Que sea familia no significa que tengas que aceptar todo.
Lo que no es correcto, no es correcto. La familia debería sentirse como un hogar, no como un lugar donde constantemente tienes que defender tu tranquilidad. El parentesco no es permiso para cruzar límites, o generar tensión.
Amar a la familia también puede significar saber poner límites.
Convivan mucho con sus mascotas. No permitan que se conviertan simplemente en parte del paisaje de todos los días. Abrácenlas, jueguen con ellas, disfruten su compañía y recuerden siempre la primera vez que se vieron.
Porque para nosotros son parte de la vida, pero para ellas, nosotros somos toda su vida.
Yo soy de las personas que creen en el amor romántico, las comidas familiares los domingos, los besos, el tiempo de calidad, las tardes juntos, cocinar en pareja, hacer planes a futuro, reírnos por cualquier cosa y disfrutar de la vida al lado de la persona que amo. TODO ESO.
¿Cuál es tu manera de amar?
La intercesión.
¿Interceder?
Sí. Cuando alguien me importa, lo llevo conmigo en mi mente, en mi corazón y en cada conversación sincera que tengo con Dios.
Pido por su bienestar, por su descanso y por su alegría. Aunque nunca lo sepan. Aunque exista distancia.
Porque querer a alguien, para mí, también es no olvidar su nombre cuando hablo con Dios.
Hoy me encontré con una frase que me hizo pensar mucho:
“Antes de que Dios te suba de nivel, te mostrará el corazón de quienes te rodean, para que sepas a quién llevar contigo y a quién amar desde la distancia.”
Creo sinceramente que, pase lo que pase, la vida siempre encontrará la forma de verme salir adelante.
Tengo fe en mí, en Dios y en todo lo que todavía está por venir.
No nací para rendirme. Nací para levantarme cada vez que sea necesario y seguir construyendo la vida que quiero.
Amo la playa. Ojalá a mi futuro esposo se le ocurra llevarme de vacaciones a una casita frente al mar, rodeados de mucha fruta, buena comida y canciones bonitas para bailar juntos.
Madurar también es poder decir:
“Sí, probablemente me gustas mucho, pero tenemos formas distintas de entender el amor, planes diferentes y buscamos cosas que no van en la misma dirección.
Gracias por tu tiempo, por tus palabras y por el cariño que me brindaste desde tus posibilidades.
Te deseo cosas buenas en tu vida y, de corazón, espero verte cumplir cada uno de esos sueños que alguna vez me contaste.”
Una de las cosas más valiosas de una relación sana es mantener presente a tu pareja.
No es dependencia, es consideración.
No es control, es interés.
Avisar, compartir cómo va tu día, contar dónde estás o simplemente decir “aquí estoy” parecen pequeños detalles, pero construyen algo enorme: confianza.
Porque en medio de un día lleno de cosas, hacerle saber a alguien que lo tienes presente también es una forma de decirle: “sigues siendo importante para mí.”
Y de repente… ya no necesitas 20 amigos, te basta con un círculo pequeño y sincero.
La salud se vuelve prioridad.
Las fiestas se cambian por noches tranquilas.
La estabilidad financiera se convierte en una meta.
La familia se vuelve uno de tus mayores placeres.
Y las conversaciones contigo mismo se vuelven más profundas.
Hasta que un día te das cuenta de algo: estás bien con la vida que estás construyendo.