•Como ya te lo he dicho -prosiguió don Juan-, la brujería es un viaje de retorno.
Retornamos al espíritu, victoriosos, después de haber descendido al infierno. Y desde el infierno traemos trofeos. El puro entendimiento es uno de esos trofeos.
No sé en qué momento me dejé convencer de que una carrera corporativa -con horario de 8 a 5- es mejor que trabajar unas horas a la semana para el resto de horas podérselas dedicar a explorar y llenar la biblioteca de uno.
Al cabo de los años he observado que la belleza, como la felicidad, es frecuente. No pasa un día en que no estemos, un instante, en el paraíso. No hay poeta, por mediocre que sea, que no haya escrito el mejor verso de la literatura, pero también los más desdichados. La belleza no es privilegio de unos cuantos nombres ilustres. Sería muy raro que este libro, que abarca unas cuarenta composiciones, no atesorara una sola línea secreta, digna de acompañarte hasta el fin.
Ese lenguaje empresarial de “querer comerse el mundo” o “crecer a lo bestia” hace que los que no somos ambiciosos nos sintamos culpables. Lo siento si mi aspiración en la vida es poder desayunar tranquila todos los días y tener disposición temporal y mental para leer.