Lávense la boca cuando quieran hablar de Roberto Carlos Alvarado. No tienen idea de este deporte.
Tres asistencias en la Copa del Mundo de ese que dicen que es malísimo y que solo aporta defensivamente.
Amigos mexicanos, les pido un poco de comprensión. Este es el día más importante en la historia de Ecuador después de su independencia y el concierto de Shakira en Guayaquil. Es normal que estén alterados y nerviosos. Tratémoslos con delicadeza.
Seguido me llegan mensajes que dicen: "no estoy de acuerdo contigo en algunas cosas, pero aún así los escucho...."
¿Por qué abrir un mensaje con esta información? ¿Como si yo esperara que quienes escuchan un podcast —entretenimiento— piensen todos idéntico a mí?
Porque tienen enraizada —en lo más hondo de su ser— la idea de que todos tenemos que pensar igual.
Que tenemos que ser como un culto, monolítico. Y que el que piense diferente, es hereje. Es malo. No entiende. Problemático. Está comprado. Es peligroso.
Se juntan en grupos en busca de identidad —que viene de ser idénticos— y así perdieron su individualidad. Perdieron lo que los hace únicos.
Es el pez que ya no puede ver el agua. Por eso su hazaña se convirtió cruzar palabra con alguien que piensa diferente, como si eso fuera un logro.
Para ellos, lo es.
Pero lo normal es que NUNCA coincidas con otra persona en TODO. Si lo haces, es porque uno está pensando por los dos.
O en este caso, el ideólogo está pensando por ti.
La identidad colectiva los atrae porque les da la ilusión de fuerza. El precio a pagar es que pierden lo que los vuelve únicos.
Un día quise ser como mi maestro, y me dio la mejor lección:
No seas como yo, sé como tú.