A veces la mejor respuesta no es discutir, insistir o convencer. Es tomar distancia, observar y dejar que cada persona experimente las consecuencias de lo que da. Porque muchas veces no se entiende el peso de una actitud hasta que se recibe exactamente lo mismo.
Estoy eligiendo mi tranquilidad, porque ya entendí que no necesito drama, ni pruebas. No quiero discusiones, ni conexiones vacías que solo desgastan. Aprendí que no decir nada también es una respuesta poderosa, y que proteger mi paz no es egoísmo, es amor propio.