no me seduce tanto el nivel de tu discurso, sino la forma en que habitás tu realidad y la realidad que te rodea. No me conmueve tu apariencia, sino tus modos de hacerte notar. Me interesa tu rincón más oculto, no tu personaje social.
Sientan rabia, sientan tristeza, sientan frustración, sientan.
Pero no se olviden de transformar esos sentires en acción, en organización, en difusión, en resistencia y en lucha.
El pueblo es superior a sus dirigentes. Siempre.
¿Qué le pasa a Latinoamérica?
A veces siento que estamos atrapados en una especie de síndrome de Estocolmo colectivo. Votan una y otra vez por proyectos políticos que desprecian aquello que podría garantizar una vida más digna para las mayorías: el Estado, los derechos sociales, la igualdad de oportunidades, la inversión pública, la idea misma de comunidad.
No logro entender cómo la mitad de la población de cada país termina defendiendo discursos que nos dicen que el problema son los pobres, los trabajadores o quienes exigen derechos, mientras se entrega sin cuestionamientos la soberanía económica, los recursos naturales y las decisiones estratégicas a intereses externos.
La influencia de la geopolítica de Trump y de las nuevas derechas es innegable, pero esto ya no parece un fenómeno aislado. Es un patrón.
Y me pregunto cuánto tiene que ver el ecosistema digital en todo esto: la política convertida en espectáculo, los algoritmos idealizando estilos de vida particulares, la simplificación extrema de problemas complejos y una generación entera formándose más en TikTok que en espacios de reflexión colectiva.
No soy politóloga, y quizás por eso hago esta pregunta con genuina preocupación: ¿cómo llegamos a un continente tan polarizado? ¿Cómo dejamos de discutir proyectos de sociedad para empezar a vernos como enemigos irreconciliables?
Alguien explíqueme porque enserio que indignante y simplemente no comprendo.
Más que buscar culpables, creo que las izquierdas tenemos una enorme tarea de reconstrucción. Urgente!
Porque esto ya no se trata de una elección de un país. Se trata de entender qué mismo está pasando con América Latina.
Que la extrema derecha esté ganando terreno en Latinoamérica es el mejor ejemplo de lo peligrosa que puede ser la desinformación. Millones de personas votan a quienes prometen salvar sus países mientras impulsan políticas que los harán más injustos, más desiguales y menos libres.