Creo que este país necesita trazar una línea entre lo que es disfraz y echarle morro. Acabo de ver a un pavo con una cicatriz pintada a rotulador negro en la frente que pretende contar como persona disfrazada y mira, no.
Ya sabéis que en esta casa, más que de homenajes virales, somos más de tributes ultra épicos que eran mejores en la cabeza del autor. Un diez al último.
Rebasado mi límite de fotos de ig con Joey mirando el asiento vacío de Chandler. Una vez más en redes, el post emotivo que te emociona por la mañana se convierte en una caricatura que te hace apagar el móvil por la tarde.
A ver si este año me acuerdo de comprar chuches para halloween, que luego me siento imbécil quedándome inmóvil y a oscuras en mi salón cuando oigo que los niños de mi bloque están llamado a las puertas.
Lo más bonito de llevar muchos años viviendo en un bloque en el que has visto crecer a los hijos de tus vecinos es cuando empiezan a tocar dos horas la misma canción en bucle con la flauta dulce.
He llegado hoy a Madrid en pleno diluvio y jamás he visto a tanta gente caminando por la calle sin paraguas calándose resignada. Se nos había olvidado lo que era esto.
Mi compañera alemana sigue mandándome el sticker de una pepa cuando me da las gracias por algo de curro. Estoy por decirle algo pero en realidad no quiero que deje de hacerlo nunca.
Es que es una mujer mayor que yo, amante del campo y de la vida sana, y yo creo que si se lo digo y piensa la cantidad de gente a la que le ha mandado la pastilla estos años igual la traumatizo o algo.
Dos chavales de 15 años a mi lado en el rodalies volviendo de clase y hablando supertranquis mientras miraban su móvil:
- Tengo que ir mañana a *sitio que no recuerdo*
- Te dejo mi abono si quieres
- Vale
- Pero lo cuidas con tu vida
- Ok
- Como lo pierdas te mato
- Vale
🥰