Sin duda, el tema de la actuación de Bad Bunny en la Super Bowl plantea debates fascinantes -e interminables- para la izquierda. ¿Cómo reaccionar cuando parte de tu discurso, representación o valores se da en los canales del poder hegemónico? ¿Es posible defender causas como el antifascismo, la denuncia del genocidio en Gaza o la igualdad entre seres humanos en casa de quien representa todo lo contrario? ¿Qué valor tiene y qué impacto para transformar la sociedad? ¿Hasta qué punto la capacidad de comercializar con la contrahegemonía cultural, o de dar espacio a cierta disidencia política para controlarla o cooptarla por parte del sistema, supone la anulación del mensaje?
Las personas con conciencia política saben perfectamente los riesgos y contradicciones de participar en las plataformas mediáticas de un sistema al que quieren transformar o, con suerte, erradicar. Hay muchas maneras de decidirse a hacerlo: desde los márgenes, desde la disputa en el centro -si te dejan y hasta donde te dejan-, desde posiciones intermedias, etc. Cada cual busca la que cree que es más útil, o en la que se siente mejor o en la que encuentra hueco para incidir. Frecuentemente se opina de lo que movería a ciertos artistas, personas a las que no conocemos y a las que les imputamos actitudes basándonos en declaraciones sueltas, o en acciones previas que nos llegan a través de la prensa o las redes. Creo que deberíamos ser más prudentes a la hora de juzgar a quienes no conocemos.
A veces la cosa es más simple y no todo el mundo es un trepa oportunista. Hay gente a la que, por circunstancias azarosas, le ha tocado jugar determinado papel en la vida y lo gestiona como mejor puede, en medio de grandes contradicciones. Si, por ejemplo, eres un chaval migrante que quiere dedicarse a la música y triunfas teniendo conciencia, siempre te vas a encontrar la tensión entre tu pasado popular y tu nueva posición de clase. Y ahí puedes elegir qué mensaje dar: olvidar o recordar tus orígenes. Eso puede que no signifique una posición revolucionaria pero no olvidar de donde se viene, y reivindicarlo, no deja de ser un mensaje político. En el actual contexto de redadas antiinmigrantes en EEUU, poner eso en el centro, como ha hecho Bad Bunny, es todavía más potente. Si a ese discurso le añadieras perspectiva social y contenido ideológico, pues entonces ya pasarías de ser referente musical a referente político (que son cosas muy distintas). Ojalá todo el mundo, también los artistas, tuvieran principios ideológicos tan claros y firmes pero, si viviéramos en una realidad así, no gobernarían los Trump, Milei y compañía.
Por supuesto, la gente organizada, además, sabe que ninguna salvación vendrá de manera individual sino colectiva. Que da igual lo que cante, escriba o diga alguien en un medio si tú no te organizas en tu trabajo para luchar por tus derechos. Pero, quién sabe, quizás ver que hay referentes musicales que desafían con su actitud, discurso o pose al poder y sus discursos tiene efecto en las personas que necesitan ver ejemplos bajo los reflectores en los que inspirarse. Esto es muy humano y no hay que desdeñarlo (ojo, digo analizarlo, no promoverlo). No se puede negar que los mitos movilizan porque llegan a partes profundas, no conscientes, de la psique. La música crea mitos, quizás más que una política, desgraciadamente, desacreditada. Pero esto es tema para debatir otro día...
En todo caso, nadie es ingenuo a estas alturas, de ahí que se valoren los resquicios por los que se puede colar alguna idea distinta que vaya en sentido emancipatorio, no tanto porque se crea que así se va a cambiar el mundo y acabar con el capitalismo sino porque supone el reconocimiento de la existencia de unas posiciones políticas con la suficiente fuerza como para no poder ignorarlas. Y entre los intentos de cooptación, anulación y fagocitación de esas ideas por parte del sistema también se da la batalla. El resultado no lo decretan los ya convencidos sino los que, tal vez por primera vez, escuchen o vean algo distinto en medio del discurso monocorde. Bon dia!
Muchas gracias por avisarme que Bad Bunny pertenece a la industria del espectáculo y no a la guerrilla urbana o la poesía experimental; la verdad, jamás se me habría ocurrido y mucho menos viendo el halftime show del superbowl.
Después de mi alienación a Bad Bunny por el medio tiempo del superbowl, ya estoy leyendo de nuevo El Capital de Marx, no vaya a ser que pierda mi capacidad de crítica al sistema.
Una lastima como Bad Bunny no lideró una asamblea de ollas comunitarias sentipensantes anarquistas antiespecistas horizontales, yo sinceramente no esperaba menos, falso revolucionario
Amis, un consejo de corazón: traten de definirse más por lo que les gusta que por lo que no. Llenar su discurso únicamente de lo que les desagrada los va a llevar a la amargura y los va a aislar y acercarlos a gente oscura. Constrúyanse más desde el amor y menos desde el odio.
Te puede gustar Bad Bunny y Johann Sebastian Bach. No pasa pasa nada.
Enfrascarse en dilemas de superioridad es llenar vacíos desde un supuesto pedestal.
Y es que de nada sirve celebrar la lucha y el statement político de Bad Bunny si no nos damos cuenta que nuestros cuerpos también son sujetos políticos y son influenciados por los intereses del sistema capitalista neocolonial, y muchas veces los replicamos sin darnos cuenta.
Okey claro que Bad Bunny devoró y lo amamos pero la lucha comienza en lo personal: deconstruyendo nuestro pensamiento colonial, eliminando de nuestro léxico palabras racistas y clasistas y revisando de qué forma replicamos las dinámicas violentas que Benito está denunciando.
the stories we’re embarrassed of are those we need to tell the most. there’s not a single human experience more cathartic than feeling seen by another’s compassion for their flaws https://t.co/4ZR0Simd51
violencia patriarcal??? en miss universo??? el programa cimentado, generado y creado desde el lente más patriarcal y misógino posible? debió haber sido una sorpresa enorme
Si tú crees que en México hace falta un Bukele o un grupo tipo ICE, déjame decirte que le tienes MUCHA fe a tu tono de piel, a tu sueldo a o a cualquier argumento clasista que te hace pensar que tú no eres parte de los "malos" y estarías a salvo.
Estás mil veces más cerca de ellos que de tu "tío Richi",
Que nada ni nadie te haga olvidarlo, antes de empezar a decir estupideces como pedir una intervención de Estados Unidos.
Una d las características más peculiares de la prosa de Juan Rulfo en Pedro Páramo es la forma tan exquisita que tiene de repetir las palabras, sílabas y consonantes, creando una sonoridad preciosa:
“acalambrado como mueren los que mueren muertos de miedo”
“Se oía el zumbido de