Nunca habíamos tenido tanta capacidad para producir información, pero tampoco había sido tan fácil falsificarla.
Necesitamos educación digital, pero sobre todo pensamiento crítico.
Una imagen puede modificarse, una voz puede clonarse y un video puede fabricarse artificialmente. Los llamados deepfakes pueden utilizarse para desinformar, manipular la opinión pública o destruir reputaciones.
Los datos son una de las materias primas más valiosas de nuestro tiempo. Cada interacción digital deja una huella. La inteligencia artificial multiplica la capacidad de analizar y utilizar esa información a gran escala.
Por eso la privacidad es hoy más vulnerable que nunca.
Cada vez que se habla de regular las redes sociales y la inteligencia artificial surge una preocupación legítima: ¿se busca proteger a las personas o controlar lo que piensan y dicen? Esta pregunta ha polarizado el debate cuando, en realidad, el desafío es mucho más complejo.
El bloatware y la falta de optimización de las apps es atroz y empeorará. Los programadores se han aficionado a los frameworks para hacerse la vida más fácil en vez de aprender a programar de verdad. Antes eran 50 líneas de código, hoy 10 líneas y cargan una librería monstruosa.
Los fabricantes de RAM han decidido dejar de lado la fabricación de memorias para ordenadores y teléfonos para centrarse en el más lucrativo negocio de la RAM para IA. El problema es que la oferta no va a cambiar en los próximos años y la demanda es bastante inelástica.
De alguna manera, la cosmología sigue siendo un caldo de cultivo para la especulación. Por ejemplo, si el universo se está expandiendo, ¿Qué hay fuera del mismo? ¿Hay otros universos o simplemente la pregunta no tiene sentido?
La observación, de que las leyes de la física son universales, es también un mero postulado indemostrable. ¿Cómo saber que las reglas que nos rigen en el universo son globales? ¿No podría pasar que las leyes de la física funcionan en una parte el universo y no en todo?
En física partimos siempre que las leyes que rigen todo son universales. Por ello mismo nos encontramos ante un mundo de especulaciones sobre la materia oscura.
La conversión de la vocación crítica en una checklist adormece al espectador, domestica la complejidad de lo icónico. La homogeneización metodológica de la crítica acaba por desalentar la mirada, lo que se traduce en una aplastante victoria de la imagen sobre la crítica.
Una de las objeciones más interesantes a la hipótesis de que vivimos en una simulación, consiste en que no habría poder computacional en el Universo para simular el comportamiento y las interacciones de cada partícula individual. La realidad es la suma de contingencias.
Un holograma determina la proyección donde cada espacio corresponde al todo, y no a un fragmento. La realidad implícita se manifiesta como explícita al surgir el observador. La mente universal no es la egocéntrica, pues su percepción es fragmentaria.
Esta semana, las grandes empresas tecnológicas han perdido más de un billón de dólares en capitalización de mercado. El aclamado grupo de los “siete magníficos” está conformado por Apple, Amazon, Meta, Nvidia, Microsoft, Alphabet y Tesla.
Al usar la palabra "bot" los usuarios niegan la inteligencia del perfil al que se refieren e intentan evitar que el usuario participe en una conversación.
Esa droga llamada Fentanilo, entraña una profundidad destructiva. Es la metáfora química del sueño tecnológico, del placer que, al sobrepasar los límites, te abisma en la nada. Una felicidad drogadictiva, un pharmakon, como diría Epicuro: mitad elixir, mitad veneno.
Estamos transitando entre la época de la psicopolítica digital y la crisis de la privacidad. El Big Data es un conocimiento de dominación que permite alterar la psique para condicionarla a un nivel prerreflexivo.