¿LA FE ESTA MURIENDO?
El error del fatalismo nace de mirar la historia a través de una lente humana como si la fe fuera un objeto frágil que nosotros, con nuestro pequeño esfuerzo, tenemos que sostener para que no se extinga. recordemos siempre este principio de Santo Tomás de Aquino: adaequatio rei et intellectus (el intelecto es verdadero cuando se conforma y ajusta a la realidad objetiva). Teniendo esta base entonces, el intelecto llega a esta conclusión: la Fe NO está en peligro de extinción, está en peligro de ser ignorada.
La Fe no es una llama que nosotros alimentamos; ni siquiera nace en nosotros: es la luz ontológica que emana del mismo Dios Eterno. Por tanto, no puede morir porque su fuente es inagotable. Dionisio de Areopagita nos enseña que el Dios Uno y Trino no se agota en su participación. Por eso, la FE, como la irradiación (proodos) que desciende del Principio-DIOS, es la estructura misma de la realidad espiritual. Es por ello que cuando los hombres en el poder dicen “la Iglesia debe cambiar”, están cometiendo el error de categoría más grande de la historia: consideran que la Fe es un "producto moldeable", una "cultura", una "construcción social" que ellos pueden modificar. Esto parte de una visión ombliguista, antropocentrista y en consecuencia, limitada a lo temporal. Por tanto, en el video, lo que vemos en Écône no es “humanos salvando la fe”, sino la FE que emana de Dios como realidad eterna, manifestándose a pesar de la ceguera humana.
La procesión en Écône no fue un intento humano por “evitar que la Fe muriera”. Eso parte de una escala de pensamiento finita. La Fe, siendo la participación en la misma Vida de Dios, es indestructible por definición: no necesita que le demos permiso para subsistir, menos aún depende de que a un colegio de cardenales le parezca conveniente o no. Por eso, lo que vimos en Écône no fue una “resistencia agónica” de algo que se apaga, sino la demostración irrefutable de que la Verdad no es una opinión sujeta a los vaivenes de la historia. La Verdad ES y se despliega poderosa.
Por ese motivo, asumir que la fe “se niega a morir” es otorgarle a la crisis una importancia que no tiene. La crisis no es una "amenaza" para la Fe; la crisis es solo el humo que ciega a los hombres. Es "el humo de Satanás que ha entrado a la casa de Dios desde una grieta" Pablo VI. Y en Écône, lo que ocurrió fue simplemente el despliegue de la realidad. Mientras muchos se perdían en el laberinto de la autodemolición eclesiástica, ahí, sobre ese pequeño espacio de tierra en las montañas alpinas, el rito seguía fluyendo como ha fluido desde los apóstoles, demostrando que Dios no se ha mudado de Su casa: el corazón del hombre. Écône solo fue la manifestación de que la Tradición no es una elección, sino un hecho. No es una posición política sino la misma esencia del Cuerpo de Cristo que, al ser Eterno, no puede sino seguir engendrando hijos en la Verdad.
La jerarquía romana de nuestro tiempo, empecinada en su propio proceso de autodestrucción, intenta convencer al mundo de que el Cristianismo es algo que debe "adaptarse" y "sobrevivir en la modernidad". Pero la procesión de Écône les respondió con el silencio más elocuente de la historia: la Iglesia no "sobrevive", la Iglesia ES. Porque cuando los hombres, instigados por el odio preternatural hacia Cristo, deciden renunciar a Su señorío, la VERDAD permanece intacta en sus altares, esperando a que los hombres recuperen la sensatez.
Por eso, buscar a nuestro confesor o a nuestro padre espiritual en una procesión como esta no es buscar a un “guardián de una reliquia”. Es buscar a un sacerdote católico que ha comprendido que Dios nunca se fue. Es un sacerdote que sabe que él no es el autor de la fe, sino su humilde custodio. Porque estos sacerdotes no están "tratando de salvar a Dios de la historia": están simplemente negándose a participar de la locura de los hombres que creen que pueden apagar el sol con una cortina de humo. Porque como nos dice el Areopagita, la Gracia es la lluvia ontológica del Uno, Dios. Entonces el sacerdote custodio de esa fe no es alguien que “posee” la verdad como quien guarda un objeto en una caja. Es el hombre que se ha puesto bajo esa lluvia.
Por lo tanto, la FE no está en “terapia intensiva”. La FE está en su trono y todos nosotros somos los que estamos siendo puestos a prueba en este eclipse. La procesión de Écône fue el rayo de luz que demostró que el sol seguía ahí arriba, aunque casi todos hubieran cerrado las cortinas. Y precisamente, un padre espiritual que permite a la fe correr como agua en un manantial, es aquel que nos enseña a mirar hacia lo que ES, hacia lo Eterno, sin importar cuánta oscuridad nos digan que existe en el palacio. Dios ES ETERNO y todo lo que proviene de sus Gracias cayendo como Mana del Cielo sigue su curso natural y por tanto, Su Iglesia también. Lo demás, es solo ruido que pronto será olvidado y humo que pronto también, será eliminado.
autor: Mar Mounier.
“¿Por qué besar los pies de cismáticos y herejes? ¿Por qué abrazar a herejes, cismáticos, comunistas, masones? Ya no lo entiendo. ¡Ya no lo entiendo!”
“Esta no es nuestra Iglesia. Esta ya no es nuestra Iglesia católica. Ya no es nuestra fe católica.”
— Mons. Marcel Lefebvre, Ecône, 30 junio 1977.
"Gracias" a sacerdotes liberales, sus corifeos "bien adoctrinados" están llamando "protestantes" a católicos que defienden el corazón de la catolicidad: la tradición. Eso ha salido de la mente NECIA de Highton. ¿Esto era parte de la "caridad" conciliar? Lo que han hecho ha sido cortar los puentes y quemarlos, entre fieles que eran amigos aquí, hasta que la serpiente metió su veneno. Muchos fieles estamos absortos ante tremendo desate.
El Sínodo de la Sinodalidad engendró en marzo un documento que pretende destruir la “esencia” del sacerdocio católico, reconfigurándolo en “clave sinodal”.
Según este documento monstruoso, la “ratio fundamentalis” de la formación de los futuros sacerdotes deberá revisarse para que ésta pueda centrarse en una vida mundana; sólo así podrán surgir sacerdotes aptos para una “Iglesia sinodal”, con las competencias propias de la “escucha, el diálogo, la corresponsabilidad y el
discernimiento eclesial”.
En fin, según estos criterios tan estúpidos como cursis, James Martin estaría más cerca de este “nuevo modelo” que, por ejemplo, los sacerdotes supuestamente excomulgados de la FSSPX.
El conciliábulo Vaticano II es la REVOLUCIÓN de Luzbel infiltrando, infestando, violentando, invirtiendo, los principios y dogmas de la doctrina católica. Todo aquel que lo defienda, defiende la revolución por mas que lleve alzacuellos clerical.
El futuro de la Iglesia no depende de sus embustes y disfraces, sino de la Santidad de la Iglesia misma.
San Roberto Belarmino (1542-1621): El gran doctor de la Iglesia argumentó detalladamente que cuando un Papa actúa de manera destructiva para las almas o la fe, no se le debe adorar en sus errores, sino que "es lícito resistirle no haciendo lo que ordena e impidiendo la ejecución de su voluntad".⚔️
SSPX Fr. Davide Pagliarani: “What the Society of Saint Pius X has done, and will continue to do, is nothing other than an extraordinary initiative for the salvation of souls, amidst the doctrinal and moral confusion into which the Church is plunged.”
https://t.co/9Y5oDoj3Nj
Esta es la razón por la cual el 90% de los ataques infames e inclementes contra la FSSPX vinieron de órdenes pseudotradicionales salidas de las entrañas de la FSSPX, eso fue lo que pactaron en 1988 con Roma.
Llevan todo este tiempo calladas, aceptaron todo lo que rechazaban.
Protestante es en ESENCIA todo aquel que rechaza la transubstanciación. Quien niega que Nuestro Señor Jesucristo esté presente en Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad bajo las especies eucarísticas, niega la Redención en su plenitud y majestad cayendo en herejía. Este dogma es la piedra angular de la fe: si Cristo no está presente real, verdadera y sustancialmente en el Sacramento, la Iglesia se vacía de su centro y se convierte en una estructura sin espíritu.
Si usted comulga y un ignorante le tilda de ‘protestante’, esa persona solo exhibe su nulo conocimiento de la catolicidad. Quien se autodenomina ‘cristiano’ mientras rechaza la Eucaristía padece de disforia religiosa. Y el protestantismo es, históricamente, el primer brote de esta patología nacida del antropocentrismo: es la primacía del sujeto -con su libre examen y su juicio caprichoso- sobre el Objeto, que es la Realidad de Dios, la Tradición y la Jerarquía. Es el triunfo de la opinión subjetiva sobre la Verdad absoluta.
Recuerde: el católico basa su razón en el principio adaequatio rei et intellectus de Santo Tomás de Aquino. El intelecto no inventa la realidad, se adecúa a ella. Y Nuestro Señor Jesucristo VIVO y palpitante en la Eucaristía es una realidad atemporal e inmutable.
Un sacerdote católico, por definición, existe para el Sacramento. Si un consagrado pone en duda, reduce o niega la presencia real en favor de simbolismos vacíos o de una interpretación meramente comunitaria, o, si se atreve a llamar "protestante" a un católico en Cristo, abdica de su misión y traiciona el Depósito de la Fe. Cualquier sacerdote que afirme que un protestante es ‘cristiano’, implícitamente está rebajando la transubstanciación a una opinión opcional: por tanto, se coloca a sí mismo bajo anatema.
Nadie tiene autoridad para llamarle ‘protestante’ si usted confiesa y comulga a Nuestro Señor Jesucristo en la Sagrada Forma. Huya de aquel lobo con piel de oveja ensotanado que incoe a otros católicos a utilizar ese término para denostar a sus propios hermanos católicos.
La VERDAD no es negociable.
autor: Mar Mounier.
Olha isso
Culto Luterano na Igreja que São Dom Bosco fazia missas
Com autorização da Diocese de Turin, os Hereges Protestantes vão celebrar seu culto em Nosso Altar Católico
Então essa excomunhão foi pra me proteger dos Luteranos?
Fiquem vocês com os cultos protestantes!
La FSSPX ha desobedecido al Papa, cierto, pero no puede sostenerse que dicha desobediencia haya atentado contra una ley de derecho divino. Si fuese de derecho divino consagrar obispos con el permiso pontificio, entonces dicha ley sería indispensable, incluso en “estado de necesidad”.
Sin embargo, la misma historia de la Iglesia nos enseña que, en los primeros siglos, los apóstoles y sus sucesores consagraron obispos sin limitaciones, como san Eusebio de Samosata que, en el siglo IV, fue recorriendo las iglesias orientales intoxicadas de arrianismo, y allí consagró muchísimos obispos, pese a no tener jurisdicción alguna en esos lugares; el “estado de necesidad” no sólo se lo permitía, sino que le obligaba moralmente a hacerlo.
Lo que es de derecho divino es el primado de jurisdicción del papa, pero no sus leyes y disposiciones particulares, que son de derecho positivo eclesiástico.
Así, en la Edad Media, mediante convenientes leyes positivas, los romanos pontífices quisieron controlar mejor el nombramiento de obispos para defender la libertad de la Iglesia respecto del poder civil. Ésta fue, de hecho, la sana intención de Pío XII cuando estableció la pena de excomunión en el caso de que se consagrasen obispos sin mandato pontificio. En efecto, Pío XII quiso proteger la Iglesia de la dictadura comunista china, del mismo modo que los papas medievales quisieron protegerla respecto del emperador del Sacro Imperio o de algunos reyes despóticos.
Antes de Pío XII, la pena por desobedecer a dicha ley era la suspensión “a divinis”. Si dicha ley fuese de derecho divino, siempre hubiera conllevado la excomunión, porque, repito, lo que es de derecho divino es indispensable.
En fin, los obispos se deben subordinar al papa, pero éste debe subordinarse también a Dios y al bien universal de las almas. En el caso de que no lo haga, o sea, si mediante sus actos de gobierno hay un peligro para la fe —e. g. “Fiducia Supplicans”—, es lícito resistirle e incluso un deber hacerlo, como enseña, por ejemplo, el cardenal Cayetano: «Se debe resistir al papa que destruye abiertamente la Iglesia».
Los enemigos de la Iglesia, o sea, del «Cristo expandido», son legión, y éstos son tanto externos como internos. Respecto a los internos, los más nocivos son los innumerables oficialistas imbéciles.
℣. Ut inimicos sanctæ Ecclesiæ humiliare digneris.
℟. Te rogamus, audi nos.
CUESTIONES LEFEBVRIANAS
Varios de mis lectores me han preguntado acerca de las próximas consagraciones episcopales de la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X. Pues bien, he aquí mi posición, expresada pedagógicamente en forma de preguntas y respuestas:
1. ¿Pecarán mortalmente los lefebvrianos con estas consagraciones episcopales?
— No, en absoluto.
2. ¿No es un acto cismático?
— No, formalmente no lo es.
3. ¿Por qué formalmente no lo es?
— Porque, para que se produzca un «cisma perfecto», es necesario que exista una clara intención de realizar un acto cismático y de constituir, con los nuevos obispos, una jurisdicción jerárquica paralela a la existente en la Iglesia católica romana. Ahora bien, en este caso, no se dará ni una cosa ni otra.
4. ¿Puede ser, al menos, un acto de desobediencia?
— Sí, en efecto, lo es, al menos materialmente, ya que Roma no quiere que dichas consagraciones se celebren.
5. ¿Entonces, pecan mortalmente por desobediencia?
— Tampoco, porque, en este caso, la intención de la autoridad de la FSSPX, de los consagrantes y de los futuros consagrados parece recta. Ellos invocan el «estado de necesidad», que justificaría la «desobediencia material». Al respecto, no tenemos razones objetivas para dudar de su conciencia ni de su recta intención, que es el bien de las almas a las que asisten.
6. Pero se producirá la excomunión «latae sententiae», es decir, automática e inmediatamente, ¿verdad?
— Desde una perspectiva canonística, sí, pero, bajo mi modesto punto de vista, dicha excomunión será nula; creo que hay razones teológicas y iusfilosóficas suficientes para concluir esto, aunque sé que gran parte de los canonistas me lo negarán desde una visión puramente legalista. Sin embargo, pienso que, además de darse como motivo fundamental el «estado de necesidad», la «razón formal» por la cual debería producirse efectivamente dicha pena falla, dado que no hay intención objetiva de cisma formal ni se creará una jurisdicción paralela, repito.
7. ¿Recibió Mons. Lefebvre la pena de excomunión?
— Sí, como seguramente la recibirán estos obispos, pero también su excomunión fue nula, ya que, en el plano sobrenatural del Cuerpo Místico, ese obispo nunca dejó de estar en comunión con la Iglesia.
8. ¿Qué quiere decir con esto?
— La esencia de la comunión es triple, a saber: doctrinal, sacramental y jerárquica. Estimo, pues, que el obispo Lefebvre y, por extensión, la FSSPX, no negaron ninguna de estas tres «dimensiones esenciales» de la comunión eclesial.
9. ¿La FSSPX está en comunión doctrinal?
— Por supuesto, no ha dejado de enseñar lo que la Iglesia ha creído siempre.
10. ¿Pero los lefebvrianos no están siempre poniendo en cuestión los documentos del Concilio Vaticano II?
— No hacen una enmienda a la totalidad, como la gente comúnmente cree, habida cuenta de que, en sus textos, existen elementos que forman parte del «depositum fidei», pero abordan, con espíritu crítico, ciertas cuestiones «delicadas», en las que resulta legítima la discusión teológica.
11. ¿Cómo puede decir esta barbaridad?
— La puedo decir porque la «naturaleza» misma del Concilio me lo permite.
12. ¿Qué quiere decir usted con esto?
— Quiero decir que el Vaticano II fue un concilio de «naturaleza pastoral», no dogmático, y, por lo tanto, no gozó del carisma de la infalibilidad, porque, en ningún momento, se quiso definir o condenar nada de modo infalible; ésta fue la decisión expresa de la mayoría de los padres conciliares. Sin embargo, en la época posconciliar, pese a esta «naturaleza pastoral», algunos pretendieron convertir dicho concilio en «superdogma».
13. ¿Superdogma? Esto es una falta de respeto. ¿Por qué está utilizando la narrativa lefebvriana?
— Estoy empleando, de hecho, las mismísimas palabras de Joseph Ratzinger, quien, en una visita a los obispos de Chile (1988), utilizó estos mismos términos.
14. Por otro lado, ¿es cierto que la FSSPX está en comunión sacramental?
— Sus sacramentos no sólo son válidos, sino que se celebran según los ritos tradicionales que la Iglesia ha empleado desde tiempo inmemorial.
15. Pero resulta evidente que la FSSPX no está en comunión jerárquica, ¿verdad?
— Pese a que, a nivel canónico, su «situación institucional» es irregular e imperfecta, la Fraternidad no deja de reconocer al papa de Roma como supremo pastor de la Iglesia universal. De hecho, también reconoce y respeta la jurisdicción de todos los obispos del orbe católico.
16. ¿Deme una prueba de lo que está diciendo?
— En cada misa de la FSSPX, sin excepción, los sacerdotes nombran, en el «canon missae», al papa y al obispo del lugar.
17. ¿No es éste un argumento muy débil?
— Por Dios que no lo es. La manifestación más formal y pública del reconocimiento jerárquico se da precisamente en la santa misa, concretamente en el canon.
18. ¿Es usted lefebvriano o filolefebvriano?
— Ni una cosa ni otra, señor; yo voy por libre. Simplemente soy católico y, como tal, tengo espíritu crítico, o sea, la buena costumbre de emplear la razón y el juicio de discernimiento.
19. ¿Pero parece que usted está en todo de acuerdo con la FSSPX?
— No, no lo estoy. En ciertas actitudes y cuestiones no estoy de acuerdo, pero éstas, bajo mi punto de vista, son secundarias y accidentales. En lo «esencial», estoy al 100% de acuerdo con la Fraternidad y, por lo tanto, no contribuiré a su injusta y desproporcionada «demonización» pública.
20. ¿Me puede decir qué es lo esencial?
— Lo «esencial» es su «catolicidad». Punto final.
21. ¿Pero no le preocupa el «escoramiento» de los lefebvrianos?
— Me preocupa más la caterva de heterodoxos, blasfemos y sacrílegos que hay por doquier, especialmente en Alemania. También me inquieta la doble vara de medir que parece existir a la hora de aplicar penas y censuras por parte de la autoridad eclesiástica.
22. Entonces, ¿qué solución ve usted al actual problema lefebvriano?
— Primeramente, creo que Roma debería ser benevolente y aceptar formalmente la consagración de estos próximos obispos, al mismo tiempo que debería reconocer los frutos espirituales del apostolado de la FSSPX. Creo que éste sería un verdadero gesto de misericordia y de inteligencia; ambas cosas no son excluyentes.
23. ¿No teme que, por estas opiniones, lo critiquen? No, porque soy sacerdote de la Iglesia católica, no el pastor de una secta, y, por ende, con respeto puedo y debo desplegar, en mi vida de fe, la verdadera libertad de los hijos de Dios.
Dr. Mn. Jaime Mercant Simó
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Imagen ilustrativa: Las cuatro consagraciones episcopales de manos de Mons. Marcel Lefebvre y Mons. Antônio de Castro Mayer (30 de junio de 1988, Écône, Suiza).
Deberían consagrar, en la FSSPX, un obispo cada tres años hasta que Roma abandone el modernismo y el sinodalismo woke.
El «estado de necesidad» existe aunque los de la Sinagoga de la Vendée o el llorica de Santiago Martín digan lo contrario.
Nuevos obispos Chinos, consagrados por mandato del partido comunista Chino (sin permiso del Papa) ¿Estarán excomulgados?
Parece que no, ni una queja pública.
Esta es el ESPANTAJO HUMANO que se ha atrevido a firmar un decreto de excomunión para 700,000 almas católicas. Un pseudo tipejo que NIEGA lo que la Iglesia Católica ha enseñado por 2000 años y reniega de sus enseñanzas. ¿Qué más necesitan para salir de ese estado de catatonia "obediente"?