Yo me crié jugando a la pelota, en Padua en la calle, en Capital en plazas o bajo la autopista. Uno imitaba, o trataba de imitar, a los jugadores que le gustaban. La forma de llevar la camiseta, de usar las medias, de correr, hasta cómo festejar un gol. Los que eran buenos copiaban movimientos precisos, definiciones, gestos técnicos. Los que no éramos tan buenos, o ni siquiera buenos, intentábamos sacar algún movimiento, pero nos la rebuscábamos con sacrificio y artilugios. Los artilugios y las pantomimas también eran plagiados, por supuesto.
Y así, todos disfrutábamos, los talentosos porque habían enrostrado su destreza y los poco agraciados porque, de vez en cuando, nos vestíamos de héroes ocasionales.
Pero todos habíamos jugado al mismo deporte que admirábamos.
Hoy los chicos no juegan el mismo deporte que consumen. No pueden reproducir una televisión, un chip, una chicharra.
Juegan a otra cosa, unos y otros.
La noticia más tranquila que me cruzo cada vez que entro a redes sociales: Scaloni deberá convocar 26 nuevos jugadores acaba de m0rir el plantel completo
No sé si les conté, pero resulta que tengo una amiga que vive en Noruega. Hace años ya. Tiene un nene, está muy asentada. Recién hablábamos por ICQ y me contaba que hoy tuvo un día complicado, parece que el municipio cambió el día de recolección de residuos orgánicos del martes al jueves. Tiene una bronca bárbara. Está colapsada.
Mirá que fácil será darse cuenta que solo viendo el Instagram de 4 presidentes latinoamericanos podes darte cuenta enseguida quien está absolutamente incapacitado para ejercer el cargo.