CUESTIÓN DE LIDERAZGO
Cuando escuché por primera vez aquello de “¡¡¡agua, al doce!!!” no entendí el profundo significado de aquella jerga futbolística desconocida para mí. Era la voz de Luis Aragonés dirigiéndose a un empleado cercano a la plantilla. El silencio presidía el madrugón de la pretemporada y el ‘mister’ desatascó la jornada a pleno pulmón. El mensaje era puro código Luis porque el ‘doce’ no era ni más ni menos que él. Entonces, solicitaba refrescarse, lo hacía con energía, y nos mandaba a los jugadores un envite desde el escenario del juego que apostaba por la unión entre los eslabones que retratan una caseta. En sus tiempos de ‘Luisón’ o de ‘zapatones’, como le gustaba que lo llamaran, se había significado como el líder del vestuario y ese liderazgo no osaba perderlo. El aviso era claro: somos once en el campo… y él. Y con él son los once que juegan, ya sean de principio o de final, siendo el entrenador la extensión de quien propone a quienes disponen.
Por todos, futbolistas y seleccionador, hemos llegado hasta otra noche mágica para nuestro fútbol. Y lo más importante es que nuestros jugadores nunca dudaron a pesar del empate inaugural. Algunos no aprenden nunca, tanto que aportaron gasolina para la Selección. Por eso, creemos. Por eso, confiamos. Por eso, disfrutamos del camino escrito por esta generación que ya sabe lo que es ser campeona. No sé si Luis de la Fuente se mueve en las jergas de Aragonés, pero seguro que también necesita el refresco y el respaldo que todos los ‘doce’ asumen necesitar. De la Fuente ha aportado su libro táctico del Fútbol, pero ha demostrado confianza ciega en estos internacionales que han ido recorriendo las escaleras de las categorías inferiores hasta alcanzar la cima. El seleccionador protegió a los jóvenes y los ayudó a volar, al tiempo que cimentó a los veteranos para construir un ecosistema cuyo andamiaje se argumenta sobre un liderazgo basado en la tranquilidad, la calma, el buen hacer futbolístico, el mismo que habita decididamente alejado del foco.
Y me quedo con la frase que Vicente del Bosque nos inyectó minutos antes de arrancar la prórroga de Johannesburgo. El rondo de futbolistas confiaba, pero el mister remató su liderazgo con tres palabras escuetas pero definitivas: “tranquilos, sois mejores”. Eso mismo os trasladamos todos los españoles que no podemos manejarnos en el césped: sois mejores. Sólo resta demostrarlo en el campo. Que ruede el balón.
Fernando Torres (Columna en @marca )
Empollona
Una alumna de 2° de ESO —unos 14 años— del @IesDrago en Cádiz escribió desde lo más hondo de la encrucijada de sus emociones esta redacción, que es una crónica y también una rebelión.
Yo levanto la mano contigo 🙋🏻♀️
En el momento en que el daño económico de los impagos del alquiler de los inquiokupas vulnerables, en vez de asumirlo el dueño del inmueble, lo asumieran los salarios de los diputados que votan en contra de los desahucios, el problema desaparecería de un plumazo.
Nuevo caso de hoax científico al estilo Affaire Sokal: un profesor español de matemáticas, Pascual D. Diago (de la Universidad de Valencia), cansado del spam constante de revistas depredadoras que recibía, decidió probar hasta dónde era capaz de llegar una de ellas con un experimento. Los resultados son o muy graciosos o muy tristes, según cómo lo miremos
En octubre de 2025 recibió una invitación del Clinical Journal of Obstetrics and Gynecology (una revista conocida por ser depredadora, que cobra miles de dólares por publicar sin apenas revisión) y respondió enviando un artículo completamente absurdo generado por ChatGPT, un texto ridículo que mezclaba obstetricia con matemáticas, hablando de “ecuaciones de dilatación cervical”, de “teoremas de función ovárica”, de que la secuencia de Fibonacci provoca antojos de números primos en embarazadas matemáticas, y tonterías por el estilo.
Lo mandó bajo pseudónimo, con referencias falsas, nombres de autor en plan cachondeo y gráficos sin sentido. La revista lo aceptó sin problemas, lo pasó por su “equipo de revisión profesional”, le pidió citas irrelevantes, lo calificó de “interesante” y “bien escrito” y lo aceptó en minutos. Y lo publicó con DOI real… aunque Diago nunca pagó los 2.949 dólares que le cobraban por publicación.
El artículo sigue online, indexado en bases como OpenAlex, y la revista sigue mandándole recordatorios de pago. Es un ejemplo perfecto de cómo funcionan estas revistas: cero rigor científico... sólo buscan dinero.
💥𝗥𝗼𝗺𝗽𝗶𝗲𝗻𝗱𝗼 𝗺𝗶𝘁𝗼𝘀 𝗲𝗻 𝗠𝗟: ¿𝗘𝘀𝘁á𝗻 𝗲𝗹 𝗦𝗠𝗢𝗧𝗘 𝘆 𝗲𝗹 𝘀𝘂𝗯𝗺𝘂𝗲𝘀𝘁𝗿𝗲𝗼 𝗮𝗿𝗿𝘂𝗶𝗻𝗮𝗻𝗱𝗼 𝘁𝘂𝘀 𝗺𝗼𝗱𝗲𝗹𝗼𝘀?
En la práctica estándar, el desequilibrio de clases se trata casi como una patología que debe ser "curada". Pero... ¡Cuidado!👇🧵
Lean esto. Es muy importante. Es el discurso de este 20.01.2026 en Davos del primer ministro canadiense @MarkJCarney. Esto irá a los libros de historia. Más allá de tener las referencias correctas y estar muy bien escrito, Carney tiene el valor y la lucidez de llamar de una vez a las cosas por su nombre.
Es un placer —y un deber— estar con ustedes en este punto de inflexión para Canadá y para el mundo.
Hoy hablaré de la ruptura del orden mundial, del fin de la grata ficción y del amanecer de una realidad brutal en la que la geopolítica de las grandes potencias no tiene freno.
Pero sostengo, aun así, que otros países —en particular las potencias medias como Canadá— no están indefensos. Tienen el poder de construir un nuevo orden que integre nuestros valores, como el respeto de los derechos humanos, el desarrollo sostenible, la solidaridad, la soberanía y la integridad territorial de los Estados.
El poder de los menos poderosos comienza con la honestidad.
Cada día se nos recuerda que vivimos en una era de rivalidad entre grandes potencias. Que el orden basado en normas se está desvaneciendo. Que los fuertes hacen lo que pueden, y los débiles sufren lo que deben.
Este aforismo de Tucídides se presenta como inevitable: la lógica natural de las relaciones internacionales reimponiéndose. Y, ante esa lógica, existe una fuerte tendencia de los países a adaptarse para encajar. A acomodarse. A evitar problemas. A esperar que el acatamiento compre seguridad.
No lo hará.
Entonces, ¿cuáles son nuestras opciones?
En 1978, el disidente checo Václav Havel escribió un ensayo titulado El poder de los sin poder. En él planteó una pregunta sencilla: ¿cómo se sostenía el sistema comunista?
Su respuesta empezaba con un verdulero. Cada mañana, este tendero coloca un letrero en su escaparate: “¡Proletarios de todos los países, uníos!”. No lo cree. Nadie lo cree. Pero lo coloca de todos modos: para evitar problemas, para señalar conformidad, para llevarse bien. Y como cada tendero en cada calle hace lo mismo, el sistema persiste.
No solo mediante la violencia, sino mediante la participación de la gente común en rituales que, en privado, sabe que son falsos.
Havel llamó a esto “vivir dentro de una mentira”. El poder del sistema no proviene de su verdad, sino de la disposición de todos a actuar como si fuera cierto. Y su fragilidad proviene de la misma fuente: cuando incluso una sola persona deja de actuar —cuando el verdulero quita su letrero— la ilusión empieza a resquebrajarse.
Ha llegado el momento de que las empresas y los países retiren sus letreros. Durante décadas, países como Canadá prosperaron bajo lo que llamamos el orden internacional basado en normas. Nos unimos a sus instituciones, alabamos sus principios y nos beneficiamos de su previsibilidad. Podíamos impulsar políticas exteriores basadas en valores bajo su protección.
Sabíamos que la historia del orden internacional basado en normas era parcialmente falsa. Que los más fuertes se eximirían cuando les conviniera. Que las reglas comerciales se aplicaban de manera asimétrica. Y que el derecho internacional se aplicaba con rigor variable según la identidad del acusado o de la víctima.
Esta ficción era útil, y la hegemonía estadounidense, en particular, ayudó a proveer bienes públicos: rutas marítimas abiertas, un sistema financiero estable, seguridad colectiva y apoyo a marcos para resolver disputas.
Así que pusimos el letrero en la ventana. Participamos en los rituales. Y, en gran medida, evitamos señalar las brechas entre la retórica y la realidad. Ese pacto ya no funciona. Permítanme ser directo: estamos en medio de una ruptura, no de una transición. En las dos últimas décadas, una serie de crisis —financiera, sanitaria, energética y geopolítica— dejó al descubierto los riesgos de una integración global extrema.
Más recientemente, las grandes potencias empezaron a usar la integración económica como arma. Aranceles como palanca. Infraestructura financiera como coerción. Cadenas de suministro como vulnerabilidades a explotar. No se puede “vivir dentro de la mentira” del beneficio mutuo mediante la integración cuando la integración se convierte en la fuente de tu subordinación. Las instituciones multilaterales en las que se apoyaban las potencias medias —la OMC, la ONU, las COP—, la arquitectura de la resolución colectiva de problemas, están muy debilitadas.
Como resultado, muchos países están llegando a las mismas conclusiones. Deben desarrollar mayor autonomía estratégica: en energía, alimentos, minerales críticos, finanzas y cadenas de suministro. Este impulso es comprensible. Un país que no puede alimentarse, abastecerse de energía o defenderse tiene pocas opciones. Cuando las normas ya no te protegen, debes protegerte tú. Pero seamos lúcidos sobre adónde conduce esto. Un mundo de fortalezas será más pobre, más frágil y menos sostenible.
Y hay otra verdad: si las grandes potencias abandonan incluso la pretensión de normas y valores para perseguir sin trabas su poder e intereses, los beneficios del “transaccionalismo” se vuelven más difíciles de replicar. Los hegemones no pueden monetizar continuamente sus relaciones. Los aliados diversificarán para cubrirse ante la incertidumbre. Comprarán seguros. Aumentarán opciones. Esto reconstruye la soberanía —una soberanía que antes estaba anclada en normas—, pero que estará cada vez más anclada en la capacidad de resistir la presión.
Esta gestión clásica del riesgo tiene un coste. Pero ese coste de la autonomía estratégica, de la soberanía, también puede compartirse. Las inversiones colectivas en resiliencia son más baratas que que cada uno construya su propia fortaleza. Los estándares compartidos reducen la fragmentación. Las complementariedades son de suma positiva.
La pregunta para las potencias medias, como Canadá, no es si debemos adaptarnos a esta nueva realidad. Debemos hacerlo. La pregunta es si nos adaptamos simplemente construyendo muros más altos —o si podemos hacer algo más ambicioso.
Canadá fue de los primeros en escuchar la llamada de atención, lo que nos llevó a cambiar de forma fundamental nuestra postura estratégica. Los canadienses saben que nuestra vieja y cómoda suposición de que nuestra geografía y nuestras membresías en alianzas conferían automáticamente prosperidad y seguridad ya no es válida.
Nuestro nuevo enfoque se basa en lo que Alexander Stubb ha denominado “realismo basado en valores” —o, dicho de otro modo, aspiramos a ser principistas y pragmáticos. Principistas en nuestro compromiso con valores fundamentales: la soberanía y la integridad territorial, la prohibición del uso de la fuerza salvo cuando sea coherente con la Carta de la ONU, el respeto de los derechos humanos. Pragmáticos al reconocer que el progreso suele ser incremental, que los intereses divergen, que no todos los socios comparten nuestros valores.
Nos estamos comprometiendo ampliamente, de forma estratégica, con los ojos abiertos. Afrontamos activamente el mundo tal como es, no esperamos al mundo tal como quisiéramos que fuera. Canadá está calibrando sus relaciones para que su profundidad refleje nuestros valores. Estamos priorizando un compromiso amplio para maximizar nuestra influencia, dada la fluidez del mundo, los riesgos que esto plantea y lo que está en juego de cara a lo que viene. Ya no dependemos solo de la fuerza de nuestros valores, sino también del valor de nuestra fuerza.
Estamos construyendo esa fuerza en casa. Desde que mi gobierno asumió el cargo, hemos recortado impuestos sobre ingresos, ganancias de capital e inversión empresarial; hemos eliminado todas las barreras federales al comercio interprovincial; y estamos acelerando un billón de dólares de inversión en energía, IA, minerales críticos, nuevos corredores comerciales y más allá. Estamos duplicando nuestro gasto en defensa para 2030, y lo hacemos de maneras que fortalezcan nuestras industrias nacionales.
Nos estamos diversificando rápidamente en el exterior. Hemos acordado una asociación estratégica integral con la Unión Europea, incluyendo la adhesión a SAFE, los mecanismos europeos de compra de defensa. Hemos firmado otros doce acuerdos comerciales y de seguridad en cuatro continentes en los últimos seis meses. En los últimos días, hemos concluido nuevas asociaciones estratégicas con China y Catar. Estamos negociando pactos de libre comercio con India, la ASEAN, Tailandia, Filipinas y Mercosur.
Para ayudar a resolver problemas globales, estamos impulsando una geometría variable: diferentes coaliciones para diferentes asuntos, basadas en valores e intereses. En Ucrania, somos miembro central de la Coalición de los Dispuestos y uno de los mayores contribuyentes per cápita a su defensa y seguridad. En soberanía ártica, nos mantenemos firmemente junto a Groenlandia y Dinamarca y apoyamos plenamente su derecho único a determinar el futuro de Groenlandia.
Nuestro compromiso con el Artículo 5 es inquebrantable. Trabajamos con nuestros aliados de la OTAN (incluyendo el Nordic Baltic 8) para asegurar aún más los flancos norte y oeste de la alianza, incluyendo inversiones sin precedentes en radar de alcance más allá del horizonte, submarinos, aeronaves y presencia terrestre.
En el comercio plurilateral, estamos impulsando esfuerzos para tender un puente entre el Acuerdo Transpacífico y la Unión Europea, creando un nuevo bloque comercial de 1.500 millones de personas. En minerales críticos, estamos formando clubes de compradores anclados en el G7 para que el mundo pueda diversificarse y alejarse de un suministro concentrado. En IA, cooperamos con democracias afines para garantizar que, en última instancia, no nos veamos obligados a elegir entre hegemones e hiperescaladores.
Esto no es multilateralismo ingenuo. Tampoco es depender de instituciones debilitadas. Es construir coaliciones que funcionen, asunto por asunto, con socios que comparten suficiente terreno común como para actuar juntos. En algunos casos, será la gran mayoría de las naciones. Y es crear una densa red de conexiones a través del comercio, la inversión y la cultura, de la que podamos valernos para desafíos y oportunidades futuras. Las potencias medias deben actuar juntas porque, si no estás en la mesa, estás en el menú. Las grandes potencias pueden permitirse ir solas. Tienen el tamaño de mercado, la capacidad militar, la palanca para dictar condiciones. Las potencias medias no.
Pero cuando solo negociamos bilateralmente con un hegemón, negociamos desde la debilidad. Aceptamos lo que se nos ofrece. Competimos entre nosotros por ser los más complacientes. Esto no es soberanía. Es la representación de la soberanía mientras se acepta la subordinación.
En un mundo de rivalidad entre grandes potencias, los países intermedios tienen una elección: competir entre sí por el favor o unirse para crear un tercer camino con impacto. No debemos permitir que el auge del poder duro nos ciegue ante el hecho de que el poder de la legitimidad, la integridad y las normas seguirá siendo fuerte —si elegimos ejercerlo juntos.
Lo cual me devuelve a Havel. ¿Qué significaría para las potencias medias “vivir en la verdad”?
Significa nombrar la realidad. Dejar de invocar el “orden internacional basado en normas” como si siguiera funcionando tal como se anuncia. Llamar al sistema por lo que es: un período en el que los más poderosos persiguen sus intereses usando la integración económica como un arma de coerción.
Significa actuar con coherencia. Aplicar los mismos estándares a aliados y rivales. Cuando las potencias medias critican la intimidación económica que viene de una dirección pero guardan silencio cuando viene de otra, estamos manteniendo el letrero en la ventana.
Significa construir aquello en lo que decimos creer. En lugar de esperar a que el hegemón restaure un orden que está desmantelando, crear instituciones y acuerdos que funcionen como se describen. Y significa reducir la palanca que permite la coerción.
Construir una economía doméstica fuerte debería ser siempre la prioridad de todo gobierno. Diversificar internacionalmente no es solo prudencia económica; es la base material para una política exterior honesta. Los países se ganan el derecho a posturas basadas en principios reduciendo su vulnerabilidad a represalias.
Canadá tiene lo que el mundo quiere. Somos una superpotencia energética. Poseemos vastas reservas de minerales críticos. Tenemos la población más educada del mundo. Nuestros fondos de pensiones están entre los mayores y más sofisticados inversores del planeta. Tenemos capital, talento y un gobierno con una enorme capacidad fiscal para actuar con decisión. Y tenemos los valores a los que muchos otros aspiran.
Canadá es una sociedad pluralista que funciona. Nuestro espacio público es ruidoso, diverso y libre. Los canadienses siguen comprometidos con la sostenibilidad. Somos un socio estable y fiable —en un mundo que no lo es—, un socio que construye y valora relaciones a largo plazo.
Canadá tiene algo más: el reconocimiento de lo que está ocurriendo y la determinación de actuar en consecuencia. Entendemos que esta ruptura exige más que adaptación. Exige honestidad sobre el mundo tal como es.
Estamos quitando el letrero de la ventana. El viejo orden no va a volver. No deberíamos lamentarlo. La nostalgia no es una estrategia. Pero, a partir de la fractura, podemos construir algo mejor, más fuerte y más justo. Esta es la tarea de las potencias medias, que son las que más tienen que perder en un mundo de fortalezas y las que más tienen que ganar en un mundo de cooperación genuina.
Los poderosos tienen su poder. Pero nosotros también tenemos algo: la capacidad de dejar de fingir, de nombrar la realidad, de construir nuestra fuerza en casa y de actuar juntos. Ese es el camino de Canadá. Lo elegimos abierta y confiadamente. Y es un camino ampliamente abierto a cualquier país dispuesto a recorrerlo con nosotros.
En 1749, un misterioso matemático recorría los astilleros del Támesis en Londres. Bajo la peluca de este inofensivo intelectual se escondía el mejor capitán de la Armada Española con una misión suicida: robar los secretos navales de Inglaterra. Jorge Juan. Tira del hilo 🧵👇🏽👇🏽👇🏽
ALERTA MUNDIAL
Muere en prisión nuestro compañero de lucha Alfredo Díaz, una nueva víctima del régimen criminal de Maduro.
Nuestra fuerza y oraciones para sus familiares y amigos. Venezuela los acompaña en su profundo dolor.
Buena pinta este tofu con chía, semillas de lino, jengibre, aceite de coco, soja, cúrcuma y sésamo. Resiliente, ecosostenible, empoderante y holístico.
He dudado si pronunciarme sobre este asunto, pero este tuit del PSOE me ha hecho explotar. Necesito desahogarme y expresar lo que llevo dentro:
Ha dimitido Mazón. Y está bien que lo haga. Eso deberían hacer todos los que —teniendo puestos de responsabilidad— fallaron y no estuvieron a la altura en la peor tragedia que hemos sufrido los valencianos.
Pero, si por un momento, en el PSOE se han creído que los valencianos (y el conjunto de España) nos vamos a tragar semejante basura, van listos...
Aquí —salvo el rebaño ciego que se traga toda la propaganda socialista— sabemos lo que ocurrió y somos plenamente conscientes del abandono estratégico al que nos sometió el Gobierno central. Un cálculo político que comenzó Pedro Sánchez el mismo 29 de octubre y que concluye ahora —con éxito para ellos— con la dimisión de Mazón. Y así están: celebrándolo como si hubiesen ganado la Champions.
Pero no. A nosotros no nos engañan. Sabemos lo que ocurrió y, ni lo hemos olvidado, NI LO VAMOS A OLVIDAR.
Este tuit del PSOE es un auténtico insulto a todos los valencianos y, al mismo tiempo, es un claro reflejo de lo que pretenden: Reescribir la historia. Son expertos en hacerlo (la Guerra Civil es un claro ejemplo de ello). Son expertos en usar el dolor de las tragedias para sacar rédito político. Lo hacen siempre.
Una cosa es mentir (algo a lo que, por desgracia, estamos acostumbrados), y otra cosa, infinitamente peor, es mentir y además sacar pecho de algo que no has hecho. Es maquiavélico. Es repugnante. Es de hijos de p...
Sinceramente. Hay que ser un auténtico monstruo sin escrúpulos para escribir algo así. Algo, por lo visto, sólo al alcance del Partido Socialista.
Pero que no se engañen: Valencia sabe la verdad. España sabe la verdad. Y, tarde o temprano, cuando al pueblo le toque pronunciarse: lo van a pagar. LO VAN A PAGAR MUY CARO.
No suelo estar de acuerdo con Han, pero en esto tiene toda la razón. Es algo que llevo años denunciando. Nos estamos cargando la educación superior y la cultura, y con ello el futuro del país.
El propietario vio en la cámara de seguridad que un oso jugaba en el columpio exterior todos los días, pero no podía subir.
Entonces mandó construir un columpio más grande y este fue el resultado.
Red Eléctrica ha vuelto a lanzar una señal de alarma: está detectando variaciones bruscas de tensión en la red y pide medidas urgentes para evitar un nuevo apagón. No lo dice abiertamente, pero el mensaje técnico es claro: al sistema español le falta potencia firme y síncrona (nuclear, gas e hidráulica), que aporta inercia, control de tensión y estabilidad.
Las renovables conectadas por inversores pueden cambiar su potencia en segundos, prácticamente en escalón. Esa rapidez, que en apariencia parece positiva, puede provocar oscilaciones que el sistema no siempre logra amortiguar. Antes, esas perturbaciones se disipaban gracias a las máquinas síncronas de las centrales nucleares, hidráulicas o de ciclo combinado, cuyos alternadores giran solidarios con la frecuencia eléctrica. Su masa rotante actúa como un estabilizador natural, frenando los cambios bruscos y manteniendo la tensión dentro de márgenes seguros.
Pero cada vez hay menos generación síncrona conectada. Cuando una nube cubre una planta solar o el viento cambia de golpe, el sistema responde con saltos eléctricos que pueden causar desconexiones automáticas de generación o demanda. Si eso ocurre en cadena, el resultado es un apagón.
REE no puede resolverlo por sí sola. El mercado eléctrico decide qué centrales operan, y si las síncronas quedan fuera por precio, el operador no puede encenderlas aunque las necesite para dar estabilidad. Por eso pide al Gobierno y a la CNMC que modifiquen los procedimientos de operación, limiten las rampas de las renovables y refuercen el control de tensión.
No menciona directamente la falta de potencia firme porque hacerlo implicaría reconocer su propia responsabilidad en el apagón de abril, cuando el sistema operó con una fracción mínima de generación síncrona. Pero el mensaje entre líneas es inequívoco: el sistema necesita más masa girando, más generación estable conectada para sostener la red.
La transición energética no consiste solo en producir megavatios-hora con bajas emisiones, sino en mantener el sistema en pie. Las centrales nucleares, que el Gobierno quiere cerrar, proporcionan las dos cosas. Sin potencia firme, no hay red segura.
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Arqueólogos han confirmado que las icónicas estatuas moai de la Isla de Pascua fueron transportadas a sus plataformas con cuerdas por un número sorprendentemente reducido de indígenas Rapa Nui, resolviendo así un misterio que se ha prolongado durante décadas.
Un nuevo estudio, publicado en el 'Journal of Archaeological Science', sugiere que los aldeanos Rapa Nui usaron cuerdas y transportaron las gigantescas estatuas en zigzag por caminos cuidadosamente diseñados.
"Esto demuestra que los Rapa Nui fueron increíblemente inteligentes. Lo descubrieron", afirmó el coautor del estudio, Carl Lipo, de la Universidad de Binghamton.
Las estatuas moai son figuras humanas monolíticas talladas por los habitantes de la Isla de Pascua entre 1250 y 1500 d. C. Cientos de estas estatuas fueron talladas en la cantera principal de moai por los nativos de la isla y transportadas a plataformas de piedra alrededor del perímetro de la isla.
Los investigadores habían teorizado previamente que las grandes estatuas eran trasladadas desde la cantera hasta las plataformas ceremoniales mediante un movimiento vertical y oscilante, lo que cuestionaba otra hipótesis según la cual se desplazaban tumbadas sobre dispositivos de madera.
En el nuevo estudio, los científicos crearon modelos 3D de alta resolución de las estatuas moai e identificaron características distintivas de diseño, como bases anchas en forma de D y una inclinación hacia adelante, lo que habría hecho más probable que se movieran con un movimiento oscilante y en zigzag.
Los investigadores pusieron a prueba esta teoría construyendo una réplica de un moai de 4.35 toneladas con el distintivo diseño de inclinación hacia adelante.
El equipo pudo transportar el moai 100 m en tan solo 40 minutos con tan solo 18 personas, una mejora notable con respecto a los intentos previos de transporte vertical.
"Una vez que se consigue moverlo, no es nada difícil: se tira con un solo brazo. Conserva energía y se mueve muy rápido", dijo el Dr. Lipo.
"Lo que vimos experimentalmente funciona. Y a medida que crece, sigue funcionando. Todos los atributos que observamos sobre el movimiento de estatuas gigantes se vuelven cada vez más consistentes a medida que crecen, porque se convierte en la única forma de moverlas", dijo.
"Los caminos de los Rapa Nui descubiertos en la isla refuerzan la teoría. Estos caminos, de unos 4.5 metros de ancho y sección transversal cóncava, parecen ideales para estabilizar las estatuas a medida que avanzaban", dicen los científicos.
"Cada vez que mueven una estatua, parece que están construyendo un camino. El camino es parte del movimiento de la estatua", dijo el Dr. Lipo. "De hecho, los vemos superpuestos, y muchas versiones paralelas de ellos. Lo que probablemente hacen es despejar un camino, moverlo, despejar otro, despejarlo más y moverlo correctamente en ciertas secuencias. Así que dedican mucho tiempo a la parte del camino", agregó.
Según los investigadores, actualmente no existe ninguna otra teoría que explique cómo se desplazaban los moai.
"Hay que encontrar evidencia que demuestre que no podían caminar. Porque nada de lo que hemos visto lo refuta", afirmó el Dr. Lipo. "De hecho, todo lo que vemos y en lo que pensamos refuerza este argumento".