Soy Enrique Riquelme. Ayer estuve en El Hormiguero, dije que traería a Haaland al Real Madrid. Una hora más tarde su agente y su padre lo desmintieron. Pero no pasa nada. Así es el agujero.
Nací en Cox. Construí una empresa llamada Cox. No es poesía. Es branding y una coincidencia demasiado útil.
Quiero que te acuerdes, porque todo lo que viene después se entiende mejor cuando aceptas que la repetición no es un accidente. Cox, el pueblo. Cox, la empresa. Cox, el deudor. Cox, el comprador. Cox, la campaña. Cox, que miró a Iberdrola México, miró al Real Madrid, a Haaland, y decidió que la única salida de un agujero es hacia arriba.
Déjame explicar el agujero.
Una empresa normal crece generando caja, comprando activos, integrándolos, reduciendo deuda y volviéndose más fuerte.
Yo he descubierto un método más interesante. Y antes que yo lo hizo un tal Ponzi. El problema es que vives en un agujero permanente.
Compras lo siguiente antes de que lo anterior se haya explicado del todo. Luego levantas dinero nuevo. Luego el dinero nuevo hace que la presión vieja parezca manejable. Luego la operación más grande hace que la operación anterior parezca pequeña. Luego la historia más grande hace que las preguntas anteriores parezcan aburridas. Y todo así, una y otra vez.
La mecánica es familiar. Entra dinero nuevo. La presión vieja se relaja. La gente vuelve a respirar. Luego la gente necesita más aire.
La gente lo llama crecimiento cuando el gráfico sube. Lo llama visión cuando la nota de prensa está bien tirada. Lo llama transformación cuando los banqueros ya han cobrado.
La gente solo usa la palabra Ponzi cuando la música se para. Hasta entonces, es un proyecto transformador.
Cox anunció la compra de Iberdrola México por unos $4.200 millones.
El activo venía con deuda. Luego vino más deuda. Luego financiación bancaria. Luego bonos. Luego capital híbrido. Luego crédito privado. Luego el signo de interrogación.
Unos $425 millones. Inexplicados, inexplicables.
Fuentes financieras sugieren que me pudo ayudar el propio vendedor. ¿Quién sabe?
Cox dice que el activo genera caja. Bien.
Cox dice que el mercado de bonos apoyó la operación. Estupendo.
Cox dice que la transacción es transformacional. Excelente.
Pero a la deuda no le importan los adjetivos. A la deuda no le importa la estrategia. A la deuda no le importa la ambición. A la deuda no le importa formar parte de un proyecto transformador.
La deuda se despierta cada mañana y hace una sola pregunta: ¿Dónde está mi dinero?
Por eso la máquina tiene que seguir moviéndose.
Quedarse quieto es peligroso. Quedarse quieto da tiempo a leer. Quedarse quieto convierte la “visión” en aritmética. Quedarse quieto deja que los periodistas pregunten de dónde salieron los $425 millones. Quedarse quieto deja que los inversores pregunten por qué el dinero era tan caro.
Quedarse quieto deja que todos se den cuenta de que una empresa con caja limitada acaba de comprar algo enorme y llamó impulso al peso.
Así que subes.
Compras activos de Abengoa. Vacías la caja. Sales a bolsa. Compras Iberdrola México. Refinancias. Explicas. Explicas la explicación. Haces que la estructura sea más compleja que la pregunta.
Luego, como el agujero sigue debajo, buscas un lugar más alto. Un llano, un cerro, el Mulhacén.
El Real Madrid. Por supuesto: el Real Madrid.
El Real Madrid no es un club de fútbol. Es una institución soberana con estadio.
¿Qué si yo creo que puedo ganar a Florentino?
Por favor…
Algunas campañas están diseñadas para ganar. Otras están diseñadas para ser vistas. Algunas campañas no son elecciones. Son iluminación.
Convierten a un comprador apalancado en un personaje nacional. Convierten una pregunta de financiación en un perfil de liderazgo. Convierten “¿cómo puede permitirse Cox esto?” en “¿quién es el joven empresario que desafía a Florentino?”.
Esa es la belleza del gesto: no necesitas ganar. Necesitas parecer lo bastante grande como para parecer invencible.
Ayer, la gente preguntaba por el crédito privado, por los $425 millones. Hoy, pregunta por el Real Madrid.
Ayer, la pregunta era la financiación del la venta. Hoy, la pregunta es si puedo modernizar el club.
Ayer, el problema era el apalancamiento. Hoy, es mi valentía.
¿Ves el truco?
Déjame ser humilde: el truco no lo inventé yo. Vengo de una larga y noble estirpe: Ponzi, Gil, Ruiz-Mateos, solo por nombrar algunos.
El truco es una huida hacia adelante con el club como escudo.
La única salida del apalancamiento es más relato. La única salida de las preguntas es una pregunta más grande. La única salida del agujero es hacia arriba.
Y si subes lo suficiente, quizá los de abajo dejen de ver el agujero. Ven ambición. Ven juventud. Ven disrupción. Ven al hombre de Cox enfrentándose a Florentino Pérez. Ven el domingo. Ven unas elecciones. Ven drama.
No ven la estructura de capital. Pero la estructura de capital sigue ahí. Los bonos siguen ahí. La deuda bancaria sigue ahí. El híbrido sigue ahí. El crédito privado sigue ahí. La pregunta de los $425 millones sigue ahí. La necesidad de dinero nuevo sigue ahí.
La presión vieja no ha desaparecido. Ha sido renombrada.
Y eso es lo que pasa con las estructuras que necesitan que la siguiente historia sostenga la anterior.
No colapsan porque alguien haga una pregunta. Colapsan cuando ya no queda una historia más grande por contar.
Las elecciones son el domingo.
¿Y si gano? ¿Y si no? Sigo siendo el rey.
Domingo. Traigan una papeleta. Y una calculadora.
Me llamo Enrique Riquelme, soy de Cox y dirijo Cox: una empresa que compra gigantes con dinero inexplicado e inexplicable.
Enrique @legadoyfuturo26 , ahora que tienes tiempo, ¿puedes explicar el origen de los 425 MILLONES DE DÓLARES inexplicados cuando @grupocox compró @iberdrola México?
Soy Enrique Riquelme. Ayer estuve en El Hormiguero, dije que traería a Haaland al Real Madrid. Una hora más tarde su agente y su padre lo desmintieron. Pero no pasa nada. Así es el agujero.
Nací en Cox. Construí una empresa llamada Cox. No es poesía. Es branding y una coincidencia demasiado útil.
Quiero que te acuerdes, porque todo lo que viene después se entiende mejor cuando aceptas que la repetición no es un accidente. Cox, el pueblo. Cox, la empresa. Cox, el deudor. Cox, el comprador. Cox, la campaña. Cox, que miró a Iberdrola México, miró al Real Madrid, a Haaland, y decidió que la única salida de un agujero es hacia arriba.
Déjame explicar el agujero.
Una empresa normal crece generando caja, comprando activos, integrándolos, reduciendo deuda y volviéndose más fuerte.
Yo he descubierto un método más interesante. Y antes que yo lo hizo un tal Ponzi. El problema es que vives en un agujero permanente.
Compras lo siguiente antes de que lo anterior se haya explicado del todo. Luego levantas dinero nuevo. Luego el dinero nuevo hace que la presión vieja parezca manejable. Luego la operación más grande hace que la operación anterior parezca pequeña. Luego la historia más grande hace que las preguntas anteriores parezcan aburridas. Y todo así, una y otra vez.
La mecánica es familiar. Entra dinero nuevo. La presión vieja se relaja. La gente vuelve a respirar. Luego la gente necesita más aire.
La gente lo llama crecimiento cuando el gráfico sube. Lo llama visión cuando la nota de prensa está bien tirada. Lo llama transformación cuando los banqueros ya han cobrado.
La gente solo usa la palabra Ponzi cuando la música se para. Hasta entonces, es un proyecto transformador.
Cox anunció la compra de Iberdrola México por unos $4.200 millones.
El activo venía con deuda. Luego vino más deuda. Luego financiación bancaria. Luego bonos. Luego capital híbrido. Luego crédito privado. Luego el signo de interrogación.
Unos $425 millones. Inexplicados, inexplicables.
Fuentes financieras sugieren que me pudo ayudar el propio vendedor. ¿Quién sabe?
Cox dice que el activo genera caja. Bien.
Cox dice que el mercado de bonos apoyó la operación. Estupendo.
Cox dice que la transacción es transformacional. Excelente.
Pero a la deuda no le importan los adjetivos. A la deuda no le importa la estrategia. A la deuda no le importa la ambición. A la deuda no le importa formar parte de un proyecto transformador.
La deuda se despierta cada mañana y hace una sola pregunta: ¿Dónde está mi dinero?
Por eso la máquina tiene que seguir moviéndose.
Quedarse quieto es peligroso. Quedarse quieto da tiempo a leer. Quedarse quieto convierte la “visión” en aritmética. Quedarse quieto deja que los periodistas pregunten de dónde salieron los $425 millones. Quedarse quieto deja que los inversores pregunten por qué el dinero era tan caro.
Quedarse quieto deja que todos se den cuenta de que una empresa con caja limitada acaba de comprar algo enorme y llamó impulso al peso.
Así que subes.
Compras activos de Abengoa. Vacías la caja. Sales a bolsa. Compras Iberdrola México. Refinancias. Explicas. Explicas la explicación. Haces que la estructura sea más compleja que la pregunta.
Luego, como el agujero sigue debajo, buscas un lugar más alto. Un llano, un cerro, el Mulhacén.
El Real Madrid. Por supuesto: el Real Madrid.
El Real Madrid no es un club de fútbol. Es una institución soberana con estadio.
¿Qué si yo creo que puedo ganar a Florentino?
Por favor…
Algunas campañas están diseñadas para ganar. Otras están diseñadas para ser vistas. Algunas campañas no son elecciones. Son iluminación.
Convierten a un comprador apalancado en un personaje nacional. Convierten una pregunta de financiación en un perfil de liderazgo. Convierten “¿cómo puede permitirse Cox esto?” en “¿quién es el joven empresario que desafía a Florentino?”.
Esa es la belleza del gesto: no necesitas ganar. Necesitas parecer lo bastante grande como para parecer invencible.
Ayer, la gente preguntaba por el crédito privado, por los $425 millones. Hoy, pregunta por el Real Madrid.
Ayer, la pregunta era la financiación del la venta. Hoy, la pregunta es si puedo modernizar el club.
Ayer, el problema era el apalancamiento. Hoy, es mi valentía.
¿Ves el truco?
Déjame ser humilde: el truco no lo inventé yo. Vengo de una larga y noble estirpe: Ponzi, Gil, Ruiz-Mateos, solo por nombrar algunos.
El truco es una huida hacia adelante con el club como escudo.
La única salida del apalancamiento es más relato. La única salida de las preguntas es una pregunta más grande. La única salida del agujero es hacia arriba.
Y si subes lo suficiente, quizá los de abajo dejen de ver el agujero. Ven ambición. Ven juventud. Ven disrupción. Ven al hombre de Cox enfrentándose a Florentino Pérez. Ven el domingo. Ven unas elecciones. Ven drama.
No ven la estructura de capital. Pero la estructura de capital sigue ahí. Los bonos siguen ahí. La deuda bancaria sigue ahí. El híbrido sigue ahí. El crédito privado sigue ahí. La pregunta de los $425 millones sigue ahí. La necesidad de dinero nuevo sigue ahí.
La presión vieja no ha desaparecido. Ha sido renombrada.
Y eso es lo que pasa con las estructuras que necesitan que la siguiente historia sostenga la anterior.
No colapsan porque alguien haga una pregunta. Colapsan cuando ya no queda una historia más grande por contar.
Las elecciones son el domingo.
¿Y si gano? ¿Y si no? Sigo siendo el rey.
Domingo. Traigan una papeleta. Y una calculadora.
Me llamo Enrique Riquelme, soy de Cox y dirijo Cox: una empresa que compra gigantes con dinero inexplicado e inexplicable.
Kike, @legadoyfuturo26, corazón, ahora que ya se han acabado las elecciones para ti, ¿nos puedes contar de dónde salen los $425M inexplicados para que @grupocox compre el negocio en México de @iberdrola ? Porfis.
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