Hay un ángel cuyo nombre aparece asociado a una de las batallas más decisivas de toda la historia: Miguel.
San Miguel Arcángel no es simplemente una figura simbólica de la tradición cristiana. La Escritura lo presenta como un poderoso defensor del pueblo de Dios y como uno de los grandes príncipes de las huestes celestiales.
Su propio nombre es una declaración: «¿Quién como Dios?». Y ahí está el centro de su misión: no luchar por sí mismo, sino defender la soberanía de Dios frente a la rebelión y al mal.
La Iglesia lo reconoce como arcángel y protector de la Iglesia, aunque la Biblia no establece un sistema detallado de rangos celestiales. Lo que sí deja claro es su papel excepcional en el combate espiritual.
Y hay algo especialmente hermoso en su figura:
Miguel no busca gloria para Miguel.
Su misión es defender, obedecer y conducir toda victoria hacia Dios.
Por eso su nombre es también su grito de guerra:
¿Quién como Dios?
Ante el orgullo, la soberbia y el mal, esa sigue siendo una de las preguntas más poderosas que puede hacerse un cristiano.
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