La comparecencia de Florentino Pérez ante la prensa fue una comparecencia, en realidad, contra la prensa. He leído, muy de mañana, a periodistas que dicen que el rey está desnudo... Pero fue el rey el que se dedicó, con la única ayuda de un micrófono, a desnudar a un oficio que, en los últimos tiempos, se ha convertido en una corrala, en mancebía perversa y desquiciante. Frente al chiringuito de las divas, Florentino expuso, como un tótem, la solidez de un club maltratado por unos medios vendidos, azotado por unos árbitros comprados y vilipendiado por unas instituciones en las que brilla por su ausencia la ausencia de corrupción.
¿Que Florentino está mayor? Por supuesto que está mayor, y en su laboriosa senectud nos ha devuelto el vigor energizante de las certezas y nos ha regalado a todos, y más que nadie a sus críticos, una bocanada de aire fresco procedente de los mejores años de nuestra vida, de aquel siglo XX que solo gracias al Real Madrid se ha alargado hasta bien entrado el XXI. Nada más revolucionario que un hombre repartiendo verdades. Nada más intemporal que la palabra utilizada para devolverle el peso a las palabras y exigir respeto a quienes han hecho su gran negocio de prostituirlas.
Ahí reside la verdadera dimensión histórica de Florentino Pérez: no ya la de un presidente de fútbol, sino la de un constructor de civilización en un mundo que se está derrumbando por el encumbramiento de la mediocridad. Mientras todo alrededor se degrada (la prensa convertida en taberna histérica y las instituciones en cuevas de ladrones) él permanece, hierático como un faraón del Imperio Antiguo, levantando un muro de racionalidad, excelencia y memoria.
Florentino no compareció simplemente para defender al Real Madrid. Su intervención sirvió para defender una idea de jerarquía y rigor que hoy suena particularmente incómoda e incorrecta. Por eso ha irritado tanto. Florentino es la muestra viva (casi rediviva) de que todavía existen hombres capaces de mantenerse rectos en mitad del vendaval y de que todavía existen verdades que vale la pena defender hasta el último aliento.
¡Hala Madrid, cojones!
What we’re seeing on X these past few days is insane.
> They’re trying like maniacs to convince you that Achilles is not a hero or a role model, even though he was the greatest role model in the West for 3,000 years.
> They’re trying to convince you that he had a sexual relationship with his dear brotherly friend Patroclus, even though Homer says nothing of the sort. On the contrary, Homer mentions his relationships with women, states that Achilles has a son, Neoptolemus, and that at Patroclus’ funeral, Achilles and Briseis weep because he didn’t manage to marry them. That’s what Homer writes.
> They’re trying to convince you that he shouldn’t be a role model for men because he was weak and a “cry baby”.
This is being said by uneducated barbarians whose sources are the movie and secondary interpretations.
They want you weak and disillusioned with classical studies.
All these pseudo intellectuals have invaded the academic community of classical studies and archaeology and are trying to completely rewrite the facts in order to repel you.
They want to fully control classical studies the same way they control art.
Because if they control the Classics they will control the civilizational narrative.
Don’t fall victim to their Marxist anti-Greek and anti-Western propaganda.
Achilles was, is, and will always be the role model of a healthy man.
Never forget that Alexander the Great slept with a copy of the Iliad (from Aristotle) under his pillow, along with his dagger. His role model was Achilles, who was also his ancestor on his mother’s side.
Never forget that.
Este argumento que habréis leído en multitud de ocasiones cuando se crítica el rigor de una adaptación de ficción o fantasía es falaz porque confunde los dos planos de lo que se conoce como pacto de ficción. Lo formuló Coleridge ya en 1817 como, cito textualmente, "la suspensión voluntaria de la incredulidad" y lo desarrolló Umberto Eco en Seis paseos por los bosques narrativos.
Hay dos planos que no se pueden mezclar.
El primer plano es el marco del mundo ficcional. El espectador acepta las reglas que el autor establece (dioses, monstruos, magia, profecías, lo que sea). Sin esa aceptación no hay ficción posible.
El segundo plano es la descripción concreta de los personajes y elementos dentro de ese marco. Polifemo tiene un solo ojo, Drácula es transilvano y pálido, Aragorn desciende de Isildur, Helena tiene los rasgos que la tradición le da. Esta es la fidelidad textual y forma parte del pacto tanto como el primer plano.
La trampa del argumento del tipo "es una película de monstruos y dioses, no pidas precisión" mezcla los dos planos a propósito. Que aceptemos a Polifemo no significa que nos dé igual si lo ponen con dos ojos. Que aceptemos a Atenea no significa que nos da igual si la convierten en hombre. El pacto acepta las premisas del mundo, no la libertad arbitraria del adaptador para reescribir la descripción interna del relato.