He visto a muchas feministas diciendo: “¿Por qué cuando las mujeres salimos a marchar se escandalizan por las pintas y los destrozos, pero cuando la selección gana y el Ángel queda hecho un cagadero nadie dice nada? Nos odian por ser mujeres”. 🙄
Al chile, a mí ese análisis me parece insuficiente y despolitizado.
Yo estuve en ese festejo: vi basura, gente trepándose al Metrobús. Vatos organizando tiros. Alcohol por todos lados. Un desmadre monumental.
Sinceramente, tampoco me parece que eso sea un problema. Los espacios de protesta y los espacios de gozo colectivo son dos formas legítimas de apropiarse del espacio público.
Tenemos derecho a ambas.
En un país atravesado por tanta violencia y precariedad, los espacios de gozo colectivo también son subversivos.
Muchas de esas comparaciones, que además son falacias de falsa dicotomía, terminan cayendo en la misma lógica de: “esas no son las formas”. Solo cambian al sujeto.
Unos dicen: “las feministas no saben protestar”; las otras dicen: “miren a esos nacos celebrando”, no con esas palabras, pero sí con esas vibras.
Aquí es donde el análisis deja de ser feminista para convertirse en clasista.
Detrás de muchas de las comparaciones entre el trato que se le da a una celebración esencialmente de clase trabajadora y a una marcha feminista también se asoma una incomodidad con las formas en que la clase trabajadora ocupa el espacio público, hace ruido, bebe, celebra y desborda la ciudad. Es la misma lógica higienista que se aplica a las marchas, protestas y peregrinaciones, solo que ahora envuelta en lenguaje feminista.
No todo puede explicarse únicamente por el género, porque el género no es la cumbre de la opresión. Y cuando olvidas la clase, haces feminismo blanco. Y entre feminismo blanco y mierda, mejor mierda.
Yo no quiero una policía de los modos ni para la protesta ni para la celebración.
Defiendo el derecho a marchar con desvergue y fuego. Y también el derecho al gozo colectivo, sobre todo de la clase trabajadora.
Y recuerden: un feminismo que no incorpora la clase termina reproduciendo los mismos prejuicios que dice combatir.
México eligió en junio a la primera presidenta de su historia. No es cualquier cosa; es histórico. Claudia Sheinbaum, una mujer de izquierdas, se ha ganado la silla presidencial como la candidata más votada de la historia.Rompió con siglos de dominio masculino en la política mexicana. Y esto es un avance. Pero, como dicen en el barrio: al chile. ¿Qué tanto significa esto para los derechos de las mujeres?
Las protestas feministas en Ciudad de México han sido un temazo. Sheinbaum, en vez de apoyarlas al 100%, optó por la represión. Las manifestaciones fueron reprimidas con un uso excesivo de la fuerza. Sheinbaum también ha sido criticada por su cercanía con feministas transodiantes. Sheinbaum tiene ondas de “tira”, pero además, si en una mesa hay tres personas, dos son transodiantes y la tercera una jefa de Estado que no se posiciona, entonces hay tres transodiantes y una de ellas con un poder político enorme. Esto es peligroso, porque hace que el resto se sientan legitimadas.
Sheinbaum apoya la militarización como estrategia de seguridad. Está comprobado que los militares en las calles pueden llevar a violaciones de derechos humanos, crisis de violencia. Tener a los militares en tareas de seguridad pública ha provocado la crisis de derechos humanos y construcción de la paz que se vive en México. Las Fuerzas Armadas están preparadas para la guerra, no para tareas civiles. Los ejércitos son una organización opaca sin mecanismos de vigilancia que garanticen su actuar conforme a los derechos humanos. ¿Una militarista puede realmente significar un avance para los derechos de las mujeres?
Se dice que Sheinbaum es un modelo de representación, que ahora miles de niñas sabrán que sí pueden ser presidentas. Esto es una falacia. No todas las niñas verán a Sheinbaum y pensarán que ellas también pueden ser presidentas. Las diferencias de clase y raza son importantes. El género nos une, pero las diferencias de clase y raza nos separan. Las niñas más privilegiadas tendrán más chances, mientras que las de clase baja seguirán viendo esos sueños como algo lejano, y muchas se verán afectadas por las decisiones políticas que tomen las mujeres en cargos públicos. Porque no todas las mujeres queremos ni necesitamos lo mismo; el autoritarismo también tiene rostro de mujer.
La victoria de Sheinbaum es una victoria para la igualdad de género o desde la mirada del feminismo blanco hegemónico que considera al patriarcado como el único sistema de opresión y al sexo/género como el factor más determinante en la vida de las mujeres. Pero tener a la primera presidenta mexicana de la historia no necesariamente abona la emancipación de todas las mujeres. Porque no existe el patriarcado como sistema único de opresión: existen múltiples sistemas de opresión que interactúan entre sí. De nada sirve derrocar el machismo si el clasismo, el colonialismo, el transodio y el racismo siguen en pie. De nada sirve tener una presidenta mujer si a otras les tocará barrer los cristales rotos.
Las autoras feministas latinoamericanas coinciden en que la representación política de las mujeres no es suficiente. Critican la idea de que la presencia de mujeres en el poder garantiza automáticamente un cambio en las condiciones materiales o en la distribución del poder. Necesitamos un feminismo que no solo celebre el éxito individual, sino que también aborde las estructuras de poder que perpetúan la desigualdad. La verdadera liberación feminista requiere una transformación radical de las estructuras de poder. La presencia de mujeres en posiciones de poder no debe ser vista como un fin en sí mismo, sino como parte de una lucha más amplia por la justicia social y económica. Sheinbaum puede ser un símbolo de avance, pero también es un recordatorio de que la lucha por la igualdad de género es compleja y multifacética.
¿A mi CV puedo agregar que en mi chamba me echaron una porra e hicieron un brindis por mi en el evento de cierre que coordiné con todxs lxs colaboradorxs?
Mi columna “escuchemos a las juventudes que le cantan al narco”, dice muchas cosas. Las más importantes son estas:
“En México y Latinoamérica el pacto social no se rompe cuando el Estado protege la libertad de expresión y los derechos culturales permitiendo que expresiones culturales tengan un espacio, aunque nos parezcan éticamente cuestionables. El pacto social se rompe cuando el Estado genera las condiciones para que las, los y los jóvenes sean asesinados. Ser hombre, joven y empobrecido en México, es un Estado de emergencia, a las buenas conciencias les preocupa cómo influyen los corridos en las juventudes, pero incluso se benefician de las estructuras que producen fenómenos como el juvenicidio. El juvenicidio es un termino desarrollado por José Manuel Valenzuela Arce sobre la muerte de hombres jóvenes, precarizados, racializados, victimas de mil violencias como el racismo, el clasismo, la precarización económica, el machismo y el desplazamiento forzado, que culmina en muertes violentas. El pacto social se rompe cuando el Estado genera las condiciones para que la principal causa de muerte en jóvenes sea el asesinato a mano armada, y no cuando permiten que las juventudestengan acceso a la música que les interpela.
Recuerdo la primera vez que trabajé con adolescentes de contexto de alta precarización. Lloré todo el camino de regreso a casa porque cuando les pregunté sobre sus metas a futuro, la mitad de ellos veía el narcotrabajo como una opción viable y la otra mitad el ejército. En lugar de atacarme y culpar a los corridos, pensé en cómo estamos fallando como sociedad para que los jóvenes tengan tan pocas opciones. Me pregunté cómo estamos fallando cómo sociedad para que la única opción viable que conozcan para salir del umbral de la pobreza sea: un brazo armado, ya sea del Estado o de las organizaciones multicrimen. Han pasado diez años de aquella primera vez. La ultima vez que les pregunté me decían también: cantante de corridos como Junior H o rapero como Santa Fe Klan, las juventudes y existen y resisten más allá de nuestros juicios adultrocentrincos.
Dice Juan Carlos Ramírez Pimienta que no hay que escatimar la capacidad de las juventudes de resignificar los corridos. Los corridos son un canto de guerra para miles de jóvenes que crecieron en un México militarizado, en Guerra y sin oportunidades reales de desarrollo. Los corridos hablan del anheló de los jóvenes de callar bocas, de pasarla bien, de vivir su juventud y de salir del umbral de la pobreza. Las personas no usamos frases de corridos para hablar de nuestro anhelo de delinquir, las resignificamos para presumir nuestros logros y manifestar nuestros anhelos.”
Uno de mis propósitos de año nuevo fue: procurar no preocuparme por cosas que no puedo controlar.
Todavía ni es marzo y ya me dio colitis, dermatitis nerviosa, tic en el ojo y amsiedaaa.
Nomas que me paguen y voy a invertir en terapia, la mera verda.
Si algo aprendí este año es que se puede estar profundamente triste y aún así militar la alegría, se puede bailar con el corazón roto y la risa es bálsamo, no traición. Qué poderoso es el amor que me sostiene. Qué fortuna despertar junto a una sonrisa que me reconfigura los días.
Oye @BBVA_Mex Llevo días intentando activar la promoción del buen fin en mi TDC y la línea BBVA sirve NO SIRVE porque cada que marco la operadora me dice que no puedo ser atendida y que marque más tarde. ¿Será que algún día me van a contestar ?