es la defensa nacional!
Trump intenta imponer autoridad:
—“We take control of the territory!”
Y desde una taberna grita uno:
—“¡Primero ven a comer!”
Porque aquí puedes invadir lo que quieras…
pero no te saltas la comida.
Trump entra en la taberna.
Le ponen pulpo, empanada, caldo gallego, chorizo, lacón…
Y Trump dice:
—“This is not part of the war.”
Y el camarero:
—“Pues te lo comes igual.”
Tres horas después…
Los marines están borrachos de Albariño cantando “A Rianxeira.”
Y Trump intentando mantener la disciplina:
—“Soldiers! This is a military operation!”
Y un gallego le dice:
—“Relájate hombre… que estás muy tenso.”
Trump empieza a desesperarse.
—“Why nobody fights?!”
Porque el gallego no pelea… te agota.
Te habla durante una hora de cómo se limpia un percebe.
Te explica tres generaciones de su familia.
Te cuenta la historia de la vaca.
Y cuando te das cuenta…
han pasado cuatro horas y no sabes ni por qué estabas invadiendo.
El Pentágono llama:
—“Mr. Trump, status of the invasion?”
Y Trump responde:
—“I don’t know… I’m at a barbecue.”
Porque la guerra en Galicia termina igual siempre:
No con una batalla…
Con una churrascada.
Trump acaba con boina, copa de licor café, bailando muñeira…
y preguntando:
—“So… did we win?”
Y el gallego le responde:
—“Bueno… ganar ganar… tampoco.”
Esto ocurrió en Suecia.
Un profesor de economía contó que nunca había suspendido a un solo alumno en un examen, pero que una vez suspendió a toda una clase.
Esta clase insistía en que el socialismo funcionaba: nadie debería ser pobre y nadie debería ser rico; todos deberían ser iguales.
El profesor dijo:
«De acuerdo, hagamos un experimento sobre el socialismo con este grupo. Todas las notas se sumarán y se dividirán entre el número de alumnos. De esa forma, nadie suspenderá y nadie obtendrá la nota más alta».
Tras el primer examen, se contabilizaron los resultados y la media fue de un 2 (equivalente aproximadamente a un «bien» en el sistema alemán). Los que habían estudiado con diligencia se sintieron decepcionados, mientras que los que habían estudiado poco estaban encantados.
Antes del segundo examen, los alumnos más flojos se esforzaron aún menos, y los aplicados decidieron que también querían beneficiarse del «sistema», por lo que ellos también estudiaron menos. El resultado fue una media de «suficiente». En el tercer examen, la nota media fue finalmente «insatisfactoria» y, para sorpresa de todos, todos suspendieron.
El profesor explicó:
«No hay un ejemplo más sencillo. El socialismo fracasa inevitablemente: cuando la mitad de la población se da cuenta de que no tiene que trabajar porque la otra mitad la mantiene, y cuando la mitad que trabaja comprende que ya no tiene sentido esforzarse porque otros cosechan los frutos de su trabajo, entonces es el fin de toda nación».
Autor: Thorsten Wunde
#DaleCasco
🚅 Esta tarde manifestación en A Gudiña para que el AVE no pase de largo. El gobierno socialista de Madrid, atendiendo entre otros al alcalde de Vigo, ha suprimido paradas de tren intermedias para favorecer a los extremos.