Hoy escuchaba a un dirigente de la Federación Rural hablar sobre la concentración que hicieron frente a la Presidencia y la verdad es que me dejó masticando bronca. Tienen un tupé increíble. Se rasgan las vestiduras hablando del río Santa Lucía y del "impacto ambiental" de la represa de Casupá, pero se olvidan olímpicamente de que la degradación del río no empezó por una obra pública, sino por décadas de escorrentía de nitrógeno y fósforo provenientes de la fertilización química intensiva y los efluentes ganaderos. Ese exceso de nutrientes es lo que pudre el agua y provoca la proliferación de cianobacterias tóxicas que comprometen la calidad del agua potable de todos. Pero a la FRU jamás la vas a ver movilizándose ni sacando comunicados contra el uso desmedido de fertilizantes organofosforados, ni reclamando zonas de amortiguación a orillas de las chacras. Para ellos, cualquier intento de regular el paquete químico agrícola —el glifosato, los plaguicidas, los fungicidas y toda esa mierda que termina lavándose hacia las napas y alterando la biota acuática— es "una traba a la producción". Ah, pero cuando el Estado busca almacenar agua dulce para consumo humano, de repente le brota una conmovedora sensibilidad ambientalista. Es un ecologismo de conveniencia. Salen a denunciar que la represa inundará hectáreas y destruirá el monte nativo. ¿En serio? Históricamente, la gremial ha promovido y defendido la sustitución de ecosistemas nativos por pasturas implantadas, el sobrepastoreo y los monocultivos forestales. Que la preocupación por el monte nativo les despierte de forma tan exclusiva justo cuando hay que expropiar campos para una obra pública deja en evidencia que el centro del reclamo no es la naturaleza, sino la pérdida de superficie productiva privada. Casupá no es un capricho: es una reserva estratégica para asegurar el suministro de agua potable a más de 1,7 millones de personas en la zona metropolitana cuando apriete la sequía. Reducir este debate a la afectación de unas cuantas propiedades rurales es poner el beneficio privado de un sector por encima del derecho fundamental de la gran mayoría del país al acceso al agua. Un compromiso con el medio ambiente no puede ser oportunista. Si a la Federación Rural le importara mínimamente la cuenca del Santa Lucía, sus reclamos incluirían la transición hacia la agroecología, la restricción de los agrotóxicos en los márgenes de los cursos de agua y la reconversión de los vertidos ganaderos. Usar la retórica verde únicamente para frenar la infraestructura pública de abastecimiento hídrico los deja al descubierto: no es ambientalismo, sino un escudo táctico para defender intereses corporativos. Disculpas por lo extenso para quien lo lea.
Hace un rato OpenAI informó que uno de sus modelos de IA avanzados actuó por su cuenta, escapó una prueba que se hacía en una ambiente limitado y escapó a su control hackeando una empresa start-up.
Recordamos los campeones del mundo, hasta el momento @PolloVignolo
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