lloré sola, dormí sola, me desahogué sola, me calmé los ataques de ansiedad sola, me sentí sola, me aconsejé sola, comí sola, paso tiempo sola. Nadie vivió mi vida, ni lloró mis lágrimas, entonces nadie tiene derecho a juzgar mi forma de ser.
Todavía estoy sanando, no solo del amor, también de los errores que cometí, de las veces que me fallé, de lo que no salió como esperaba. Estoy sanando de mí, por mí y para mí.