Se empiezan a conocer más datos sobre el acuerdo petrolero entre Venezuela y los EE.UU.
Estaríamos hablando de unos 17 proyectos, más de la mitad de esos nuevos desarrollos, bajo la figura de los CPP, con (fundamental) un horizonte de 25 años.
La extracción prevista durante esos 25 años sería de unos 11.000 millones de barriles (importante: reservas no significa producción efectiva, esas reservas tienen una tasa de extracción).
La meta conjunta de producción podría llegar a 1,5 millones de bd.
Otro dato importante: el Estado venezolano recibiría cerca de US$20/b, bajo un cálculo que supone un Brent de US$65/b (se debe considerar el descuento de la cesta venezolana). Si el precio promedio sube, al Estado le queda más
Además, se habla de inversiones cercanas a US$100.000 millones. Esta cifra es fundamental para entender el impacto económico del acuerdo.
Todavía faltan muchos detalles por conocer y analizar, y varias de estas cifras son extraoficiales.
Pero, de confirmarse, estamos ante un verdadero game changer.
El mayor impacto sobre producción petrolera, exportaciones y crecimiento se sentirá en el mediano y largo plazo. En el corto plazo, sin embargo, va a comenzar a sentirse.
La reconstrucción también debe verse como una oportunidad económica: recuperar infraestructura, movilizar inversión, reactivar la construcción, generar empleos y dinamizar numerosos sectores.
Venezuela necesita reconstruir mucho más que lo afectado por los terremotos. Necesitamos recuperar nuestra capacidad de invertir, producir y crecer.
La crisis eléctrica es una limitante crucial para a actividad económica en el país. El sector privado debe tener esto muy en cuenta, para sus planes de corto y mediano plazo.
La política necesita vocación, liderazgo y sensibilidad social.
Pero también formación.
Un país enfrenta problemas demasiado complejos como para que quienes toman decisiones públicas no tengan una sólida base académica, capacidad de análisis y disposición permanente para aprender.
Aboguemos por una nueva generación de políticos preparados, con sólida formación académica, capacidad para entender la complejidad de nuestros países y disposición permanente para aprender.
La política necesita menos improvisación y mucho más conocimiento.
No podemos seguir dándonos el lujo de tener políticos con tan bajo nivel.
Cuando se habla de cuánto costó esta tragedia hay que tener claro qué se está midiendo. Los que ordenan esos datos se concentran en pérdida económicas, algunos solo de activos y otros incluyen los costos indirectos, no siempre con la misma metodología entre una fuente y otra, y lo que arrojan por ahora son estimados gruesos, con metodología genéricas, que se irán ajustando en la medida en que se tenga tiempo y acceso a los daños reales.
Dicho esto, lo importante no es esperar ese número final. Es entender que la historia ya nos muestra algo más relevante: varios países enfrentaron desastres enormes en relación a su PIB y salieron adelante sin que eso significara pagarlo todo con recursos propios. Chile en 2010 tuvo daños por 30 mil millones de dólares y el Estado puso 8.400 millones de su bolsillo, un 4% del PIB en cuatro años, el resto lo cubrió inversión privada bajo reglas claras que se establecieron para ello. Turquía en 2023 sostuvo su reconstrucción combinando ayuda internacional inmediata con decisiones firmes de su banco central. Haití, en cambio, no tuvo el desastre más costoso de los tres, y aun así es el que peor resultado tuvo, porque dependió casi por completo de la ayuda externa sin instituciones capaces de canalizarla, lo que estiró la reconstrucción por años. Ahí está la prueba de que el monto perdido no es el indicador que hay que mirar. Lo que de verdad parece marcar la diferencia es qué tan rápido se combinan recursos multilaterales, recursos propios, reglas estables y capital privado.
Venezuela ya tiene una posición sobre más recursos de los que se suele mencionar, aunque no estén hoy disponibles en caja y haya que trabajar rápido para lograr que lo estén. Una posición de casi 5.000 millones de dólares en derechos especiales de giro del FMI, otros 5 a 7 millardos a los que podría acceder a través de mecanismos de financiamiento rápido del propio FMI, más de 4.000 millones en oro disputa en tribunales de Londres, pero no sobre de quien son (Venezuela) sino sobre quien los puede retirar, fondos congelados en Portugal y activos bloqueados en USA. A esto se suma la posibilidad de negociar créditos multilaterales, de abrir fuentes de financiamiento por renegociación de deuda y los muchos recursos de apoyo para la reconstrucción que han sido ofrecidos por diferentes actores y fundaciones en el mundo. Y a eso se suma una capacidad de pago futuro enorme: la mayor reserva de petróleo del mundo, la sexta de gas, la mina de oro más grande del hemisferio occidental, y potencial real en hierro, acero y tierras raras. Por eso no me parece que sea un país mendigando, sino un país que puede destrabar y devolver, con creces, lo que reciba ahora.
En la nueva realidad política del país tras el 3 de enero, Estados Unidos hoy es uno de los actores directos en esta ecuación, no un tercero que observa desde afuera, guste o no. No poner este elefante sobre la mesa sería ignorar lo evidente. Sobre esa base, es necesario promover urgentemente un plan verificable de re estabilización social y económica, con responsables y plazos públicos. Un cierre transparente y rápido de los contratos petroleros, gasíferos y mineros que se están negociando, con una metodología que reduzca la discrecionalidad que dificulta la inversión. Un refinanciamiento inteligente de la deuda que abra la puerta a recursos frescos, en vez de quedar atrapados en el pasivo de siempre. Mucha disciplina fiscal y transparencia en el manejo de cada recurso. Y que ese plan integre a los actores críticos del país: gobierno, oposición, sector privado, sociedad civil, organismos multilaterales y aliados internacionales. Con eso encaminado, destrabar esos recursos deja de ser un favor y se convierte en lo que realmente es, una inversión con retorno garantizado.
Nadie es culpable de un terremoto pero si es responsable de responder con rapidez, eficiencia, inteligencia…y corazón.
🟡#EnVideo | En entrevista para el Podcast Globovisión, el consultor financiero, Oscar Doval, ofreció un análisis sobre los ingresos petroleros y extraordinarios en Venezuela, proyectando que para este año podrían sumarse 25.000 millones de dólares para el país.
#Globovisión #Nacionales
Desde todos los espacios posibles, he fijado públicamente durante años una posición clara en contra de las sanciones sobre nuestro país y su impacto negativo en la población. Hoy más que nunca debemos remar en la misma dirección para el levantamiento total de estas medidas.
Las vías institucionales se han cerrado pero el conflicto sigue allí latente. No se ha resuelto. Es más se acrecienta pues la crisis de Venezuela es prufunda y multisectorial. Una olla de presión. Tiempos difíciles y con escenarios difíciles también de proyectar.
Desde Miami están pidiendo un bloqueo total contra Venezuela.
Olvidan que aquí vivimos mas de 25 millones de seres humanos, que no merecemos un castigo adicional. Somos inocentes.
A ellos no les afecta en nada. A las pruebas me remito.
El madurismo -que buscaba ganar legitimidad con la elección-, salió peor parado tras esta proclamación. Eso nos aleja de reconstruir el país, conseguir acceso a los mercados internacionales y atraer inversión.
Ojalá los actores racionales de su entorno sepan entender el momento.
El pueblo es un concepto político. Eso quiere decir que el pueblo se constituye de modo político. Robar los votos de un pueblo es, por lo mismo, intentar destruir a un pueblo. Ahí reside el imperdonable crimen de Maduro.
El 28J votaré por la recuperación económica; por la liberación de los presos políticos; por la reconstitución del país; por la esperanza de una Vzla unida; por el regreso de la familia! Por un sistema sano de justicia! Quiero ingresar al Siglo XXI. Vamos juntos! Nos lo merecemos!