Lo único que te quiero decir es que todo va a estar bien, que con el tiempo las cosas se ordenan y las heridas se curan, incluso las más grandes.
Que por muy roto que esté tu corazón, volverás a ser feliz, te lo aseguro.
Creo profundamente que cuando Dios quiere hacerte una mujer exitosa, primero sacude tu mundo. Te aparta de quienes no suman, pone a prueba tu paciencia, te enfrenta con tu soledad y desafía tu fe. No para romperte, sino para pulirte. Porque antes de darte la vida que sueñas, te transforma en la mujer fuerte, consciente y merecedora capaz de sostenerla sin perderse.
Me prometí dejar de hacer cosas solo por compromiso o por no quedar mal con los demás. Si tengo ganas de salir, compartir o estar presente, lo haré de corazón. Pero si no me nace, también aprendí que está bien decir que no. Ya no quiero obligarme a encajar en planes, lugares o personas solo para complacer a otros. Mi paz y mi tranquilidad también merecen respeto.
No poner limites a tiempo sale caro.
La gente prueba hasta dónde puede llegar contigo.
Y algunos no paran hasta que los paras.
A veces un “no” seco educa más que una charla de veinte minutos.
Como se supone que voy a sanar mi feminidad si la mayor parte de mi vida soy:
Cuánto sale? Yo lo pago.
Quítate, yo lo hago sola.
Ya me lo compré yo.
Yo puedo sola.
Estoy bien así.
Yo resuelvo.
Ya cuadre.