Jefe: “Llegaste 10 minutos tarde”.
Empleado: “Ayer me quedé hasta tarde terminando ese informe de última hora”.
Jefe: “Lo entiendo… pero las reglas son reglas y el horario hay que cumplirlo”.
Al día siguiente, el empleado llegó exactamente a su hora.
Y a las 5:00 pm en punto, apagó el ordenador.
Sin contestar correos electrónicos que estaban pendiente. Sin llevarse trabajo a casa.
Si la puntualidad no es negociable, el esfuerzo también debe tener límites.
El reconocimiento no puede ser unilateral.
Cuando se destacan los errores pero se ignora la dedicación, el verdadero mensaje queda claro:
Haz solo lo necesario. Nada más.
La empatía no cuesta nada.
¿La ausencia de ella? Eso puede costarte todo, especialmente a tu mejor persona de tu equipo.
“El corazón humano tiene una forma de volver a hacerse grande incluso después de que se haya roto en un millón de pedazos”.
"Los Puentes de Madison", Clint Eastwood