🚨 #Ahora | Inicia la primera reunión de miembros de #LACECMéxico, un espacio que reúne a empresas, desarrolladores, instituciones financieras, asociaciones y organizaciones para impulsar el mercado corporativo de energía limpia en México. 🧵
En su intervención, @islands76 señaló que el reto no es únicamente movilizar más recursos, sino convertir la ambición climática en una cartera de proyectos financiables, capaz de atraer inversión y acelerar la implementación de soluciones.
En el Panel de Energía, Iván Islas (@islands76), director de Economía de WRI México, participó junto con representantes de @ideathinktankmx y @SENER_mx en una conversación sobre cómo convertir las metas de transición energética en proyectos capaces de atraer inversión.
Milton Friedman on five myths that just won’t die:
1) The Robber Baron myth
2) The Great Depression myth
3) The Big Government myth
4) The Free Lunch myth
5) The Robin Hood myth
Milton Friedman: “Those people who now call themselves ‘liberals’ have misappropriated the term because for them it simply means that they’re liberal with other people’s money.”
Milton Friedman: “Keep your eye on one thing and one thing only: how much government is spending, because that’s the true tax.”
“If you’re not paying for it in the form of explicit taxes, you’re paying for it indirectly in the form of inflation or borrowing.”
El régimen de Fidel Castro volvió a Cuba una isla de pesadumbre. Traicionó a Martí, emuló a Stalin. Ojalá Cuba se libere. Si lo logra, sorprenderá a todo el mundo en el siglo XXI.
La Crítica de Lucas
A mediados de los años 70, cuando el keynesianismo todavía reinaba como dogma incuestionable en las facultades de economía y servía de coartada científica a todo tipo de experimentos estatistas, Robert Lucas Jr. observó con frialdad británica cómo sus colegas construían castillos econométricos sobre arena movediza. Tomaban datos históricos (consumo, inversión, inflación, desempleo) y los trataban como si fueran leyes físicas inmutables, «invariantes» que un gobierno podía manipular a voluntad para conseguir resultados predecibles. Lucas, con su rigor matemático y su desconfianza hacia las ilusiones intervencionistas, desmontó esa arrogancia en 1976 con un artículo que sacudió la profesión: la «Crítica de Lucas».
Su núcleo es demoledor: las relaciones económicas observadas en el pasado no son estables porque los agentes racionales; es decir, individuos, empresas, familias, anticipan las políticas y modifican su comportamiento. Lo que parecía una «invariante» (por ejemplo, que más gasto público siempre genera más empleo) deja de serlo en cuanto la gente se da cuenta del juego. Los parámetros de los modelos econométricos cambian precisamente cuando se intenta usarlos para intervenir. Los seres humanos no son bolas de billar pasivas; son jugadores que ajustan sus estrategias al conocer las reglas nuevas.
Esta idea no surgió en el vacío. Lucas y sus colegas de la Escuela de Chicago, herederos de Friedman y antes de Hayek, combatían el consenso keynesiano dominante que había alimentado décadas de inflación, estanflación y experimentos estatistas. Demostraron que las políticas discrecionales basadas en promedios históricos estaban condenadas al fracaso porque ignoraban la racionalidad adaptativa de las personas.
Los devotos del colectivismo, esos ingenieros sociales de izquierda que jamás han conocido un incentivo que no quisieran distorsionar, encarnan la Crítica de Lucas en su forma más patética y repetitiva. Prometen «impuestos a los ricos que sufragarán todo», renta básica universal, gratuidad total de universidad y sanidad, o cualquier otro paraíso financiado por el «otro». Sus modelos keynesianos reciclados, calibrados con datos de épocas donde aún existía disciplina fiscal y movilidad limitada, predicen maravillas. Pero en cuanto anuncian la fiesta, los agentes responden exactamente como Lucas advirtió.
Los ricos aceleran su emigración o perfeccionan la evasión legal (véase Argentina bajo el kirchnerismo y Fernández, o Venezuela chavista donde la élite bolivariana mandó fortunas al exterior mientras predicaba socialismo).
Los trabajadores de ingresos medios reducen el esfuerzo, las horas o la inversión en capital humano porque el retorno marginal se les evapora.
Las parejas posponen o renuncian a tener hijos al ver que el Estado «se hace cargo» (el colapso demográfico en los países de bienestar generoso es el ejemplo vivo).
Los empresarios dejan de arriesgar porque anticipan expropiaciones encubiertas, controles de precios y confiscaciones futuras.
«Esta vez será diferente, con más voluntad política». Esa frase, repetida como mantra por la tribu roja cada vez que un experimento se pudre, es la negación explícita de la Crítica de Lucas. Ignoran que el comportamiento humano no es una arcilla moldeable por los burócratas. Los mismos «modelos» que supuestamente funcionaron en contextos pequeños y homogéneos (una empresa estatal aquí, un subsidio temporal allá) colapsan al escalar porque alteran radicalmente las expectativas y los incentivos de millones. Cuba, Nicaragua, la Venezuela de Maduro o la Argentina peronista más reciente no son anomalías; son la predicción natural de Lucas hecha carne: políticas basadas en relaciones históricas que dejan de valer en cuanto se implementan.
Mientras los igualitaristas de salón siguen culpando a «los saboteadores», «el imperio» o «la falta de recursos», la realidad termodinámica de la racionalidad individual sigue operando. La gente no obedece ecuaciones de planificación central; ajusta su conducta para minimizar los daños y maximizar su supervivencia. El resultado es siempre el mismo. Estancamiento, fuga de cerebros, economía sumergida, deuda insostenible y, finalmente, el grito autoritario pidiendo más poder para «corregir» los desajustes que ellos mismos provocaron.
La Crítica de Lucas no es una teoría más de economistas de pizarra. Es una advertencia incómoda contra la arrogancia intervencionista: pretender modelar la sociedad como un sistema mecánico donde los humanos son variables fijas solo produce ruinas previsibles. Los zurdos pueden seguir prometiendo el cielo con los datos del pasado; la gente, anticipando el infierno, ya está votando con los pies. Y los pies, como siempre, terminan huyendo de sus paraísos planificados.
La crisis de vivienda no es un fracaso del mercado.
Es el resultado predecible de décadas de intervención acumulada sobre un mercado que, si se lo deja funcionar, resuelve sus propios desequilibrios de la manera más eficiente.
El mecanismo es sencillo.
Cuando la demanda de vivienda sube, los precios suben.
Esa señal atrae capital hacia la construcción, aumenta la oferta y modera el precio.
Nadie planifica eso.
El Estado interrumpe ese proceso en cada etapa y después culpa al mercado por el resultado.
La zonificación es el primer eslabón.
No es una regulación neutra de uso del suelo, es una restricción sobre quién puede construir qué, dónde y cuánto.
En San Francisco, más del 75% del suelo residencial está zonificado exclusivamente para viviendas unifamiliares.
Esto no es un dato menor, significa que la ciudad legalmente prohíbe el tipo de densidad que resolvería su escasez.
El resultado es una ciudad de 880.000 habitantes con menos permisos de construcción nuevos por año que muchas ciudades medianas del interior del país.
El precio mediano de una vivienda supera el millón de dólares no a pesar de las regulaciones sino por ellas.
Tokio construye.
En 2022 emitió más de 145.000 permisos de construcción, más que todo el estado de California junto.
La diferencia no es la demanda, Tokio tiene 14 millones de habitantes en el área metropolitana.
La diferencia es que Japón liberalizó su código de zonificación a nivel nacional en los años noventa, y Tokio construye en altura con mínimas restricciones.
El resultado es que los alquileres reales en Tokio ajustados por inflación cayeron en las últimas tres décadas mientras subían en casi todas las ciudades occidentales reguladas.
El mercado funciona cuando se lo deja funcionar.
La regulación de alquileres agrava el problema en lugar de resolverlo.
Fijar el precio de un bien por debajo del precio de mercado reduce la oferta de ese bien.
Cuando alquilar se vuelve menos rentable, los propietarios convierten sus unidades en otros usos, las retiran del mercado o simplemente dejan de mantenerlas.
El stock habitacional disponible se contrae y se deteriora.
Quien ya tiene un alquiler barato lo retiene indefinidamente, aunque su situación haya cambiado, porque el costo de moverse es enorme.
El mercado se congela.
En Barcelona, la regulación de alquileres introducida en 2020 produjo una caída del 14% en la oferta disponible en menos de un año antes de ser suspendida judicialmente.
En Estocolmo, donde el control de alquileres existe desde los años cuarenta, la lista de espera para una vivienda de alquiler regulada supera los veinte años en promedio.
Los beneficiados son quienes entraron al sistema décadas atrás; los perjudicados son exactamente quienes el sistema dice proteger, los que buscan hoy.
Los subsidios a la demanda, habitualmente presentados como la solución de mercado, inflan el problema desde el otro lado.
Si el Estado transfiere poder de compra a los demandantes sin resolver las restricciones sobre la oferta, el resultado no es más vivienda accesible, es el mismo stock disponible a precios más altos.
El subsidio lo captura el vendedor o el propietario, no el beneficiario.
Es una transferencia de riqueza financiada con impuestos hacia quienes ya tienen propiedad, disfrazada de política social.
El programa Section 8 en Estados Unidos lleva décadas moestrando este mecanismo, los alquileres en los mercados con alta cobertura del subsidio son sistemáticamente más caros que en mercados comparables sin él.
Cada instrumento de política habitacional produce el efecto opuesto al declarado.
La zonificación restrictiva reduce la oferta.
El control de alquileres contrae y deteriora el stock.
Los subsidios a la demanda elevan los precios.
Las restricciones de densidad encarecen la construcción.
Los procesos de aprobación largos y costosos desincentivan a los desarrolladores pequeños y concentran el mercado en los grandes operadores con capacidad de absorber años de trámites.
El Estado no falla accidentalmente, falla estructuralmente.
La solución no requiere un programa nuevo, requiere retirar la porquería actual.
Lean 'Man, Economy, and State de Rothbard'.
La teoría del capital y los precios que desarrolla ahí es exactamente el marco que destruye cualquier justificación para el control de alquileres o los subsidios.
¿A poco no hubiera sido increíble recibir al mundo en este Mundial en un aeropuerto de primer nivel como el NAIM? Con capacidad para 70 millones de pasajeros y tres pistas simultáneas, pensado para convertirse en un verdadero hub global.
Pero no. Vamos a hacerlo con un sistema parchado: un AICM rebasado y un AIFA subutilizado. Entre ambos apenas igualan lo que ya se movía antes. No es progreso, es retroceso. Perdimos una oportunidad histórica de mostrar un México moderno. Y eso, simplemente, no se vale. Ojalá que en un futuro próximo los mexicanos dejemos de perder oportunidades.
Oigan:
La semana pasada SEMARNAT sacó el factor de emisiones del Sistema Eléctrico Nacional. O sea, cuánto CO2 emitimos a la atmósfera por cada MWh que generamos de energía eléctrica.
Lo bueno: dejaron de crecer las emisiones.
Lo malo: tampoco bajaron las emisiones.
Lo feo: faltan un par de años para que empiecen a bajar, producto de las nuevas centrales renovables.
Pero al menos mejora la expectativa respecto a los seis años anteriores.
@macariomx@JLozanoA@Donvix Se incrementó entonces el costo (en términos de tiempo) de usar el auto. Qué mejor incentivo para bajarse del auto y usar la ciclovía, además de los beneficios de hacer ejercicio, relajarse y llegar más rápido (dado que solo dos ciclistas la usan). ¡Saludos!
The US is doing a remarkable job with the blockade. It's substantially reduced Iran's oil exports, seized an Iranian ship and threatened secondary sanctions on Chinese banks that deal in Iranian oil. Meanwhile, oil prices are down from their highs. Kudos!
https://t.co/uHbYpTwGR1
“Has monetary policy ever done any good? I don’t think it has. I think it has done only harm. That’s why I’m now pleading for what I have called denationalization of money.”
— Friedrich Hayek
To prepare for the future, we must look beyond narrow technical skills and focus on social, emotional and physical skills that will allow us to be ready for whatever comes our way.
¿Cómo funciona una refinería, como la Olmeca (Dos Bocas)? Entender un poco el proceso de refinamiento del petróleo crudo en sus derivados (incluyendo gasolinas), es esencial para poder racionalizar el impacto del incidente reciente en la planta de coquización. A continuación, un hilo divulgador al respecto: /1