El Señor nos llama a colaborar en la construcción de la historia, convirtiéndonos, junto a Él, en pacificadores y testigos de esperanza en un futuro de salvación y resurrección.
Todos hemos recibido algo en esta vida de parte de Dios. Nuestras manos no están vacías. Pero muchas veces menospreciamos lo que tenemos en nuestras manos porque deseamos lo que otros tienen.